Luis García Plaza cambia cada partido al encargado de dar la última arenga antes de saltar al césped para aumentar el sentido de pertenencia.

Muchas cosas han cambiado en el Sevilla esta temporada para que los resultados estén siendo de notable alto. La calidad de la plantilla principalmente, pero también la del banquillo, donde Luis García Plaza no solo está atinado con sus planteamientos y sus cambios. El técnico madrileño busca fortalecer al grupo con detalles aparentemente sin relevancia pero que propician que la gran mayoría de los jugadores se sientan importantes. Y la capitanía rotatoria a la hora de dar la última charla es uno de los ejemplos. Luis García Plaza informa al grupo justo antes de saltar al césped de quién va a dar la última arenga. Lo que suele ser labor de quien porte el brazalete, el Sevilla es una responsabilidad compartida. Así se obliga a los extranjeros a esforzarse por comunicarse en castellano con sus compañeros y a los canteranos a que pierdan la timidez que podría acompañarles en el salto al primer equipo. El mejor ejemplo es que contra el Valencia dio la charla Agoumé, en un más que decente español. Contra el Deportivo, Castrín, el único gallego del equipo y que volvía a su tierra. Y contra el Barcelona, Vlachodimos. La palabra familia es la más repetida en las charlas. Los resultados pueden ser causa y consecuencia del buen ambiente en el vestuario de Nervión y el sentimiento de unión generado. Hace un año, el vestuario también estaba con Almeyda, pero el método de unión que buscó el argentino fue el de bunkérizar al grupo ante las críticas del exterior. La plantilla de la pasada campaña era una de las de menor calidad de la historia del club y Almeyda señalaba constantemente esas críticas para encontrar un enemigo en la Prensa y sacar el orgullo de sus pupilos. Eso de puertas para adentro, claro está, ya que en público el Pelado se deshacía en bromas y reflexiones profundas con los periodistas que acudían a las homilías que recitaba en sala de prensa. Hasta alguna invitación a un asado hubo, sin que llegara a concretarse. Ahora todo ha cambiado y ha sido para mejor. El Sevilla gana más, la afición está más contenta, el vestuario más unido y el único enemigo es todo equipo que esté delante intentando que los sevillistas no sumen los tres puntos. Es la unión bien entendida que cultiva Luis García Plaza.