

Un gol de Parrott tumba al Madrid en una noche aciaga del francés, que falló muchas oportunidades y un penalti.
Se acabó el pleno del Madrid. Sucedió en una noche calurosa en Sevilla que también fue negra para Mbappé. Hacía tiempo que no sufría desvanecimientos así al pisar el área. Le sobraron oportunidades y le faltó puntería. Culminó el desastre al fallar un penalti en el descuento. No fue la única figura que se perdió en el Madrid. Fue intrascendente Bellingham y un fantasma Vinicius, desactivado por Bellerín. El Betis capeó varios temporales y supo aparecer a tiempo para marcar en una jugada a balón parado, su cruz ante el Levante. Andaba La Cartuja en guardia al cuadrado. Primero, por la goleada que recibió el Betis en el Ciutat de Valencia; segundo, por un cierre de mercado insatisfactorio, pese a la llegada sobre la bocina de Ceballos, centrocampista pródigo y que ni siquiera entró en la convocatoria. A la afición le parece que un curso en Champions merecía más muletazos que cinco fichajes, de los que solo dos fueron titulares ante el Madrid. Sin embargo, Pellegrini mantuvo la ruta: solo cambió un defensa (Llorente por Bartra) de los que sufrieron el oprobio ante el Levante y le hizo hueco a Isco a costa de Riquelme, por otro lado pichichi en lo que va de curso, aceptando una cierta asimetría a cambio de sembrar duendes. Le faltó uno, Abde, maltratador de cinturas, baja por un proceso viral. Más sorprendió Mourinho al mantener a Camavinga como pareja de Valverde. El resto sonó a retorno a la normalidad: Dumfries por Trent, Konaté por Rüdiger y Arda Güler por Brahim. Juntar al turco junto a Bellingham era reunir de nuevo un ejército de ocupación. Hasta nuevo aviso, Mourinho mueve piezas pero mantiene a sus tres monumentos, el inglés, Mbappé y Vinicius, en todas las funciones. Entiende que nada se les acerca en la plantilla y que la Liga apunta al ritmo de los cien puntos. Le parecen, pues, imprescindibles siempre, pero es que además restarles minutos tiene un efecto contaminante. En la Cartuja fueron tenores afónicos. De salida, el Betis se aplicó en la presión. La que les faltó a los balones. Tres se cambiaron en los primeros cinco minutos. Esa maniobra de acoso, más táctica que fogosa, ralentizó mucho la puesta en escena del Madrid, que no aceptaba el riesgo. Al fin y al cabo estaba ante un rival al que no había ganado en Sevilla en sus últimas cuatro visitas y que quién sabe si se lo encontrará en la Champions. No insistió demasiado el equipo de Pellegrini y el Madrid, que también se iba a por el Betis en el amanecer de la jugada, se fue apropiando del partido. Pudo hacerlo incluso en el marcador dos veces, con el mismo inductor, Arda Güler, un futbolista que definitivamente ha dado el estirón. Su primer envío lo remató a quemarropa Huijsen, que se encontró un manotazo relámpago de Valles. El segundo lo mandó al palo Vinicius: no había ya portero ni tampoco ángulo. Replicaron Antony, con un disparo que adivinó Courtois, y Cucho Hernández, tras malabarismo previo del brasileño, pero el Madrid jugaba realmente bien, con prontitud en los desplazamientos, buenos desmarques de ruptura y frecuentes incursiones de Dumfries, lateral de banda ancha. Aquel subidón del Madrid se vio aminorado con la entrada en el partido de Isco, capaz de movilizar un equipo desde el toque, en largo y en corto. Al arreón se apuntó también Antony, extremo de artesanía que le dio mucho trabajo a Cucurella. El Betis equilibró el choque y minimizó mucho a Bellingham, que llegó levitando a La Cartuja, y a Vinicius, que parece haber perdido gran parte de su encanto. La intriga con él se alarga demasiado. Tampoco Mbappé, siempre solución final, tenía demasiada participación. Se le escapó por dos veces un gol claro a puerta semivacía: estrelló un primer remate en Natan y un segundo en Bartra, centrales de efecto barrera. Esas cosas le pasan pocas veces al francés. Luego Valles salvó dos cabezazos, de Bellingham y Huijsen, en el enésimo regalo de Arda Güler. Lo cierto es que el equipo de Pellegrini, que había tenido que meter a Bartra porque Llorente sufrió una más que posible fractura nasal, llegó al descanso suplicando la hora y reprochándose sus desatenciones en las jugadas a balón parado. La segunda mitad arrancó con lío. Hernández Hernández perdonó la segunda amarilla a Güler. Quizá pasó por su cabeza que la primera fue excesivamente rigurosa. Error sobre error. La polémica inauguró un partido más abierto, de menos control, especialmente desde la salida de Isco, que se quedó sin combustible a la hora de juego. Fornals se puso al timón. Con el partido encallado, Mourinho buscó el primer volantazo, con un cambio por línea: Trent, Bernardo Silva y Diomande, superfichaje servido en pequeñas dosis e invisible desde su llegada. Las ocasiones eran, para entonces, menos claras y menos abundantes que en la primera parte. La más potable, de nuevo de Mbappé, en una salida excelente de Huijsen. que se parece ya extraordinariamente al jugador por el que echó el resto el Madrid la temporada pasada. El francés se traspapeló en el control y culminó con un rematito que salvó Valles. Pellegrini ya había tirado, para entonces, de Parrott, el irlandés que el curso pasado hizo 31 goles en el AZ holandés. Cucho, el sustituido, no había preocupado demasiado a los centrales del Madrid. Resultó. Parrott fue el más puntual en el rechace de Courtois a remate casi mortal de Nata y le dio los tres puntos al Betis. Mourinho tiró de Espí, el clavo ardiendo, que cumplió. Marcó en una soberbia acrobacia, invalidada por fuera de juego previo. En el último giro de guion, Natan le hizo un penalti a Vinicius. Lo lanzó mal Mbappé y lo detuvo Valles (quedan dudas de si Bartra, que dificultó un segundo remate del francés, entró en el área antes del golpeo), que luego salvó un cabezazo de Espí. Todo en un descuento de locura en el que el Madrid se vio abandonado por su mayor activo; Mbappé.
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