

El equipo de Íñigo Pérez remontó el 1-0 de Dotor con un recital de fútbol ante un Málaga enclenque y falto de nivel. Gran partido de Moleiro y Freeman.
El Villarreal revivió ante un Málaga pobre, sin recursos y al que la nueva categoría le está viniendo grande. El 1-0 de Dotor no engañó a nadie. Los de Íñigo Pérez mandaron con autoridad, golpearon, jugaron en territorio rival y la llegada de los goles era cuestión de tiempo. La calidad de jugadores de primer nivel como Moleiro, Ayoze, Freema etc. aniquiló la buena voluntad de los bichos adiestrados por Juanfran Funes. Alivio para el Villarreal, que logra su primera victoria cuando se empezaba a cuestionar a su entrenador. Y palo gordo para el Málaga. O resetea, o la temporada se le va a hacer muy larga. El Villarreal empezó sacando dientes apenas pasado el minuto de juego con Buchanan marchándose de Puga. La jugada acabó en dos córners seguidos. Un aviso que se apuntó el Málaga. Una gran recuperación de Recio ante Ayoze lleva la bola hacia Larrubia, que hace una maravilla de control con giro sobre su eje. Juan Cruz siguió la jugada y su pase aterrizó en Dotor. Tras recibir ese golpe, los de Íñigo Pérez dieron un paso adelante buscando el vértigo de Moleiro por el costado izquierdo con pase atrás y rematador. Los amarillos se hicieron con los mandos y en menos de un minuto Alfonso despejó nada menos que dos balones con olor a red. El dominio era claramente de los visitantes. mA los 34’ José Salinas recibió amarilla por una entrada sobre Comesaña. Si hubiera sido roja no hubiera extrañado. Como consecuencia de esa acción el ex del Rayo fue cambiado tres minutos después por Gueye. Tanto llegó el cántaro a la fuente que llegó el 1-1. Akhomachi, una pesadilla por ese pasillo izquierdo se fue con facilidad de Salinas y Pablo Martínez para dar un pase de la muerte a Moleiro, que fusiló ante la pasividad de la defensa. Minuto 39 y 1-1 para premiar el mejor juego e intenciones de los amarillos. En pleno desconcierto local el Villarreal daba la vuelta en la prolongación de la primera mitad por mor de una acción muy brillante combinativa. Ayoze esquivó con facilidad un blando Galilea para ceder a Gueye, que uso el 1-2 ante el estupor de la grada, que se puso de mal humor porque vio que antes del intermedio, los de Íñigo rozaron el 1-3. Tras la reanudación Funes metió a Rafita por el desafortunado Salinas y a Dani Lorenzo por Juan Cruz (el pase del 1-0 y nada más). Pero se seguía jugando a lo que quería el Villarreal. A los 54’ Recio sacó bajo palos con el costado y mucha fortuna un balón rematado por Ayoze, que, junto con los Moleiro, Akhomachi, Freeman con sus entradas por la banda derecha y Buchanan hacían estragos en una zaga malaguista que era un valle de lágrimas. La superioridad visitante era aplastante. Por ello Funes dio cancha a Joaquín y Niño para potenciar un trabajo ofensivo inexistente desde el gol de Dotor. A los 64’ Chupete logró un disparo, lo cual era noticia de alcance… El 1-3 estaba más cerca que el 2-2. A los 68’ Mikautadze, colándose entre el lentísimo Galilea y Recio, cazó un balón que se estrelló en el palo izquierdo de Alfonso. Los de Juanfran Funes, más por coraje e impulsos que por calidad trataban de echarse para adelante sin dar sensación de poder meter miedo. Larrubia no podía hacerlo todo, atacar, defender y estar en todas partes. En pleno descontrol local Carlos Romero coló entre los tres palos un balón procedente de Maciá. La jugada se revisó en dos vertientes, por una parte, la posición de Romero y la segunda un posible derribo del portero local al citado Maciá. Gol anulado, penalti pitado, amarilla al meta local y lanzamiento de Guaye para dentro. 1-3. Y poco más que argumentar. El Villarreal no se confió ni bajó el pistón sabedor de que en el fútbol moderno pasan muchas cosas en las prolongaciones. Carlos Romero, que entró con muchas ganas, pudo anotar el 1-4 pasado el 90’. El pitido final devolvió la alegría al Villarreal y las dudas al Málaga, aun anclado en la fiesta del ascenso.
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