Cuando el Espanyol ya celebraba un empate que sabía a oro molido en las gradas de Cornellà, apareció este chaval que está tocado por los dioses del fútbol.

ADN Real Madrid.- Cuando el Espanyol ya celebraba un empate que sabía a oro molido en las gradas de Cornellà, apareció este chaval que está tocado por los dioses del fútbol. Hace mes y medio parecía destinado a jugar en la Premier (el Hull y el Brighton lo querían). Pero recibió la llamada del Madrid y el chaval vio abierto el cielo de la felicidad futbolística. En la pretemporada ya demostró que no le pesaba la camiseta. Dos goles como dos soles y un perfil a lo Joselu que no veas. Y llegó el día de la verdad. Mourinho le sacó en el minuto 80 para resolver el atasco. No había manera de derribar el muro perico en torno a Dmitrovic. Pero le llegó una pelota muerta en el área, hizo un amago sutil que dejó en tierra al gigantón serbio (me recordó a la maniobra de Mijatovic en su gol de la Séptima a la Juventus) y con la derecha fundió la resiliencia espanyolista con un gol que supo a gloria. Se llama Carlos Espí y es paisano del héroe de España en Nueva York (Ferran Torres). En Tavernes de Valldigna están orgullosos de este nueve puro. El valenciano nos va a dar muchas alegrías. Esta tardaremos en olvidarla, chaval. ¡Te queremos Carlitos! Un nuevo Mou.- El caso es que el golazo de Espí alivió el debut oficial de Mourinho en su segundo estreno como técnico del Real Madrid. Lo celebró con energía, pero con templanza. Un Mou más sereno. El otro día leí un tuit muy interesante, del usuario madridista @ColiflorRM, que se refería a la nueva versión emocional y escénica que estamos viendo del portugués: “Los samuráis llaman ‘zanshin’ al estado de alerta relajada. Ahorra energía en las batallas innecesarias para golpear letalmente en la importante. El nuevo Mourinho parece vivir en Zanshin. Evaluando. Analizando. Entrecejo marcado. Mandíbula firme. Mirada elevada. Desconfianza, juicio y desafío. Como un viejo samurái, proyecta autoridad desde la contención. Cuando eres joven quieres que todos sepan que estás preparado. Cuando maduras, te basta con estarlo”. Lo importante es empezar su gran reto sin renglones torcidos. Triunfo trabajado y justo, con 21 tiros a gol, 63% de posesión y ocho córners a cero. El Madrid ganó por un dominio abrumador, por aplastamiento acabando con cuatro delanteros en el campo. El 1-2 premió la mayor ambición ante un voluntarioso Espanyol. Añoranza de Sarriá.- Durante 74 años fue la casa del querido Español, que pasó a catalanizar su nombre en 1995 (Espanyol), preludio de la venta y demolición del añorado estadio perico, acontecido en 1997. Allí vi al Real Madrid tener casi más aficionados que los blanquiazules. Toda la Cataluña madridista se volcaba en las visitas de los merengues, como se les conocía en la época, a Sarriá. Recuerdo una goleada descomunal y estética en el Trofeo Ciudad de Barcelona (1-5), con un golazo de Maceda rompiendo líneas a los Fernando Hierro y batiendo al mítico N’Kono de vaselina. Allí hizo historia un exmadridista como Rafa Marañón, que puso su sello perico en 144 goles. El Espanyol siempre fue un club amigo, y más desde ese gol icónico de Raúl Tamudo en el Camp Nou que nos dio la famosa Liga del Clavo Ardiendo... Por eso siempre les desearemos lo mejor. Se agradece la ovación que dieron a nuestro Cucurella, que fue canterano perico. La gente supo agradecérselo al rutilante campeón del Mundo. Feliz nueva era.- Ganar en el descuento siempre da un placer añadido. El fútbol es emoción y lógicamente evitar un empate en el redebut de Mou era fundamental. Me gusta cómo celebraron los suplentes el gol salvador de Espí, lanzándose a abrazar al chico con un entusiasmo que me costó ver la temporada pasada. Este grupo de grandísimas estrellas sabe que todos suman. Y Espí es uno más. Un nuevo Madrid. ¡Bravo!