

El director deportivo del Barça cree más en la intuición y en los intangibles del fútbol que en el Big Data y ha creado un equipo discreto a su imagen.
Anderson Luis de Souza (27-8-1977) era Decuzinho en el núcleo familiar. Su tío, sin embargo, lo acortó: “Deco”. Y así se quedó para siempre. Aunque se había incorporado a trabajar en el Barça como “especialista en Brasil”, en cuanto Laporta, el presidente que lo fichó como futbolista, regresó a la presidencia en 2021 su destino estaba cantado. Accedió oficialmente al cargo de director deportivo en agosto de 2023. “Ha entrado con poderes”, dijeron en las oficinas del club pocas semanas después. Ya se lo había advertido a Laporta. Si en algún momento quería que fuera el líder de la comisión deportiva, Mateu Alemany no tenía sitio. Así que por la puerta que salió Alemany, desposeído de poderes después de una mala gestión del caso Dembélé y sus flirteos con el Aston Villa, entró el ‘brasileño-portugués’. Deco ha recuperado ciertos tics del director deportivo de siempre. Un hombre de fútbol alejado de la lluvia de datos del Big Data, que sólo utiliza para reforzar convicciones, no para ir contra lo que le dicen la intuición, el césped y el vestuario: los intangibles. Profundo conocedor de los vestuarios, una de sus obsesiones ha sido construir uno indestructible (desde que llegó, ha renovado a toda la columna vertebral: Koundé, Cubarsí, Gerard Martín, De Jong, Balde, Pedri, Gavi, Raphinha, Fermín, Bernal, Lamine...). Lo futbolístico es importante; y ahí encontró a Flick, que se inventó un Barça eléctrico y moderno. Pero el aspecto humano también tiene un peso definitivo. De ahí, por ejemplo, la continuidad de Szczesny en la plantilla. El polaco fue un fichaje improvisado después de la lesión de Ter Stegen. Funcionó en el curso 2024-25. Luego, que siga ha tenido que ver mucho con su condición de pegamento del vestuario. Controlar los egos, acompañar la explosión de Lamine. La juventud es el gran tesoro del Barça, pero Deco siempre ha sabido ponerle el contrapunto perfecto. Eso es lo que ha encontrado también en Eric, Raphinha o Rodri. Jugadores de talento futbolístico..., y humano. Deco también está alejado de la figura de director deportivo de ‘máster’ encerrado con el Excel en un despacho. Su única experiencia en el cargo había sido en la federación de Gabón. Su modus operandi tiene más que ver con su olfato y la gran cantidad de contactos que pudo amasar durante una larga carrera en la que, paradójicamente, José Mourinho tuvo una gran relevancia. Aunque ahora ya no tienen un contacto tan estrecho, estuvieron muy cercanos durante años. Futbolista retirado en 2013, empezó a trabajar con Jorge Mendes y fundó su propia empresa de representación, D20 Sports, desde donde modeló, por cierto, a Raphinha. Ha convertido a un fichaje que algunos consideraron interesado (se hizo cuando ya colaboraba con el club) en el gran líder del equipo. Muy pegado a Bojan, a quien tiene como poli bueno para estar cerca de los jóvenes, en el verano de 2025 incorporó a João Pedro Amaral como director de scouting. Paulatinamente, Deco ha ido parcelando con claridad el trabajo. Las grandes operaciones, las quirúrgicas, corren de su parte: Vitor Roque, una apuesta que costó 30 millones de euros, no salió bien. Pero reaccionó rápido. Lo mandó de vuelta al Palmeiras casi al mismo precio. En el verano de 2024, gastó 61 millones de euros en Dani Olmo. Un éxito. En julio de 2025 se superó: consiguió, después de un excelente proceso de seducción, que Joan García fuese el primer jugador en 30 años que cruzaba la Diagonal. Sólo 26 millones. De Deco se minusvaloraron sus conocimientos en fair play financiero, pero sabe contar. En sus tres primeros años, el balance económico fue escandalosamente positivo. Números verdes por más de 100 millones de euros. Esta temporada ha cambiado el juego. Consciente de que el Barça ha regresado a la regla 1:1, pero que es más que posible que el curso que viene vuelvan las restricciones por un posible retorno a Montjüic, ha sacado el maletín: Gordon (80), Rodri (60), Adeyemi (22), Gabriel Jesus (10), Bisiwu (8,5), Livakovic (2) y Hamza (1,5). Eso sí, también ha ingresado: Ferran (48,5), Ansu (11), Tommy Marqués (11), Fort (8,50) e Iñaki Peña (3). Pero volvamos a João Amaral. Si Deco es el encargado de las operaciones estructurales, Amaral ha liderado las que se consideran planes de futuro. Ahí, el Barça también ha cambiado el paradigma. En los últimos días de mercado ha incorporado a Mikael Baza y Mirza Catovic. Dentro de los cambios en el proyecto, el filial, que antes estaba monitorizado por los responsables de la cantera, con los Alexanco a la cabeza, ha pasado a control de Amaral. El movimiento tiene que ver con la nueva política de Deco, empeñado en cazar talento joven y hacer inversiones preventivas. Hamza y Bisiwu son las principales esta temporada. El plan de La Masia también se ha matizado. La cantera, véase Xavi Espart, sigue siendo una prioridad absoluta para el primer equipo. Pero se ha perdido el miedo a dejar salir jugadores. Casos como Marqués o Fort, a los que se vende pero sobre los que se mantiene cierto control, así lo atestiguan. Señalado en sus primeros días por los opositores a Laporta (Víctor Font le acusó directamente de mentir en la incorporación de Vitor Roque), que hicieron de menos su nombramiento y lo asociaron por su amistad con el presidente y Alejandro Echevarría (quien también le llevó a la Federación de Gabón), Deco se ha hecho respetar. Serio, capaz de decir las cosas a la cara, igual que cuando era jugador profesional, ha vinculado su continuidad en el Barça a la presidencia de Laporta, así que ya sabe que su proyecto tiene fecha de caducidad: máximo, llegará hasta 2031. Para entonces, tendrá 54 años. Dicen que, si se marcha Flick, Cesc es un entrenador que le encanta. Con un amplio entorno familiar, intenta escapar cuando puede a Brasil. No tiene un gran apego al cargo. Lo está disfrutando porque se ha cumplido lo que pidió cuando llegó: poder, gente de confianza y discreción en las operaciones. Capaz de mantener una óptima relación con los periodistas por ser un gran conversador y disfrutar con charlas futboleras, ha sabido, sin embargo, proteger sus espacios. No suele estresarse porque tiene autoestima. En pocas palabras, Deco, uno de los nombres del verano, se ha creado una marca.
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