

Pedro María Arsuaga jugó en el Madrid con un récord que Belligham alcanzó solo 76 años después. Su hijo, el famoso paleoantropólogo, lo cuenta en el FLEM.
Juan Luis Arsuaga (Madrid, 1954) habla del fútbol, de las tribus y de la identidad desde el Festival de Literatura Expandida de Magaluf (FLEM). Un evento atado a los libros y organizado a dos manos, por la librería Rata Corner e INNSiDE by Meliá, que se ha convertido en seis ediciones en una de las grandes citas culturales del año, con más de 13.000 asistentes en 2026. Sus carteles reúnen siempre lo mejor. Una mezcla de grandes nombres con talento emergente, local e internacional. El paleoantropólogo habló con AS antes de la charla, sin asiento libre, en la que presentaba su último libro, La Respuesta. Su padre, Pedro María Arsuaga, fue futbolista del Real Madrid y gran amigo de Di Stéfano, con quien coincidió en partidos amistosos en el verano y el tramo inicial de la temporada 1953-54, antes de dejar el club. El día de su muerte en 2009 su hijo entendió que aquello que explicaba desde la ciencia también podía verse en el fútbol: un club es una forma de pertenecer. Presentó en el FLEM su último libro, ‘La Respuesta’ en el que aborda la naturaleza del ser humano como producto de la evolución. ¿De qué trata? Va de la naturaleza del ser humano como producto de la evolución. ¿Había estado alguna vez en Magaluf? No, nunca. ¿Y qué le parece el FLEM? El festival, muy bien. Está muy animado. Por lo que he visto en las charlas está muy concurrido y muy bien de público. ¿Qué importancia tiene para la gente joven leer libros que le puedan marcar el camino? Yo creo que la gente tiene que leer libros por placer. Si no le da gusto, que no los lea. Pero él se lo pierde. Claro, pero fíjese, a usted le marcó mucho ‘La guerra del fin del mundo’. Porque a mí me da placer, pero yo no soy de los que van por ahí predicando que hay que leer libros por alguna razón. Tampoco vendo que a mí me gusta el vino, pero, si no te gusta, no pasa nada. Quiero decir que, en contra de lo que hace todo el mundo, que predica y recomienda, yo no recomiendo nada. Yo leo libros y los escribo por placer y, de hecho, creo que el placer es lo que debe guiar nuestras vidas. O sea, que si alguien me dice: ‘A mí no me gusta leer’, pues no leas, pero tú te lo pierdes. Es como la ópera. El otro día le leí en una entrevista que decía que un científico puede creer en Dios y hasta en el Atlético. Eso ha tenido muchas críticas en foros, por lo visto. Yo, como no los miro, no sé, pero algunos se han ofendido y sospecho que, porque en España es imposible que no se ofenda algún colectivo. Pero claro, son colectivos que solo leen el titular. Por otro lado, tampoco pueden leer más que el titular porque el resto es para abonados. Me llama la atención que vivimos en la cultura del titular. Como los periódicos están capados para que no puedan leer los artículos, entonces leemos solo los titulares. El artículo trataba de tribus. El Atlético fue lo primero que se me ocurrió, pero podría haber sido la Real, el Madrid o el City. ¿Qué tiene el fútbol? Identidades de grupo. Nada más que eso. A mí me gusta el rugby y soy seguidor de la selección argentina de rugby, fíjate tú, de Argentina. Entonces yo no tengo tribu. Simplemente veo fútbol, veo el rugby porque me gusta. No soy de ninguna tribu. En Europa es el fútbol, pero en Inglaterra es el cricket. Como en la India, Pakistán. Esto no tiene nada que ver con el fútbol, tiene que ver con las identidades. Lo que pasa es que algunos deportes son más populares que otros y los deportes con pelota tienen mucho éxito, pero también, no sé, la Vuelta ciclista. En su casa, con su padre, Pedro María Arsuaga, que era jugador de fútbol, ¿qué recuerdos tiene? Jugó en el Real Madrid, pero podría haber fichado por el Barcelona. De hecho, estuvo a punto de fichar. Por el Barcelona. Un jugador profesional puede fichar por el equipo que le ofrece mejores condiciones, ¿no? Él estaba en el UD Tolosa, un equipo de Tercera, donde destacaba y tuvo muchas ofertas. Eligió al Madrid pero estuvo dudando entre este y el Barça. Ocurre algo muy curioso en el fútbol, porque el profesional tiene sus propios intereses a la hora de elegir equipo. Sin embargo, el aficionado no. El aficionado es de un equipo a muerte. A mí eso me interesa del fútbol porque se trata de construir identidades. El pensamiento humano es la creación de tribus. He leído que su padre tenía mucha relación con Di Stéfano, con quien coincidió en el verano de 1953, cuando el Madrid le fichó, y los primeros partidos de la 1953-54, antes de que se fuera, por el hipódromo. Mi padre era muy aficionado, toda mi familia y yo mismo. Cerca de Tolosa, en San Sebastián, hay uno que se llama Lasarte, que es uno de los dos más importantes en España junto con el de la Zarzuela en Madrid. De críos era una tradición ir con mis padres. En Argentina es enormemente popular. Un domingo normal allí es la pizza y las carreras de caballos. Su padre tuvo durante 76 años un