

La presencia de técnicos españoles en los banquillos de clubes y selecciones de todo el mundo responde a un proceso que lleva décadas gestándose.
El fútbol español enamora. Por su juego y por sus jugadores, principalmente. Pero también por sus entrenadores. La presencia de técnicos españoles en los banquillos de clubes y selecciones de todo el mundo responde a un proceso que lleva décadas gestándose y que en los últimos años ha alcanzado una dimensión global. El prestigio se ha construido desde distintos frentes. Por un lado, está el éxito de la Selección, campeona de la Europa 2024 y del Mundial 2026 bajo la dirección de Luis de la Fuente. Por otro, la presencia de entrenadores españoles en algunos de los grandes escenarios del fútbol europeo. Arteta ha llevado al Arsenal a conquistar la Premier 2025-26; Emery acaba de ganar con el Aston Villa su quinta Europa League; y Luis Enrique ha convertido al PSG en campeón de Europa por segunda temporada consecutiva. A ellos se suman nombres como Cesc Fàbregas, que está haciendo historia en el Como. Y por supuesto, Guardiola, uno de los grandes embajadores de esta escuela desde el banquillo del Manchester City durante casi una década. El resultado es una imagen internacional cada vez más consolidada: la de un entrenador formado, preparado tácticamente y capaz de trabajar en contextos futbolísticos muy diferentes. Ese prestigio en la élite de los clubes también ha ayudado a que las federaciones miren hacia España cuando buscan un seleccionador. Pero la historia no comienza con Arteta y Luis Enrique. Mucho antes hubo una generación de pioneros que se atrevió a cruzar fronteras y abrió un camino que hoy recorren decenas de técnicos. Uno de los nombres fundamentales es Xabier Azkargorta, que dirigió a Bolivia en los años noventa y también pasó por la selección de Chile. Después llegaron, entre otros, Benito Floro, seleccionador de Canadá; Javier Clemente, que dirigió a Serbia, Camerún y Libia; José Antonio Camacho, que estuvo al frente de China y Gabón; Juan Ramón López Caro, seleccionador de Arabia Saudí y Omán; o Luis Milla, que dirigió a Indonesia. Aquellos primeros pasos han desembocado en una presencia mucho más amplia. España no solo exporta entrenadores: exporta una metodología. La apuesta por la formación, la detección precoz del talento y la evolución permanente de los técnicos se ha convertido en una de las señas de identidad de la RFEF. Este sábado, España se enfrenta a la República Checa, en cuyo banquillo se sienta Santi Denia, el primer técnico extranjero en la historia de la selección checa. Pablo Amo, que formó parte del cuerpo técnico de Luis de la Fuente hasta febrero de 2025, le acompaña como ayudante. Ambos conocen desde dentro el funcionamiento de la estructura de la RFEF y han trabajado durante años en el desarrollo de las categorías inferiores. Denia, de hecho, conquistó el Europeo Sub-17 de 2017, el Europeo Sub-19 de 2019 y el oro olímpico en París 2024. Junto a Denia, encontramos otros ejemplos como José Francisco Molina, que desde febrero de 2026 dirige a Honduras, y David Badía, seleccionador de Haití desde agosto. Ramón Catalá dirige a Zimbabue, David Pérez pasó de dirigir a Belice a las Islas Vírgenes Británicas, mientras que José Lana está en Siria desde 2024. “El nivel del entrenador español es el mejor del mundo”, asegura Denia cuando se le pregunta por la fiebre por el entrenador español. En Asia, la presencia española es especialmente notable. Robert Moreno asumió el mando de Corea del Sur en septiembre de 2026. Antonio Puche está de interino al frente de China; David Doniga se encarga del Kuwait Sub-23 tras su etapa en El Salvador; y Lopetegui y Ziganda tienen papeles estratégicos en Qatar, tanto en la Absoluta como en la Sub-23. Además, técnicos como Carles Cuadrat se han hecho un nombre al capitanear selecciones como Filipinas, y Aritz López Garai lidera la selección de Mauritania. El caso más reciente y destacado es el de Xavi Hernández. En agosto de 2026 asumió la selección holandesa. Su llegada a la Oranje supone otro paso significativo en la internacionalización de los entrenadores españoles. Iván Cancela, presidente del Comité y Escuela de Entrenadores de la RFEF, lo explica en declaraciones a AS: “Los entrenadores españoles están entre los mejores formados del mundo. Nuestra fórmula combina detección precoz del talento, formación continua y apoyo constante, lo que les permite adaptarse con facilidad a diferentes culturas futbolísticas y contextos tácticos.” La estrategia de internacionalización de la RFEF, basada en la formación y el acompañamiento de los técnicos, se encuentra así con un escaparate inmejorable: una generación de entrenadores que triunfa en los principales clubes de Europa y una Selección que acumula éxitos en el máximo nivel internacional. De Azkargorta a Xavi Hernández hay más de tres décadas de historia. En ese tiempo, el entrenador español ha pasado de ser una figura ocasional en los banquillos extranjeros a convertirse en una opción habitual para federaciones de todo el mundo. La presencia española en la República Checa, Haití, Honduras, Zimbabue, las Islas Vírgenes Británicas, Siria, Corea del Sur, China, Mauritania, Filipinas, Kuwait, Qatar y Holanda confirma que aquella puerta que abrieron los pioneros está hoy más abierta que nunca.
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