
El precedente de Iniesta y el de otros muchos deportistas de élite ponen en valor la salud mental tanto en la derrota como en la victoria.
Arranca otra temporada. Y con ella regresan, poco a poco, los grandes campeones del mundo. Héroes para todos. Máquinas para muchos. Humanos, curiosamente, para demasiados pocos. A estas horas aún deben estar moralmente por las nubes. Coser la segunda estrella e ingresar 750.000 euros brutos por barba no es para menos. Sin embargo, las experiencias en el deporte en general y el pasado en la Selección en particular nos obligan a poner de nuevo el modo precaución. Los triunfos históricos también vienen con peligros. No tienen por qué consumarse, que conste. Pero es bueno saber que están ahí para prevenirlos. No es casual que la inmensa mayoría de los 26 internacionales de De la Fuente, con Ferran de nuestras vidas a la cabeza, cuidan su mente con asesoría profesional. Andrés Iniesta es el ejemplo más evidente de que, en la vida de un campeón, no todo es de color de rosa. E igual que se cuida lo físico conviene mimar la moral. Después de ganar el Mundial de Sudáfrica se vino abajo, con una lesión anímica tan dolorosa como las musculares, influenciado como él mismo explicó por cierto “vacío” y la repentina muerte de su amigo Jarque. “La gente se piensa que los deportistas somos superhéroes y superheroínas, pero por muy bien que te vayan las cosas todos podemos tener problemas. Esto no se ve porque el deportista no lo cuenta, pero lo lleva encima y muchas veces no tiene con quién compartirlo”, llegó a decir el manchego en repetidas ocasiones. E incluso fue concreto en su caso en varias entrevistas concedidas: “Hubo un día que le dije a mi madre ‘o bajamos a ver al doctor o me voy a morir’. Había perdido todo lo que era yo. No le veía final a la depresión”. El campeón olímpico Abhinav Bindra, entre muchos otros, también habló de esa sensación experimentada al conseguir el oro en Pekín después de haber dedicado gran parte de su vida a ese objetivo. E incluso tras la desgracia del centrocampista sudafricano Jayden Adams después del pasado Mundial también hay quien ha puesto el foco en ciertos problemas psicológicos. La explicación profesional de la aparición de esta desazón en mitad de la serpentina, desde la Psicología, es sencilla: “Cuando llevas años organizando tu vida alrededor de una meta y la consigues, desaparece de golpe algo que daba dirección a muchas de tus decisiones. Puede aparecer una bajada de activación, cierta sensación de vacío o el clásico ‘¿y ahora qué?’, explica Miguel Santolaya, presidente de la Asociación Madrileña de Psicología del Deporte y profesor de la Universidad Autónoma. “Lo importante es no interpretar esa reacción automáticamente como falta de motivación o como un problema psicológico, la clave es el reajuste de objetivos: citando a Barlow, necesitamos ser capaces de cerrar una meta que ya se ha conseguido y, posteriormente, comprometernos con otras que vuelvan a tener significado. No se trata de ganar el Mundial y buscar al día siguiente conseguir otro, sino de dar tiempo para integrar lo conseguido y decidir qué merece la pena perseguir ahora”. Rafael Mateos, doctor en Psicología y uno de los fundadores de TYM Psicología, va más allá: “Un éxito como un Mundial no impacta igual a todos. Cada jugador tiene su propia personalidad, su forma de procesar las cosas y una historia de aprendizaje distinta; y además cada uno ha tenido un papel diferente, lo que también influye en cómo lo vive después. En algún caso sí puede aparecer un agotamiento físico y mental importante normal después de una temporada como la que han tenido. También podría darse cierta desmotivación por haber conquistado el objetivo más ambicioso posible, aunque aquí tengo mis dudas: la realidad es que todos vuelven a sus clubes con retos enormes por delante que van a movilizarles. Yo no vería este éxito sólo como un peligro; para muchos puede suponer algo muy positivo. Ya pasó en 2010: después de ganar, la temporada 2010-2011 fue espectacular para gran parte de aquella Selección —Iniesta, Xavi, Busquets, Villa…—. El éxito bien digerido puede tirar hacia arriba”. Mientras vuelven a la carga, las grandes estrellas de la Roja que ya asoman en LaLiga firmarían repetir aquella concatenación de éxitos. Aunque hayamos visto estos días a Lamine en un yate y a los puntales de la Roja de pregón en pregón, también sufren lo que cualquier trabajador en un periodo vacacional tras picos de máxima exigencia. La ansiedad es para todos los mortales, como respuesta de anticipación ante situaciones que percibimos como inciertas, amenazantes o difíciles de controlar en plena ruptura de la rutina. “La ansiedad, en sí misma, no es necesariamente negativa: prepara al organismo para responder”, recuerda Santolaya. Y añade. “Desde una perspectiva funcional, durante la temporada el deportista