
Mourinho se entrega a Bellingham: “Es impresionante, tiene muchos talentos”. Y Jude responde: ha participado en la mitad de los goles blancos.
En su retorno al Real Madrid, José Mourinho tenía unas cuantas tareas encima de la mesa. La primera y primordial la tiene clara, como el resto del planeta: volver a ganar. A ganar partidos y a ganar títulos. No hay otro termómetro para el éxito en el club blanco. Pero ese es el gran objetivo general, y para llegar a él antes deberá alcanzar otros hitos más concretos y específicos. Y uno de ellos era encontrar la mejor versión de Jude Bellingham, esa que mostró en su primera temporada de blanco (23 goles y 13 asistencias, doblete Liga-Champions y tercer clasificado en el Balón de Oro) y que no ha aparecido de forma fluida en los dos cursos siguientes: entre ambas campañas hizo esos 23 tantos de su primer curso y 20 asistencias, sólo cinco más que en su debut. Números propios de un estancamiento que se apreciaba también en el juego e incluso, en la grada, pues un sector del madridismo le identificó como uno de los conflictivos que se terminó llevando por delante a Xabi Alonso del banquillo. Sea como fuere, todo eso es, como dicen los compatriotas de Bellingham, “water under the bridge” (“Agua bajo el puente”, en español). Con Mou, Jude ha hecho borrón y cuenta nueva, impulsado por su estupendo Mundial (siete goles y una asistencia para colocar a Inglaterra en el tercer puesto) y con una responsabilidad mayor en el sistema del técnico, que ya dejó claro que por mucho que sea un centrocampista, para él es ante todo un peligro para el rival: “Tiene gol, tiene que jugar cerca del área. Es un 10, puede jugar de 6 o de 8, pero tan atrás perdemos su cercanía al gol”. Y los dos partidos oficiales del curso hasta el momento dan la razón al de Setúbal: lleva un gol y dos asistencias, ha participado en tres de los seis tantos que ha anotado el Real Madrid. Por eso, pese a que su preparación aún es corta (se incorporó el 12 de agosto a la pretemporada), es inimaginable un Madrid en el que él nor forme como 10 en el 4-2-3-1 blanco. Y lo hará tras los enésimos elogios de su entrenador, ayer en rueda de prensa: “Es único y súper importante para el equipo. Tiene talentos diferentes: físico, mental, táctico, recuperación, capacidad goleadora, juego por arriba... Es impresionante”. Sería inviable no imaginarle en el once de esta tarde ante el Málaga, un equipo inicial con una única sorpresa prevista: la entrada de Cucurella en el lateral izquierdo. Diomande tendrá que seguir esperando. Enfrente, un sorprendente Málaga hecho a base de canteranos y unos pocos retoques y guiado por el aún más sorprendente Funes, un profesor de instituto que andaba buscando destino mientras entrenaba al Malagueño cuando el curso pasado le cayó en noviembre la tarea de hacerse cargo del primer equipo, con la permanencia como objetivo. Ganó 17 partidos de 29 para alcanzar el play-off y ahí superó a Las Palmas y Almería para volver a Primera ocho años después. Todo con un estilo joven y desenfadado que mantiene en la máxima categoría: compitió bien en el Metropolitano y ante el Depor sacó su primer punto.
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