El uruguayo recibió un homenaje por parte de la Unión de Peñas del Atlético en el Metropolitano, con un auditorio lleno y la presencia de excompañeros hermanos como Gabi, Koke, Simeone, Oblak, Giménez, Moyá, y una profunda emoción ante la figura del central, su enorme persona.

Eran las 19:10 cuando el auditorio del Metropolitano rompió a aplaudir a rabiar con dos gritos de fondo. “Diego Godín, Diego Godín”, “Uruguayo, uruguayo”. El hombre que cruzaba la puerta era Diego Godín, leyenda del club, el futbolista del gol del Camp Nou en 2014 que hizo al Atleti volver a ganar, al Atleti del Cholo ganar de regreso a Madrid, ya retirado, en un homenaje de la Unión de Peñas del Atlético. Las 400 entradas disponibles se agotaron en apenas días. Hasta arriba, como nunca. En la platea se rompen las manos excompañeros a los que siempre llamará hermanos, Gabi, Koke, su mujer, Sofi, su hija, Pilar, que a los nueve meses ya camina firme. Los aplausos siguen atronando sobre su cabeza, todos por su padre, aunque ella aún no sepa, aún no recordará, pero aquí está. La pantalla, pronto, refleja imágenes de cuando su padre tenía su tamaño, siempre atado a una pelota.
Fotos de Rosario, fotos de su padre, Julio, mecánico, de su madre Iris, peluquera. De sus años en Cerro y Nacional, de su salto a España y el Villarreal, de aquel primer gol al Inter, nada más llegar, en la Supercopa de Europa. El hombre llamado Diego Godín alza la cabeza sin perder detalle, recordando todos aquellos momentos como futbolista, cuando ayudó con tantos en la grada a ensanchar las rayas de la rojiblanca, y hacerlas más profundas, enraizarlas más en el museo (8 títulos) y la hierba. El vídeo es cronológico. De atrás hacia delante. Con el gol de Costa al Madrid en la final de la Copa del Rey en el Bernabéu en 2013, la platea rompe a aplaudir otra vez. Y con el de Miranda. El siguiente es aquel del Camp Nou, 2014, la Liga. Godín mira serio, sigue sin perder detalle, pero no puede evitar que una media sonrisa inunde su rostro. La emoción lo inunda en cada frame. De esos momentos hasta las últimas como jugador del Atleti, en aquel mayo de 2019 que fue su último baile como rojiblanco. La platea rompe de nuevo a aplaudir, ahora entre algún pañuelo. Suena otro aplauso que llena el aire cuando el uruguayo se sube al escenario. Una pequeña niña tambaleante le sigue y se queda de pie, agarrada a sus bordes. Mirando a su padre. Mientras éste recuerda y habla.
“Me acuerdo de todo, las cosas buenas, las malas, las adversidades que hubo que encarar como cualquier persona en la vida, todos tenemos una historia detrás y las adversidades parte de la historia como futbolista y persona”, comenzó el charrúa, con la voz encogida. Enseguida se le llenó de luz. Tocaba hablar del Atleti. “Acá en el Atleti fue algo diferente para mí, familia, amigos que son familia, algo diferente, gente que me hizo crecer sobre todo como persona, como futbolista con una familia que iba creciendo, que aquí están la mayoría”. Su voz vuelve a encogerse. De la emoción. “Lo que pasó aquí cambio mi vida. Fueron los mejores años en lo deportivo y en lo persona. Me hizo crecer mucho como persona y forjar valores. Por eso creo que se hizo más fácil identificarme y que la gente se sintiera identificada conmigo, más allá de la barrera que siempre significa ganar”, dice desde el corazón un Godín que antes de llegar al Atleti lo conocía pero no su historia. Nada más pisarlo se hizo parte de ella. Para ensancharla infinito.
“Cambiamos su historia, sobre todo la reciente. Lo que a todos nos hizo unirnos más y que se consiguiera esta cantidad de títulos y se forjara esta amistad, familia, que esté acá toda esta gente”, dice, silencio, mirada a esa segunda fila de la platea donde están el Cholo, Gabi, Koke, Giménez, Moyá, Suárez, Oblak. “Es que fuimos una familia, algo que es mucho más sencillo y a la vez no tan fácil en un equipo de fútbol. Y hoy lo siguen sosteniendo amigos que hoy están acá, el míster, y darle la importancia a esto, y sostenerlo, es el éxito del Atleti”, adujo. Y el tirarse de cabeza contra una pared si el entrenador lo pedía. “Eso es el gran secreto”, repite el uruguayo. Seguir al frente. A pesar de Lisboa, a pesar de Milán.