está rodeado de contingencias muy claras: entrenamientos, horarios, viajes, partidos, recuperación, objetivos inmediatos. Gran parte de su conducta está continuamente orientada hacia esas demandas. Cuando todo eso desaparece de repente, también desaparece una estructura que durante meses ha organizado qué hacer y a qué prestar atención”. Igual por eso más de un profesional prefiere reincorporarse a la tarea antes de tiempo. “Muchas veces no es que la ansiedad nazca en vacaciones, sino que al reducirse esas demandas disponemos de más oportunidades para atender a sensaciones, pensamientos o preocupaciones que antes quedaban en segundo plano. El descanso también necesita aprendizaje: parar físicamente no significa necesariamente saber desconectar psicológicamente”. Y entonces, ¿cómo se puede prevenir ese bajón? Santolaya sorprende: “Paradójicamente, una de las claves es no tener demasiada prisa por llenar ese vacío. Después de años persiguiendo una meta extraordinaria, tiene sentido dejar un periodo sin otro gran objetivo inmediatamente encima: descansar, celebrar, recuperar relaciones, actividades y espacios que quizá quedaron relegados y volver a descubrir qué cosas siguen teniendo valor cuando ya no existe una medalla que perseguir. El error sería utilizar rápidamente el siguiente objetivo para evitar sentir el vacío del anterior. Cerrar bien una meta también forma parte del rendimiento. El nuevo reto debería aparecer porque vuelve a tener valor, no simplemente porque necesita volver a estar ocupado”. Mateos añade: “La experiencia de otros son las suyas, y no se pueden extrapolar sin más. Por eso siempre insistimos en que hay que evaluar cada caso antes de intervenir o de prevenir: no existen las recetas únicas. Dicho esto, sí hay conceptos que conviene tener en el radar —la fatiga mental, y llegado el caso el burnout— y sobre los que intervenir de acuerdo con los protocolos que nos marca la evidencia científica”. Santolaya trabaja estos aspectos a diario con deportistas de élite: “Ahora, lo primero que tocaría trabajar con los campeones es ayudarles a disfrutar, integrarse y proteger lo conseguido. No convertir inmediatamente el Mundial en el punto de partida de otra obligación. Después trabajaría especialmente la identidad. El deportista necesita poder asumir que ahora es campeón sin que “ser campeón” pase a convertirse en todo lo que es. Las revisiones sobre este asunto [Chun et al., 2023] muestran que una identidad excesivamente concentrada en el rol de deportista puede aumentar la vulnerabilidad cuando aparecen grandes transiciones o cambios en la carrera. Y prepararía también la presión que viene después, porque ganar no elimina la presión: la transforma. Puede aparecer la necesidad de demostrar que no fue casualidad, defender un título, regresar a su club convertido en campeón, asumir un nuevo protagonismo, mayor exposición o sentir que ahora todo el mundo espera que siempre rinda como un campeón mundial”. “Aquí es especialmente importante que el trabajo psicológico sea continuado y preventivo, no algo a lo que se recurre únicamente cuando aparece un problema. Porque llegar a ser campeón es un logro; aprender a convivir con todo lo que viene después también forma parte del rendimiento. No se trata solo de preparar al deportista para ganar, sino también de ayudarle a adaptarse cuando, después de ganar, cambian de golpe sus objetivos, sus rutinas y las presiones que le rodean”, reconoce Santolaya. Mateos confía, en líneas generales, en la profesionalidad de los deportistas para no errar a la hora de tener todas estas recomendaciones en cuenta. “Suelen mantenerse con los pies en el suelo y tienden a generar nuevos objetivos que les mantienen motivados. El error que sí me preocuparía un poco más es no descansar lo suficiente después de una temporada tan cargada, con partidos muy exigentes y culminada además con un gran torneo. Una vuelta precipitada y muy intensa puede aumentar la probabilidad de lesión, y ahí los clubes tienen también una gran responsabilidad”. Ahí aparece en juego la dictadura del calendario… De ahí que los deportistas de élite se preparen ahora como nunca y aprendan del proceso. Palabra de Iniesta tras trabajar con la prestigiosa psicóloga Inma Puig: “Ahora sé lo que me hace bien o lo que me hace menos bien. Vivir aquella situación y superarla me ha hecho mucho mejor”, ha aireado orgulloso a los cuatro vientos en mil intervenciones. Y convendría darle las gracias por ello. Compartir su testimonio fue fundamental para que muchas figuras, como ahora Ferran, no sólo quisieran marcar el gol histórico que marque sus carreras, sino que también olvidaran los tabús para, públicamente, ponerse a salvo. El Mundial se juega cada cuatro años, pero la exigencia de ser una superestrella (que cantaría Aitana) es diaria.
MU
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