
Se lo dijo él a Manu Carreño en El Larguero: “Todos el mundo sabe que el Madrid es el mejor club de la historia y el más laureado”.
Conste que un servidor, como miles de madridistas, estaba muy ilusionado con el posible fichaje de Rodri. Uno de nuestros héroes de las dos estrellas, MVP del Mundial. Era la guinda del pastel para una plantilla de ensueño a las órdenes de Mou. Pero tras la frustración inicial fui analizando lo ocurrido y relativicé mi dolor. El Madrid, aunque este martes Rodri haya dicho otra cosa para quedar bien con la ‘gent blaugrana’, habló primero con el Madrid y dio el ok a las condiciones económicas (15 millones netos al año durante cuatro temporadas). Un contratazo acorde con su enorme calidad. Pero resulta que habló con Guardiola (tiene mucho ascendente con él de sus tiempos en el City), con Laporta, con Flick, con Deco… Y decidió renunciar al Paraíso del fútbol. Ojo, no lo digo yo, se lo dijo él a Manu Carreño en El Larguero: “Todos el mundo sabe que el Madrid es el mejor club de la historia y el más laureado”. Por eso no me duele su renuncia al equipo que él reconoce ser “el mejor”. Prefiere el Barça, un club con menos presión y que ya se ha acostumbrado a acumular fracasos en la Champions (11 años sin oler la Orejona…), mientras que en el Madrid sabe que un simple empate en Liga genera una crisis profunda. Esa exigencia casi fanática hace que el Madrid tenga 15 Champions y que sea el club más querido y envidiado. Sé que algunos de los amigos de Rodri de su época en el Atleti, amigos míos también, le calentaron con aquello de que un rojiblanco no puede defender la causa vikinga. Respetemos la decisión de Rodri de jugar en un escalafón inferior. Mientras que en la temporada 2027-28 esté jugando en el destierro de Montjuïc, el Bernabéu lucirá ya en su esplendor con esa fisonomía que lo convierte en un icono arquitectónico y objeto de culto para los turistas de todo el mundo que invaden sus taquillas para visitarlo. Rodri siempre será nuestro ‘16’ de oro en nuestra España del alma y siempre le querremos. Yo me he comprado este verano su camiseta con las dos estrellas y la luciré cuando ganemos con él la próxima Eurocopa. Pero a nivel de club hay que asumir que ha preferido la opción más fácil. Un entorno que le hará la ola por haber dicho no al Real Madrid, el enemigo íntimo del barcelonismo. Pero que le pregunte al gran Ferran Torres por qué se ha ido a París, cansado de no sentirse valorado en el Camp Nou por no ser, entre otras cosas, producto de La Masia. Rodri es un jugador descomunal, pero ha dejado escapar la oportunidad de su vida. Todos los grandes deben jugar al menos una vez en su vida en el Real Madrid. Ya es tarde. El tren blanco no volverá a pasar por delante de su cotizada puerta. Pero siempre le querremos. Es nuestro Rodri, héroe de España y de las dos estrellas. Seguro que en Barcelona lo adorarán orgullosos de sus conquistas con La Roja.
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