

De pronto llega la dejadez, la desgana y la indolencia, que echan por tierra el trabajo anterior y dejan al portugués con cara de sorpresa en la banda.
El ser incapaz de controlar los partidos no es algo nuevo en este Madrid, sino que lleva ya unos años sufriendo este problema sin que los técnicos anteriores fueran capaces de encontrar la solución. Mourinho, que había conseguido que el equipo saliera más aplicado a los partidos, se ha encontrado con que esa concentración se difumina en cuanto las cosas parecen funcionar. De pronto llega la dejadez, la desgana y la indolencia, que echan por tierra el trabajo anterior y dejan al portugués con cara de sorpresa en la banda. Mou no puede consentir esa indolencia y gandulería. Cuando hay futbolistas que se desconectan de la presión, del orden y de las obligaciones, tiene que imponerse y demostrar su descontento. Si no te enfadas, si no metes caña, las estrellas seguirán en su zona de confort. La dejación de funciones debe tener consecuencias, si no, el mensaje que se transmite al resto es negativo y desolador. Si, cuando vas ganando un partido, solo piensas en quedarte arriba para agarrar unos cuantos contragolpes y engrosar tus cifras goleadoras estás perjudicando a tus compañeros. Mourinho tiene que cambiar esa actitud y si lo tiene que hacer con jarabe de banquillo será una medida aplaudida por la grada y también por la caseta. Que demuestre su personalidad, que hay gente deseando jugar.
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