

Natxo González atiende en exclusiva a AS para abalizar las claves del proyecto del Sant Andreu y trata de explicar el aura del club.
Tras una larga jornada de trabajo que comenzó hace más de diez horas, Natxo González sigue en su oficina tratando de dejar todo listo para poder afrontar la tercera jornada de una Primera Federación en la frontera del fútbol profesional y las ilusiones truncadas. El técnico, que ha encontrado un lugar muy especial a más de 500 kilómetros de su Vitoria natal, recibe a AS en una pequeña oficina vestida de blanco con pizarras llenas de garabatos y mesas con varias migas de pan, que dan pistas de que las cargas de trabajo no entienden de horarios de comida ni digestiones. Con los ojos llenos de ilusión, algo de sorna y una sonrisa pícara, Natxo González nombra a una Unió Esportiva Sant Andreu a la que no se ha planteado abandonar ni tras sufrir un infarto el pasado mes de mayo: “No, por Dios. Si lo dejo no sobrevivo bajo ningún concepto”. A nivel personal, ¿cómo se siente? Bien, bien. La verdad es que contento. Después del sustillo que tuvimos al final de la temporada pasada, estamos recuperándonos tranquilamente. Seguimos dando guerra. ¿Y el fútbol permite esta recuperación tranquila? No, pero es nuestro trabajo, es nuestra pasión y hay que continuar. Tratar de gestionar lo mejor posible las emociones. La experiencia te da un poquito más de bagaje para gestionar esos momentos, pero cada uno tiene su carácter y es difícil cambiar. ¿En algún momento se planteó dejarlo? No, por Dios. Si lo dejo no sobrevivo bajo ningún concepto. Hay mucha gente que vive con esto y sigue haciendo vida normal, incluso mejor que antes. Dejando atrás la parte personal, ¿qué tal están siendo estas primeras semanas de trabajo? ¿Cómo se encuentra el equipo este inicio de temporada? Bien. Son semanas con muchas sesiones. Lo importante es cargar los depósitos para la temporada, cohesionar el grupo y a los jugadores nuevos. Tenemos la ventaja de que mantenemos una buena base del año pasado y hay muchas cosas ya adquiridas. Es más fácil. Imagino que la victoria del sábado les da moral tras la primera derrota ante el Huesca. Sí. Hay que pensar en que la nueva categoría es muy competitiva. La primera victoria es importante y cuanto antes mejor. Esto ayuda a reforzar lo que estamos haciendo. Además, para todo el entorno, conseguir esta victoria como locales, en un contexto difícil como es no estar en nuestro campo, es clave. Era importante conseguir esos tres primeros puntos. Entiendo que tener que jugar en Can Dragó este inicio de curso es complicado, ¿cómo se afronta este hecho? ¿En qué se nota más? ¿La falta de público, quizás? Sí, hombre, indudablemente primero eso. En nuestro campo puedes meter 5.000, 6.000 personas y ahí no. Estuvieron 2.000 y pico, pero es la mitad de lo que puedes meter en el Narcís Sala. En Can Dragó hay una pista de atletismo y en el Narcís la gente está más encima del terreno de juego. Pero no es solo eso: pierdes tu vestuario, tu sala de fisioterapeutas… Estás en unas instalaciones que no están preparadas realmente para competir, pero debido a las circunstancias hay que hacerlo. Recientemente se cerró el mercado de fichajes y se reconstruyó prácticamente el 50% del equipo. ¿Cómo se gestiona una plantilla con 13 fichajes? El primer objetivo principal es que los que llegan se encuentren bien. Tenemos un grandísimo vestuario de muy buena gente y todos los que han venido están encantados con la acogida, con cómo se les ha recibido… así es más fácil sentirse cómodo. Ahora todo es cuestión de tiempo a nivel futbolístico, de ir consolidando cosas que, para algunos, son nuevas. Es cuestión de entrenar, entrenar y entrenar y cada día esa cohesión dentro del campo será mejor. Pero el primer paso de ese vínculo y esa cohesión de grupo, que está bastante consolidada. Ya se vio con el segundo gol del último partido, cuando todo el banquillo saltó a celebrar. Incluso los que no han llegado a debutar todavía. Desde fuera se ve un vestuario unido... Sí. También es importante hacerles entender a los que llegan qué es el Sant Andreu, qué hay detrás del equipo, qué entorno hay... Ya empezaron a verlo el día de Huesca con un montón de aficionados desplazados. Además, aparte de todo lo que hemos estado hablando, deben acabar de ver realmente la dimensión que tiene este club. En relación con los fichajes, desde el club se afirma que no ha sido un mercado fácil porque muchos jugadores no querían venir al preferir ir a proyectos más sólidos. ¿Cómo valora el mercado? Bien, yo parto de la base de que la dirección deportiva me genera mucha confianza. A partir de ahí sé que estamos en buenas manos y por lo tanto eso no me ha quitado el sueño. Entre todos hablamos, consensuamos y decidimos. Desde la dirección deportiva se afirma que es un trabajo entre todas las áreas. ¿Pidió algún jugador en concreto? No, la verdad es que no. Yo puedo conocer a los jugadores, pero los que están involucrados en el mercado son las direcciones deportivas. No es un trabajo de quince días, es un trabajo de todo un año. Ellos ven a los jugadores, van viendo partidos, se van informando… A partir de ahí sabemos la idea que tenemos en cuanto a modelo de juego y la dirección deportiva sabe perfectamente las características de los jugadores que a mí me convencen más. Es un trabajo conjunto. ¿Le ve alguna flaqueza a la plantilla actual? Flaqueza siempre vamos a tener. Seguro que