

Con su entrada, el Madrid recuperó el bastón de mando. En 23 minutos asistió en el 4-1, generó cinco ocasiones... Su varita pide ser indiscutible.
Fue el jugador con más ocasiones creadas (cinco), dos de ellas claras (también líder), el que más centros intentó (cinco), el cuarto en pases completados en el último tercio (12), el cuarto en regates completados (dos) y dio una asistencia. Una hoja de servicio reluciente per se, que lo es más si se trata de un suplente. Circunstancial, pero lo fue. De un futbolista que entró en el 72′. Es la rápida cronología de una exhibición. Una más de Güler. La demostración de que 23 minutos del turco son pocos, pero también mucho. Por los que merece, por el daño que hace. Que pregunten a un Rayo que mordía y perdió los dientes cuando su varita se agitó. El Madrid fue una apisonadora en la primera parte. Un equipo vertical que desdibujó a su vecino vallecano. Pero el descanso revitalizó a La Franja y adormiló a los blancos. Tanto que Camello recortó y a lomos de Tsitaishvili amenazó. Hasta que Mourinho, que antes había apostado por el músculo (Tchouameni por Bernardo en el 69′), optó por el balón. Salió Diomande, que dejó destellos e intención en su primera titularidad aunque todavía no contundencia, y entró Arda. Todo cambió. Su zurda organizó el caos, cogió el bastón de mando. Y con él, lo hizo el Madrid. En una falta lateral le puso un caramelo a Dumfries que Audero y el larguero desbarataron. En el córner siguiente, ídem con Rüdiger, que obligó al primer indonesio en jugar en LaLiga a meter la manopla de nuevo. Se deshizo de presiones en campo propio con un par de caracoleos, rozó el tanto propio con un zapatazo desde la frontal. Le metió una cuchara a Mbappé que Kylian estrelló en el portero, pero instantes después sacó brillo de nuevo a esa sociedad ilimitada. Y ahí, en el 91′, sí llegó el doblete tras el servicio del de Altindag. Recuerden, todo eso en 23 minutos. Un impacto inmediato que Mourinho no ocultó. Le preguntaron si el Madrid es mejor con Güler en el campo y, tras pensar, asintió: “Estoy de acuerdo”. Y, tras volver a pensar cómo verbalizar, le alabó: “Es muy bueno, tiene mucha calidad y cuando entró marcó diferencias y dio estabilidad al juego”. Pero antes, se explicó: “Juega mucho cuando está en el campo, pero estoy al 100% seguro de que, si hoy no juega Diomande de titular, la primera pregunta sería cuándo juega Diomande”. Una realidad que no oculta otra, Arda se ha ganado ser la primera pregunta cuando juegue. Una pausa y un pensamiento valen tanto como mil palabras. Porque lo del Rayo no es un oasis, sino el desierto. La tónica habitual en una temporada de crecimiento y reivindicación. Que comenzaba con el fichaje de perfiles que afilaban la competencia (Bernardo, Diomande) y que avanza con Güler hablando en el campo. Es el jugador con más ocasiones creadas en LaLiga (24, por las 18 de Lamine, segundo). También quien más ocasiones claras ha generado (seis, por las cinco de Lamine). Sin, además, olvidar arremangarse: cuarto, con cinco, en recuperaciones en el último tercio (por cierto, Vinicius -seis- comparte liderato con Baena y Romero). Cifras logradas en 227 minutos. Es decir, 45,4 minutos por partido. Medio partido está siendo suficiente para esa ensalada de datos. Ha sido titular ante Espanyol, Real Sociedad y Betis, pero no ha superado los 78 minutos en ningún encuentro (frente a los txuri-urdin). Frente al Málaga salió en el 87′ y contra el Rayo, en el 72′. Es decisivo, pero no indiscutible (venía de descansar en Champions ante el Inter, por sanción). No todavía, aunque su fútbol pide serlo. Y claro, el Madrid es consciente del talento que tiene entre manos. Uno que ha ido creciendo de manera exponencial, temporada a temporada, paso a paso. Con paciencia, tras un arranque en diferido por las lesiones y la intermitencia de las oportunidades. Pero internamente siempre se ha tenido claro que Arda es “especial”. Y el diamante cada día brilla más. Por algo ha acelerado, como adelantó AS, las conversaciones para renovar su contrato. El actual es hasta 2029, el nuevo será hasta 2031. Pero, sobre todo, vendrá con una mejora económica acorde no solo a su presente, que también, sino a su futuro. Porque tiene 21 años y está valorado en 90 millones de euros para Transfermarkt. Y eso que, ya saben, sólo juega 45 minutos por partido.
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