

El cuerpo técnico del Valencia asume por sentido común que tiene tres partido para cambiar la dinámica en la que está el equipo, aunque no hay un ultimátum.
Carlos Corberán no mira más allá de Sevilla, Alavés y Real Sociedad. En esos tres partidos se juega el técnico sus últimos coletazos de credibilidad. Nadie del club le ha transmitido ningún ultimátum. No hace falta. Él y su cuerpo técnico son conscientes que el puntaje en esos tres encuentros (dos a domicilio, el último en Mestalla) debe compensar los puntos que se han perdido en las cuatro primeras jornadas. El Valencia ha firmado uno de sus peores inicios de temporada de su historia y el crédito de Corberán ya estaba en mínimos. Kiat Lim se marchó de Valencia tras el partido contra el Barcelona como si nada pasara ni nada de lo vivido en Mestalla le hubiera preocupado lo más mínimo. El presidente mantuvo su agenda y tal como llegó por la mañana se fue por la noche. Lo único que hizo Kiat Lim durante su estancia en la ciudad fue dar una arenga de azucarillo en el hotel de concentración (“Luchad como guerreros”, desveló El Partit de la Una de À Punt que les dijo el hijo del dueño a los jugadores). El día después, según ha podido saber AS, Ron Gourlay ni tan siquiera se ha dejado ver por el vestuario a pesar de estar en su despacho de la Ciudad Deportiva. En Paterna no hubo misa ni gabinete de crisis, como si se tuviera asimilado que lo que pasó contra el Barcelona estuviera dentro de lo común. Y más viendo los últimos precedentes: 24 goles encajados en los últimos cinco enfrentamientos contra los culés. Pero la derrota cosechada el domingo es la más abultada de la historia del Valencia en Mestalla en Liga (hasta la fecha lo eran sendos 1-5 contra el Athletic y el Real Madrid, éste último en 2008). Ron Gourlay volvió a dejar claro el pasado jueves en rueda de prensa que Carlos Corberán cuenta con todo su respaldo, aunque respondió con tibieza a una pregunta directa sobre si podía asegurar que el técnico de Cheste acabaría (al menos) la presente temporada: “El entrenador tiene todo el apoyo del club, del propietario y el mío. Forma parte de la decisión estratégica de este proyecto y los fundamentos de esta política dar confianza y estabilidad. Ha sido un inicio complicado, pero estamos convencidos que vamos a revertir la situación”. Respaldo todo, aunque de su boca no salió un “sí” rotundo. Y ahí aparece el clavo ardiendo de Corberán, los tres partidos que se les presentan a partir del viernes para, como decía Gourlay, “revertir la situación”. Dicho en palabras del propio técnico: “Estamos tocados, pero no hundidos”. La primera parada será en Sevilla, donde les espera el conjunto de Luis García Plaza y donde el Valencia en los pésimos últimos años ha vivido curiosamente días buenos (dos victorias y dos empates). Este Valencia es tan impredecible que no se puede hablar de ultimátum, porque nadie se lo ha transmitido así al cuerpo técnico. Y más tras mantenerles en el puesto tras la primera vuelta de la temporada pasada y cuando no hace ni tres meses que se les renovó. Corberán está convencido de que se va a cambiar la dinámica. Evidentemente el inicio de Liga es pésimo en cuanto a números y sensaciones, aunque hacen su propia lectura, la cual no comparte Mestalla y así se lo ha hecho saber en los tres partidos. Pero esa particular visión de los partidos contra el Celta y Betis, a la que también se aferra Gourlay, que es quien va a tener que dar más explicaciones en caso de que tenga que prescindir de Corberán, es que el Valencia jugó dos partidos con apenas 72 horas de diferencia, con el calor de agosto (los rivales también), con varios futbolistas en la enfermería y con la plantilla por hacer (tampoco es que haya cambiado mucho después). Y después de esos dos encuentros en Mestalla llegaron las derrotas en Riazor y contra el Barcelona, en las que no hubo lugar a la excusa. Inclusive el propio Corberán calificó de “vergonzosa” la sufrida contra el Deportivo A Coruña.
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