
Este chico es el Pirri o Fernando Hierro del siglo XXI. Sube, baja, presiona, conduce, asiste, golea, recupera y lidera.
Una apisonadora. El Madrid de Mourinho marcha viento en popa y a toda vela, como se decía cuando éramos críos y nos contaban que algo iba bien en casa. Un equipo dinamizado futbolísticamente y reactivado emocionalmente gracias al técnico de Setúbal, que ha conseguido contagiar un entusiasmo competitivo en su cualificada tropa hasta consumar un lifting que tiene al Bernabéu en estado de felicidad indisimulada. De momento, dos goleadas seguidas en el santuario de la Castellana en apenas cinco días. Cuatro a la Real Sociedad y cuatro al Málaga. Dos buenos rivales que claudicaron ante un equipo que, tal como juega, va a ser aspirante de verdad a TODO lo que se le ponga por delante. Ese compromiso colectivo, sumado al talento descomunal que posee esta plantilla, darán como resultado un cúmulo continuado de victorias, holgadas la mayoría de ellas. Recuerdo la ‘Liga de los Récords’, con 100 puntos y 121 goles. Con la BBC al frente, Xabi Alonso y Khedira dando energía en la medular, y Di María desatado por la banda, aquel Madrid frenó al Barça de Messi y Guardiola y terminó imponiendo sus reales. Pep abandonó el Camp Nou, agotado, al final de ese curso. No digo que Flick vaya a correr la misma suerte, pero les aseguro que esta temporada el Madrid va a dejar de dar caramelitos a los rivales. De momento, tres partidos y solo dos goles encajados. Los cimientos de un grupo campeón empiezan por la zaga. Courtois ya no necesita ponerse la capa de héroe en cada partido. Tiene diez guerreros por delante que asumen que el gigante belga merece una vida más placentera. Hasta Vini baja a defender como nunca le habíamos visto. Algo grande se mueve al norte de la capital... Jude es el ‘boss’. El futbolista que mejor representa esta esperanzadora nueva etapa es Bellingham. El último en regresar de las vacaciones. Y el primero en llegar a todas las ayudas, en romper líneas, en presionar como una fiera herida, en coronarse como el alma de este equipo celestial en la Tierra. Jude es el nuevo boss del Madrid. Ha prolongado su estado imperial del Mundial, donde batió todos los registros históricos de un centrocampista. Jude lleva en la camiseta el ‘5’ de Zidane y lo dignifica con exhibiciones que tienen al Bernabéu entregado a sus pies. No solo por su golazo al Málaga que abrió lata o ese cabezazo que habilitó el segundo estallido de la fiesta. Este chico es el Pirri o Fernando Hierro del siglo XXI. Sube, baja, presiona, conduce, asiste, golea, recupera y lidera. El jugador total. Mou, inteligente, le cambió cerca del final y vi a 70.000 madridistas en pie tributando una ovación de dos orejas y rabo. Y los 5.000 boquerones de las gradas (siempre bien recibidos en un estadio que los quiere y respeta por ese nexo común eterno que tendremos con Juanito) también reconocieron con respeto el descomunal partido del coloso de Stourbridge. Hey Jude! 20 titulares. En un once que prácticamente se repitió ante Espanyol y Real, Mou revolucionó el vestuario con cinco cambios en el once. Dejó fuera a Güler (el mejor de la pretemporada) y a cinco de los seis fichajes (sólo Cucurella salió de inicio). Hasta Camavinga tuvo su oportunidad. Mou no quiere caras de vinagre en su fortaleza. Todos deben sentirse importantes. Si reman todos en la misma dirección, más fácil será llegar primeros a la meta del éxito. Hasta comen ahora todos juntos en Valdebebas. El Málaga del prometedor Funes no debe reprocharse nada. Plantar cara ahora a este Madrid es una empresa casi inalcanzable. Estamos happy. El madridismo se pellizca para ver que esto es real. Tras dos años de amarguras y malos rollos, su equipo le está dando una alegría tras otra. Que dure, amigos. La felicidad es algo muy serio...
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