

Doblete del noruego ante un Oporto que vendió cara su piel. Pelea del delantero con Rosario, al que acusó de un gesto antideportivo por el que se enfadó com
Haaland, siempre Haaland. Un doblete del noruego domó a un Oporto agresivo y difícil de batir. Un partido tremendo que concluyó con una bronca monumental del delantero del City con Rosario, al que acusó de meterle la mano en el pantalón. Fue la imagen final de una batalla por los puntos en la que se impuso, quién si no, el gigante noruego. Maresca agitó el árbol con algunas novedades importantes. Se quedó en el banquillo Elliott Anderson, el mediocentro más posicional del equipo, y le suplió Bouaddi. Dio un recital el marroquí, feliz en la manija del juego y también entero a la hora de la recuperación. Sufrió el City, aún así, con un Donnarumma lleno de dudas, y el partido se decantó cuando las grandes estrellas aparecen. La nueva sociedad de Maresca, la que conforman Enzo y Haaland, fabricó el tanto que necesitaba el encuentro para explotar. Un centro del argentino, que juega tremendamente liberado, lo remató de cabeza el cyborg, letal entre los defensas cuando la pelota viene en vuelo desde un costado. El City, ya con Anderson sobre el campo, quiso controlar más y así lo requería la situación, pero la entrada de varios jugadores de ataque por parte de Farioli comprometió el final del partido para los citizen. Explotó Haaland con Rosario en un lance en el que se le vio como nunca antes. Se lanzó a por él, lo zarandeó y salió corriendo para recriminarle algo antideportivo, lo que pareció ser un manoseo en el pantalón que no gustó al noruego. Pese a ello, su segundo gol dejó en nada el arrebato del Oporto y volvió a reflejar que, con Guardiola o con Maresca, el argumento de este equipo es un vikingo contra el que las defensas no pueden, Erling Haaland.
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