podría tener un mejor entrenador, mejores delanteros, mejores mediocampistas, mejores defensas... Nunca se llega a la perfección, por lo que todo es mejorable. No me fijo, no me gasto energía en ello. Somos los que somos y estoy encantado con el grupo. Repasando la plantilla, es de las más jóvenes de la categoría. ¿Cómo se gestiona? ¿Es mejor, es peor? ¿Necesita en el entrenador la figura de un líder? Todo tiene sus aspectos positivos y negativos. La juventud peca de inexperiencia al principio, pero también hay otro factor que yo creo que es más determinante, que es el hambre. Hay que pensar que estamos un escalón por debajo del fútbol profesional y todos somos conscientes de que es una gran oportunidad. Eso genera motivación, ilusión, hambre y, sobre todo, energía. En el fútbol de hoy en día se requiere de más energía y necesitamos eso. Como dice, el fútbol profesional está un escalón por encima. ¿Siente la presión de tener que llevar al club al fútbol profesional? No, siento la ilusión de en el futuro conseguirlo. Yo a nivel personal, como siempre he dicho, tengo una espinita de mi etapa anterior que lo tocamos con la yema de los dedos. Dentro de mí está ese cosquilleo. Pero bueno, desde la tranquilidad y sabiendo la dificultad que tiene todo. Habla de la anterior etapa, ¿qué diferencias ha visto en el club tras su regreso? Es como si no me hubiera ido. En el barrio, en las calles... A nivel de club, a nivel de instalación, poco cambio ha habido. El césped puede que sea más nuevo, puede que haya más asientos... Pero lo que sí he notado es este vínculo que se ha generado, de esta locura de la gente por el Sant Andreu. Eso es lo que me ha sorprendido. Y el aficionado del Sant Andreu, ¿qué equipo debe esperar? Bueno, lo que vio el año pasado. Creo que va en la misma línea. Que el aficionado vea que el jugador tiene ese sentimiento de club, el cual equivale al esfuerzo y a saber qué escudo estás defendiendo. Hay que morir por él. A partir de ahí, unos días jugarás mejor y otros días jugarás peor. El aficionado se debe sentir identificado con su equipo y debe ver que los jugadores se sacrifican por el escudo, los aficionados y todo lo que hay detrás. Dice que se espera lo mismo del año pasado, pero hay una gran diferencia entre Primera Federación y Segunda Federación… Sí. El salto es muy importante. A todos los niveles: a nivel de ritmo, a nivel de intensidad y a nivel de calidad. Es una categoría exigente e interesante. Entonces, con el salto de nivel que ha habido, ¿qué objetivo hay? Desde el club se afirma que el objetivo del proyecto sería llegar al fútbol profesional a largo plazo, pero ¿y este año? Es difícil. Nosotros ahora mismo somos recién llegados y teníamos un poco de incertidumbre esa primera jornada. ¿Cómo íbamos a responder a un equipo como el Huesca? Hay que ponerse a prueba de cómo respondemos en esta nueva categoría. Necesitamos un tiempo de adaptación, que sea el menor posible, pero un tiempo de adaptación. A partir de ahí iremos viendo. Yo no me marco ningún objetivo. A nivel personal, dejaré pasar la primera vuelta y valoraré en diciembre o enero el nivel que hemos dado. Ya en esas fechas veremos cómo podemos buscar otros objetivos más ambiciosos o no. De la mano con el proyecto del club, cuando le llaman, ¿cuál es la hoja de ruta? Yo estaba un poco al día. Sabía que habían cambiado la propiedad y que era un proyecto ambicioso. A partir de ahí, tras hablar con el director deportivo, no lo pensé. Estuve 4 años aquí y guardaba muy buen recuerdo, por lo tanto, uno ya sabe dónde viene. El proyecto que se veía que era ambicioso y serio. Hoy día hay muchísimos proyectos, muchas propiedades de fuera de España, pero no son todas serias ni fiables. Aquí hay seriedad y fiabilidad. ¿Se ve muchos años más aquí? Si dependiese de mí… estaría de por vida. Yo aquí no tengo ningún problema. ¡Ojalá muchos años más! Pero bueno, ya sabes que hoy en día los entrenadores cada vez duramos menos, y bueno, de momento ya llevo 13 o 14 meses. Está muy bien, aunque durante los primeros meses los aficionados pedían su cabeza… Sí. Cada vez hay menos paciencia. Entonces la gente no entiende que esto es un proceso. Todos queremos resultados ya, conseguir los objetivos rápidos… Antes el fútbol era más paciente. Pocas veces se valora el día a día. Solamente se valora el domingo cuando abres el periódico y has ganado o perdido. No se valora el día a día, cómo estás trabajando, qué estás haciendo... Aquí estoy contento también por eso, porque el día a día se tiene en cuenta y hay un seguimiento real del trabajo. Es una manera de mostrar lo que hago cada día. Yo no vengo aquí una hora y el domingo a ver qué sale. Natxo, ¿qué tiene de especial el Sant Andreu? El pueblo. Yo voy para casa y siempre paso por un parque donde hay muchos niños y, casi todos, llevan camisetas del Sant Andreu. No ves del Madrid, no ves incluso del Barça. Ese es el sentimiento de la gente por su club. Ese vínculo no es fácil de encontrar. Todo el mundo tiene su afición, sus aficiones, pero ese sentimiento de barrio, de pueblo, no sé cómo explicártelo, pero sí que es especial y te lo muestra la gente. ¿Y una promesa si se asciende? ¡Poder celebrarlo! Que el año pasado, por desgracia, no pude. Lo celebré a mi manera, pero también me hubiera gustado con un par de cervecitas…o cuatro… o cinco -entre risas-. Pero bueno, esta vida es lo que es.
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