récord que Bellingham igualó en 2023, al debutar en un Clásico con dos goles. Salió en medios de comunicación que Bellingham había sido el primero y, a la media hora, los mismos medios que habían dado la noticia tuvieron que rectificar y dijeron: «Perdón, no es el primero». Porque mi padre fue el primero, o sea que este es el segundo. Usted puso en un tuit que su padre había sido Pedro María Arsuaga y que había jugado en el Madrid desde 1946 a 1953. ¿Notó que a la gente le sorprendió? Mi padre jugó en el Real Madrid muchos años, desde 1946 a 1953. Pero mi padre estudió Económicas y cuando dejó el fútbol se dedicó a trabajar de economista. O sea, que mi padre era una persona muy formada. Sabía muchísimos idiomas porque le gustaban mucho. Y cuando se prejubiló estudió Filología Semítica y estudiaba hebreo y árabe. Mi padre era un deportista, pero el deporte no era una profesión. Jugaba de delantero o extremo izquierdo, donde luego jugó Paco Gento. Exactamente. Su padre podía tener seis Copas de Europa. Lo que pasa es que mi padre es de la generación anterior. No había Copa de Europa cuando jugaba. ¿Hay alguna cosa que le contara su padre de Di Stéfano que le llamara la atención? Se llevaba muy bien con Di Stéfano, pero también era colega de otros como Miguel Muñoz. Y te voy a decir una cosa que tiene que ver con el libro y un poco con el sentido de la tribu: yo entendí el Real Madrid como tribu cuando se murió mi padre. ¿Por qué? Porque cuando se murió mi padre, a su entierro vinieron todas las generaciones de futbolistas. Di Stéfano también, que ya tenía muchos problemas para andar, ya casi no lo hacía. Era más joven que mi padre, no mucho pero sí algo. Pero también vinieron Pirri, Butragueño… Vinieron todas las generaciones, desde los que están jugando ahora hasta Di Stéfano. Eso es lo que yo decía. ¿Qué es un club? Pues es una tribu. A veces se nace en esa tribu y a veces es por elección. Mi padre pudo haber elegido otra, pero una vez que entró en esta, pues pasó a formar parte de ella. Y lo fue hasta el día de su muerte. Eso era a lo que me refería en el titular de lo de la tribu. Lo resumieron. Yo me refería a que, cuando hablamos de creencias, no pensamos solo en Dios. Porque las religiones, además, son algo más que una creencia, son un grupo de personas que comparten una creencia. Tiene una dimensión social. ¿Ha dicho usted en alguna ocasión que en el Paleolítico se vivía mucho mejor? Se vivía mucho mejor que en el siglo XIX al XX. En términos generales, es muy difícil medir la felicidad, pero podríamos utilizar una serie de variables, las que fueran, y en general, en todas, desde la alimentación, las enfermedades, la esperanza de vida, sale con preferencia el Paleolítico. Yo preferiría ser paleolítico que un minero galés o asturiano. O un pescador. Los trabajos han sido muy esclavos. O haber sido zapatero, todo el día metido ahí en un cuchitril arreglando zapatos. No son modos de vida muy humanos o muy satisfactorios. Desde su punto de vista, ¿cómo está viendo la crisis de la vivienda que hay en el país? La vivo porque yo también he vivido de alquiler toda mi vida. Yo no vengo del espacio exterior, he vivido aquí, en este planeta. El problema de la vivienda se empieza a gestar a lo largo de mi vida, donde ya era muy difícil comprar un piso. Mi hipoteca la terminé de pagar hace dos años. O sea que he dedicado toda mi vida a pagarla. O sea, que vivo la crisis de vivienda. Y tengo hijos. Lo que no tengo es la fórmula mágica. ¿Era un problema en el Paleolítico? En el Paleolítico no, pero había territorio. Siempre ha habido problemas. El ser humano nunca ha vivido una edad feliz, pero este tema de la vivienda es un ejemplo más de que no se planifica. La política se hace a corto plazo porque este es un problema demográfico. Es como si preguntas por las pensiones. Es un problema que se veía venir. ¿Qué se veía venir? Aumenta el número de ciudadanos y se mantiene el parque de viviendas. Pues ya me contarás, es inevitable... Todos los procesos sociales son procesos generacionales a largo plazo. Pasa con las pensiones. Aumenta el número de viejos y se reduce el número de niños. Pues tienes una pirámide invertida. Entonces, o hay inmigración, o hay gente de fuera. Lo sorprendente es que la política, la política liberal o la democracia liberal que vivimos, es una política cuyo plazo máximo son cuatro años. Pero ¿quién se pone a planificar para 30? Ya veremos el siguiente, el que venga detrás que arree es la filosofía. El problema de la vivienda es puramente de números. Y está interrelacionado con el problema demográfico que afecta a las pensiones y salarios. Los pensionistas son una carga para las generaciones jóvenes que mi generación no tenía. Mi generación era una pirámide normal, con una base muy amplia porque había muchos niños y pocos viejos. Y si eso lo inviertes… Pero no ha sucedido ahora. Lleva pasando 40, 30 años. Lo que pasa es que los efectos se están produciendo ahora.
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