
Calatrava vivirá su primer Espanyol-Madrid tras su debut en Primera. Con 20 años, jugaba en quinta categoría, estudiaba Ingeniería y trabajaba de madrugada.
Hace solo seis años, teniendo ya 20, se las ingeniaba Álex Calatrava (Barcelona, 22-06-2000) para estudiar una carrera, trabajar de madrugada en un Primark e ir a jugar a veces sin dormir con el Parets, en Primera Catalana, el equivalente a la quinta categoría del fútbol español. Y, aun así, marcaba goles. Y le quiso ya entonces Manolo González, con el que han ido “creciendo a la par” desde el fútbol de barro hasta la elite. Aquel chaval, Cala para los amigos, que dejó el barcelonés barrio de Horta para enrolarse en el filial del Atlético, al que Simeone convocó para un partido de la Champions en Roma, es un adulto, un feliz debutante en Primera al que le faltan entradas para contentar a todas sus allegados, en su vuelta a casa, y en la antesala de su primer Espanyol-Real Madrid. “No puedo decir que vamos a ganar 2-0, porque no quiero gafarlo”, avisa, con sorna. Viene de debutar en Primera, con el Espanyol, en el RCDE Stadium, con un ambientazo para ser mediados de agosto y un 3-0… ¿Cómo se sintió en esa primera vez? Yo creo que es la mejor manera de poder debutar, de darle esa alegría también a la afición, que es una bonita forma de empezar el año. Quedan muchos partidos, pero con ese ambiente, estoy ilusionado, contento, tuve todo lo bueno que se pueda decir de un debut en Primera. Y ahora, a seguir. A seguir… contra el Real Madrid. Es otro sueño más. Sigo en ese momento de seguir evolucionando, de seguir quemando etapas o momentos, y ahora toca disfrutarlo contra el Madrid, y ver si podemos ganar. ¿Cuántos familiares y amigos le están pidiendo entradas? Está viniendo mucha gente, y más que querría venir, pero llega un punto que es complicado. No da para más. Siempre me están apoyando, sea en el estadio o desde casa, y lo bueno es que ahora los tengo cerca y, aunque no vengan al partido, los puedo ver al día siguiente. Eso también es guay. Antes del Espanyol, ¿había tenido alguna otra oferta para jugar en Primera? Sé que hubo algún interés, pero que estuviera sobre la mesa y que vinieran a pagar mi cláusula ha sido este año, el Espanyol. ¿Contribuyó el hecho de poder volver a casa a que se decantara por el Espanyol? No, fue un poco de todo: el proyecto, que Monchi, Manolo y el club me dieran esa confianza. Si el Espanyol hubiese estado más lejos, seguramente también hubiera ido. ¿Cuál es el proyecto que le ofrecieron? Un proyecto ambicioso, que está creciendo, intentando darle el empuje a un histórico como el Espanyol para asentarse en Primera y, por qué no, para aspirar a cosas más bonitas, como llegar a Europa. ¿Cómo es su relación con Manolo González? ¿Le aprieta mucho? Cada vez voy entendiendo mejor lo que me pide Manolo y lo que necesita el equipo. Estoy en el proceso de acabar de situarme. Cada vez estoy seguro de que me va a llegar el momento de acabar de asentarme en el equipo. Si me tiene que apretar, es bueno, forma parte del fútbol. Poco a poco me irán saliendo las cosas. Usted ha sido un viejo objeto de deseo de Manolo: esta temporada, la pasada, e incluso cuando él entrenaba al Badalona, ¿no? Sí, tuvimos alguna reunión, aunque al final me fui al Costa Brava, que estaba una categoría por encima, pero el interés existió. Y mira, hemos ido creciendo a la par y al final los caminos se han encontrado. ¿Se parecía acaso Manolo a Oriol Alsina, que lo entrenó en el Costa Brava? Cada entrenador es un mundo. Tienen cosas de intensidad a lo mejor similares, pero pocos he visto parecidos. ¿Qué es lo que hace distinto a Manolo? Creo que tiene las ideas muy claras, sabe de dónde viene e intenta inculcar ese espíritu competitivo que le representa. Eso hace que los jugadores estén comprometidos al cien por cien. ¿El entrenador que cambió su trayectoria fue Miquel Muñoz, que lo rescató para el Parets, en Primera Catalana, cuando había acabado su etapa juvenil en el Sant Andreu? Sí, en mi primer año de amateur. Me dio la oportunidad y aprendí mucho, mucho. Me