El plan de Quique desarma a un Athletic sin ideas. Sancet falla un penalti de Tenaglia a Nico.

El Athletic volvió a verse atrapado en una tela de araña, como ante el Elche. Si se ha repetido dos veces en una semana, es que la cosa promete perpetuarse. El Alavés agrupó a un regimiento en torno a su portero y se recetó enorme paciencia, hacer calceta esperando que fuera creciendo la ansiedad rojiblanca. Quique se traía hasta San Mamés un plan muy estudiado. Un once de gladiadores, con sus violines en el banquillo a la espera de intentar decidir en el cuarto de hora final. Cinco atrás y mucho cemento en medio con Guevara y Protesoni. Los leones, muy frescos tras la suspensión del choque entre semana por el aguacero del Ciutat de València, fueron pura monotonía, se vieron impotentes en un atasco monumental. El derbi fue más pesado que el plomo. Terzic volvió al plan A. Tras sus intenciones de remover el banquillo ante el Levante, frustradas por la suspensión, recuperó gran parte de su equipo de gala. Pero se encontró la versión poco fluida de una semana atrás. El Glorioso buscó los puntos fuertes del rival y los anuló. Nico era bloqueado por Tenaglia, y cambió de banda unos minutos para despegarse de un defensa mayúsculo. Se montó una ‘Operación jaula’ con Iñaki, que hasta la hora no encontró un poco de espacio en el área, pero su centro no encontró compañero. Quique no se desvió del argumento: estaban replegaditos, dando la iniciativa sin recato al propietario del campo, tras robo el equipo era muy vertical, en la primera parte recuperaban muy cerca de su área y en la segunda, a una distancia más próxima de los dominios de Simón. De esta forma, los carriles podían tirar expediciones a la meta del campeón del mundo y los centrales se permitían doblar. La idea que prevalecía era no pasar apuros y buscar desajustes del Athletic provocados por el ansia de marcar. La miopía en el último cuarto del campo era galopante. Sólo alguna acción aislada, como un disparo de Johaneko El partido languidecía como este verano que se nos va repleto de olas de calor. Si alguien no le prestaba un acento, al muerto sólo le quedaba recibir sepultura. A la hora de juego Terzic asumió la urgencia del electroshock. Y se desencadenó la madre de todas las tormentas, simplemente con la figura ciclópea de Sannadi y el talante revoltoso Berenguer. Un simple córner ya incendió la grada. Y no digamos con el disparo posterior de Yuri. La afonía del balón parecía corregirse en una acción de tipo vivo de Nico. Una de esas jugadas que tanto suele prodigar, anticipándose al defensa y cuando este trata de reaccionar, le toca y le derriba. Penalti muy protestado por los albiazules. Lo lanzó Sancet muy mal y se lo adivinó, a su derecha, Sivera. El movimiento de Terzic dejó a Galarreta solo sosteniendo el engranaje defensivo en medio campo. El alemán siguió metiendo leña de ataque, pero eso no sumaba en la balanza de ideas, el equipo se movió más con el corazón. Serrano, por ejemplo, tuvo un recorte y disparo que no entró de milagro en el tramo final. Nico lo intentaba de todas las maneras, hasta tratando de atravesar a una barrera de tres albiazules. La impotencia llegó a tal extremo que Areso vio una amarilla por protestar. Fue todo desesperante, porque un ‘acabador’ como Sannadi no recibió ni una para rematar. Otro de esos días en los que la gente sale de San Mamés exclamando: un punto y gracias.