
Desde que Camavinga dijo que no saldría, club y vestuario le arropan para que recupere el toque y la confianza. “Ha hecho un partidazo”, defiende Mourinho.
Todos para uno. Cercanía, empatía. Apoyo. Todos en el Real Madrid arropan a Camavinga en esta etapa de su carrera deportiva. Irrefutablemente delicada. Tanto, que ha vivido un verano bajo el cenital de un posible traspaso. El club sigue abierto a ello, pero sin darle la espalda. Y desde que ha dejado claro que quiere quedarse, máximo respaldo. Vestuario y cuerpo técnico reman diariamente para que recupere el toque y la confianza. Para que vuelva a ser el jugador que ha demostrado poder ser. Y la imagen ante el Málaga, aunque no llega a zanjar el runrún, sí lo mitiga. Aún hay algunos silbidos en el Bernabéu. Pero de puertas para dentro, se está con él. Y mucho. La defensa de Mourinho, en rueda de prensa, fue de las más acérrimas: “Hoy un chico que no es muy amado... ha hecho un partidazo, Camavinga. Estoy muy contento con la respuesta que ha dado. Veo mucho compromiso”. Aunque poco después dejó uno de esos mensajes que se deben leer entre líneas: “Recuperar la felicidad de los jugadores es una misión difícil, porque no es algo de un mes, sino de una temporada. Y yo les digo siempre que la frustración de quien no juega es una cosa... que está más en las manos de los jugadores, que en las mías”. Traducción: convencer, al final, dependerá de Camavinga. Pero por el camino, encontrará apoyos. Como la titularidad frente al Málaga, disputando los 90′. Fue el tercero del equipo en pases completados (64, por encima de los 50 de Valverde y Huijsen) y el líder en recuperaciones (9). También el tercero que más intervino (83). Todo, para terminar con un 90% de acierto. Una cifra que es de notable. Pero el Real Madrid sólo admite sobresalientes. Aún le falta. De hecho, también protagonizó varios errores que levantaron la mencionada melodía de viento en el Bernabéu. Pero en líneas generales, sanó algo su imagen. Y ya lo dijo Mou: “Un par de pitos no hacen mal a nadie, te ayudan a crecer”. El efecto que puedan tener a corto plazo, como el de su actuación, está por ver. Pero hay unanimidad en el asunto, de puertas para dentro. Como consciencia de que el principal problema de Camavinga era mental. Una pérdida de confianza que era más bien un desplome. Su mal final en la temporada pasada, empeorado por la expulsión en Múnich y el adiós al Mundial, le dejaron muy tocado. Y a partir de ahí, reconstruir. Nunca fue un problema de físico, tampoco de fútbol −a un jugador no se le olvida como controlar un balón de la noche a la mañana−, sino de su cabeza. Aunque la situación, a nivel de mercado, lleva semanas siendo transparente: el club está abierto a traspasarlo, pero Camavinga siempre ha tenido claro que quería quedarse. Luchar y revertir la situación. Su postura, tajante, ha frenado en seco cualquier posible operación. Aunque tampoco ha llegado a recibirse en Chamartín ninguna oferta que ronde la cifra que se planeaba pedir por él: mínimo, 70M€. El contexto invita a pensar que no habrá sorpresas con Camavinga en los últimos días de mercado. Porque él lo tiene claro. Y ante eso, poco se puede hacer. Camavinga trabaja con Mourinho desde el 13 de julio, cuando comenzó la “misión”. La sintonía entre ambos es buena. Y aunque tienen claro que la titularidad es muy difícil, una vez que Valverde es indiscutible y para el otro puesto Tchouameni y Bernardo Silva van a encarecerlo todo mucho, recoge el guante. Es consciente de las dudas que rodean su figura. De la caída que ha vivido su rendimiento. De que ha estado en la lona. Pero quiere levantarse. Y no lo está haciendo solo, ni mucho menos. En Valdebebas, todos para uno. Hay otra misión: salvar al soldado Camavinga.
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