introdujo en ese fútbol, me vino bien, me dio confianza, jugué y estuve muy a gusto. Había gente muy top. Todos los pasitos que he ido dando me han venido de maravilla. Para lo que es habitual, ha aterrizado tarde en la elite. ¿En qué momento se empieza a creer que puede triunfar en el fútbol profesional? Yo creo que es el momento en que llego al Castellón. Allí empiezo a creérmelo, a saber que puedo, porque ya era Segunda, el fútbol profesional. En el Atlético de Madrid, al final, estaba jugando en un filial, y ahí te pueden pasar muchas cosas. Me vino muy bien todo el contexto que había en Castellón para dar ese paso y ayudarme a llegar a donde estoy ahora. Y eso que en el Atlético llegó a ir convocado por Diego Simeone para la Champions, en Roma ante la Lazio… Sí, pero eso es más vivir una experiencia espectacular que sentirte profesional. Otra cosa es que hubiese jugado, o hubiese estado en dinámica del primer equipo. Haber estado en el Atlético de Madrid, ¿le añade aún más ganas a jugar contra el Madrid? (Ríe) No, las mismas, tengo muchísimas ganas. Es un partidazo. ¿Cuando jugaba en el Parets, hace seis años, hubiera soñado con enfrentarse a Mbappé? Como mucho jugaba con él en la Play y ahora voy a jugar contra él. Sé del nivel, de la calidad que tienen, pero hay que tratarlo con naturalidad, es un rival, un equipo más. Al final es fútbol y puede pasar cualquier cosa. ¿Le pediría la camiseta a algún jugador del Madrid? La verdad es que no lo he pensado, pero me gustaría algún jugador así que haya salido como yo… Mire, Cucurella me gustaría, sí. Nunca he tenido ídolos, a pesar de que siempre he visto mucho fútbol. Donde más me he proyectado, porque están cumpliendo un sueño al que a mí me gustaría llegar, es en los jugadores de la Selección española. Usted ha sido un currante del fútbol en su máxima acepción. ¿Cómo era lo de compaginar el Parets con los estudios de ingeniería y un trabajo de madrugada, en un Primark? Uff, es algo que me ha ayudado a llegar hasta aquí y a aprender a valorar las cosas. Una parte del proceso que ya he vivido. No es que piense que soy nadie por haber trabajado y estudiado, simplemente era el momento de hacerlo y ya está. ¿Pero cuándo dormía? Había algún día que se me complicaba. Me ha llegado a pasar que me levantaba pronto para ir a trabajar de madrugada (su turno empezaba a las cuatro) y de ahí, directo al partido. Recuerdo un partido contra el Mollet, y metí un gol. Habría que proponérselo a Manolo. ¡No! (Ríe) Ahora ya no da para eso, debo descansar bien, dormir bien y cuidarme mucho, o no llego. En realidad, en esa época también se cuidaba, porque con esos horarios poco podría salir de fiesta con los amigos. Pues también. Me cuidaba obligado. A lo mejor llega ese momento, no tengo tantas obligaciones, y vete a saber con la fiesta… ¿Esa etapa le sirvió para madurar más rápido? Sí, quizá sí. Y creo que acabé de madurar cuando me fui de casa, al Atlético de Madrid. Eso me ayudó mucho a crecer como persona y como futbolista. Y ahora, con todo ese bagaje, ¿qué puede aportar Calatrava a este Espanyol? Creo que, aparte del trabajo, que he entrado en un momento de mi carrera en que puedo ayudar al equipo defensivamente, se trata sobre todo de ofensivamente ser determinante, encontrar espacios entre líneas, aportar goles y asistencias, y ayudar a que el equipo pueda jugar mejor y con más fuerza ofensiva. Creo que ahí puedo ser más determinante. ¿En qué posición se siente más cómodo? Aunque parta por banda, dentro de la libertad del juego me puedo meter por dentro. El curso pasado jugué más por dentro, pero todo es adaptarse a la idea del míster, porque el rol puede ser diferente en cada partido. En esa zona intermedia, cerquita del área por el centro, estoy cómodo. El famoso cuadrado de Manolo. Sí, los famosos cuadrados. ¿Se atreve a una porra para el Espanyol-Real Madrid? No me voy a mojar, a ver si lo voy a gafar, porque si no diría que ganamos. No puedo decir que vamos a ganar 2-0, porque no quiero gafarlo. (Ríe)
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