“Es parte de nuestra historia, levantarse, caer. No es fácil jugar una final, jugamos dos, no es fácil llegar a una, dos”, esgrime. Si Godín tiene que quedarse con una, lo tiene claro, no es la de aquel último partido de Liga en el Camp Nou. “Me quedaría con la de la Copa del Rey del Bernabéu. Fue contra el Madrid y creo que ahí marcamos un antes y un después. Veníamos de 14 de no ganar un derbi, ese fue un cambio de mentalidad, dimos vuelta a una página de la historia, eran muchos años que dolían sobre todo en la afición”, revelaba. Porque para Godín jugar en el Atleti era como vestir la camiseta de Uruguay. “Era como si estuviera jugando en la selección uruguaya, que es el sentimiento más amateur que es, jugamos en el Atleti pero jugábamos por mucho más que eso”, dijo. “Porque el lugar lo hace la gente, la compañía”, añade, de corazón. Palabra de Godín. La platea es la que ahora calla mascando una profunda emoción.
“Jugar en el Atleti era como hacerlo en la selección uruguaya, que es el sentimiento más amateur que existe”
La pantalla se convierte en una máquina del tiempo que vuela a diez años antes, 17 de mayo de 2014, Camp Nou, aquel gol. “Era una jugada ensayada con el Cholo y el Mono Burgos y en principio el centro tenía que ir un pelín más atrás. Raúl me coordinaba mi marca y Raúl la bloqueó y por eso yo remato solo”, recuerda. Toca hablar de lo que sintió en ese momento en el pecho y que llenó tantos, en tantas partes del mundo, llenando el aire de Neptuno de ‘aupa Atleti’. “Es difícil describirlo. Es un momento de tanta felicidad, que estoy tan lleno por dentro, de alegría, de trabajo, de realidad, de trabajo, de satisfacción”.
Gabi: “Fueron los mejores años de nuestra vida”
“Diego es así como le veis. Definirle en una palabra es muy difícil. Ese competir, que quiere siempre más. Nos picábamos siempre en los entrenamientos. Cuando llegaba algún delantero y él llegaba y ponía su vídeo ante el Valladolid. ‘Tienes que ponerlo así”. Es palabra de Koke. Se terminaba el tiempo de las palabras del Faraón. Comenzaba el tiempo de las palabras de los que compartieron vestuario con él. Gabi, Moyá, Suárez. Sobre sus cabeza, en la pantalla, lo primero que apareció fue el vídeo del gol de Godín en Valladolid. El primero en hablar fue Gabi (“Su principal virtud es que predice con el ejemplo. Todo lo que toca lo hace mejor. Fueron los mejores años de nuestra vida”) y antes de Godín lo hizo de la Selección y su ausencia en la absoluta (”No tengo una espinita”), después lo hizo Suárez (”Es una persona que une al grupo y yo siempre le he respetado y le voy a respetar porque creo que se lo merece”). “Tras esa cara de buena gente, un mensaje muy emotivo, está metido siempre en la broma, le gusta bailar bachata”, contó Moyá. El vestuario le llamaban “Guacho”, pero el apodo que más le enorgullece es ese que se ata al lugar en el que nació: u-ru-gua-yo. Lo escuchó por primera vez en el Atleti en Neptuno, dirigido hacia Forlán, cuando el club ganó en su primer partido la Supercopa de Europa. “Pensé: ‘Cómo tiene que ser que te lo canten”. Pronto prendió la grada del Calderón, como lo hace en el auditorio del Metropolitano al final de este homenaje a uno de sus grandes, a su Faraón, leyenda inolvidable. Futbolista, más la persona. Pilar aún no tiene recuerdos pero ahí esta celebrando también. Con ese “papá” que cierra, tan orgulloso como el aplauso que vuelve a escucharse alto, infinito, de Madrid a Uruguay, mientras todos aquellos que escribieron la historia con él, jugadores, cuerpo técnico, suben a hacerse la penúltima foto juntos.
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