

Cerrar un fichaje en España nada tiene que ver con cómo se hacía hace años. Te presentamos a los 19 hombres que tienen en sus manos la ilusión de cada club
“—¿Qué coche te gusta? —Volkswagen Golf. —Si firmas, mañana tienes uno esperándote en la puerta del Calderón”. Es quimérico pensar que algo parecido a aquel ofrecimiento de hace tres décadas de Jesús Gil a Morientes se haya repetido en alguno de los 140 fichajes veraniegos de Primera. Porque en 2026 los que fichan son otros. Siempre en la encrucijada de presidentes exigentes, entrenadores insaciables y aficionados ávidos de nombres nuevos… agosto lleva al límite los biorritmos del director deportivo de fútbol. De la escuela campechana de los Mendilibar, Pacheta o Camacho, Chema Aragón es el triunfador del mercado. Arquitecto del ascenso, abrazó septiembre tras lograr que Mendes no sacara a Salinas, fichando jugadores del Betis (Pablo García), arrebatándoselos al Celta (Almeida) o sorprendiendo con desconocidos que ya firman tripletes (Zabiri). Un reconocible del fútbol humilde que se hizo un nombre en el Mirandés (antes trabajó en una agencia de representación y fue entrenador) hasta ser ya casi tan querido en El Sardinero como Íñigo Vicente. Igual o todavía más mérito tiene el valiente José Ignacio Navarro. Aceptó el marrón en mitad del ambiente guerracivilista del Sevilla y 26 operaciones después es la revelación de los despachos. El broche de oro de devolver al Betis el golpe de Amrabat con Fofana desató a la magullada afición de Nervión, que se lanzó a golpe de meme para elogiarlo. A los 25 años ya hacía informes de scouting para el Sevilla, adonde regresó tras sus experiencias fuera de casa en Villarreal, Olympiacos y, sí, un par de años en el Betis. Estrellas. El mundo del director deportivo (transformado ahora en rimbombantes nombres como CEO de Fútbol, Director Profesional de fútbol…) también posee su propio star system. Una atalaya en la que están Alemany o Monchi, quienes cuentan con verdaderos prosélitos en el fútbol y en los medios y cuyos orígenes no pueden ser más antagónicos: la empresa y el césped. En Cornellà muchos perjuran que sin el efecto Monchi hoy serían de Hypermotion. Con Mateu están satisfechos en el Manzanares: apenas queda rastro ya de aquellos fichajes de Bucero (Ruggeri, Raspadori, Lenglet…) y pueden escucharle cada semana tras 12 años de initerrumpido silenzio stampa de Andrea Berta. El hueco que dejó en Barcelona Mateu lo ocupó toda una rara avis. En Primera hay 11 exfutbolistas profesionales, pero Deco es el único que de verdad marcó diferencias sobre el verde para el equipo que actualmente le abona el jornal. No firmó Julián, pero los culés le dieron el sobresaliente en su tercer año el día que consiguió el pelotazo de pintar de azulgrana el Balón de Oro del Mundial. Futbolistas. Miguel Ángel Tena (filial), Héctor Rodas y Cobeño también han hecho la doble función en Villarreal, Levante y Rayo Vallecano, respectivamente. El exportero (ojo exquisito para acertar con los entrenadores) ha padecido su verano más duro en casi una década en el cargo tras una larga colección de noes de futbolistas que han rechazado al Rayo por la situación institucional que atraviesa el club con Presa. El bombazo del verano está más cerca si, como Soriano en el Deportivo con Aubameyang, trabajas en condiciones idílicas: club saneado, dinero para refuerzos y confianza del club. Futbolistas también fueron Loren y Marco Garcés (Málaga y Celta, ejemplos de apuestas por la cantera); Toni Muñoz, la zurda mágica del Doblete del Atleti que salvó al Getafe el pasado invierno con los Satriano, Romero… Y mención especial merece la década prodigiosa de Braulio Vázquez y Sergio Fernández en Osasuna y Alavés. Con ellos ascendieron, con ellos siguen coleccionando permanencias ininterrumpidas. El resto llegó a los despachos desde los banquillos (Mikel González del Athletic; Pep Contreras, del Elche y el más joven de todos…), desde agencias de representación como Manu Fajardo (Betis) e, incluso, del periodismo como Erik Bretos, hermano del presentador estrella de la SER, Aimar Bretos. Desolador. Dejando el Real Madrid aparte por razones de sobra conocidas, solo nos queda el caso más descorazonador. La afición del Valencia, en llamas eternamente, pena por su equipo tras una catarata de nefastas decisiones entre las que se encuentra la de Ron Gourlay, veterano escocés con experiencia en la Premier y fichado solo por haber trabajado con Corberán. Como sus predecesores, no entiende LaLiga, no entiende el mercado español y, mucho menos, entiende al Valencia. Para colmo, se maneja en sus comparecencias de manera irrespetuosa con los fieles de Mestalla. Ventana tras ventana, cada fichaje que llega empeora al que sustituye. En un fútbol donde la ilusión es motor, duele mucho ver cómo en la capital del Turia ya únicamente se mueven por el temor de si este será el año temido. La fórmula, después de todo, parece sencilla: español, unos 49 años y pasado en el césped, en un banquillo o haciendo scouting. El éxito no está asegurado. Pero casi. Solo hay que acertar con el scouting, los agentes, los salarios, la cantera, el entrenador, el vestuario, la propiedad y, sobre todo, con la afición.
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