Ahora entiendo por qué el periodista inglés Robert Boyling tenía tanto empeñó en investigar quién fue el autor del primer gol oficial de la historia...

Cada uno tenemos nuestras taras. La mía tiene que ver con el éxtasis que acompaña al gol. Es la consecuencia de haber dedicado uno y que la destinataria, muerta de vergüenza, se marchase enfadada del estadio. Aún no he remontado. Desde entonces, miro las celebraciones con temor y lupa. Y hay que reconocer que, en la actualidad, el tema se nos está yendo de las manos. Mikel Merino, con su sencillez para lucir en esta Era de egos, me lo recordó. Una vez asimilados los festejos más locos (Maradona, fuera de sí, en USA 94), inolvidables (Iniesta para Jarque), repletos de sencillez (Schillaci), contagiosos (Roger Milla), heterodoxos (la cucaracha brasileña), polémicos (de Leandro a Fowler) y entre desafiantes y egocéntricos (Mbappé, Cristiano, Lamine…), ahora los tenemos sobre todo multiplicados. Y no por extensos son mejores. Pasan de la gracia al empacho. Raphinha, por poner el ejemplo del que más marca y sonríe, destaca por encima del resto con una curiosa coreografía en cinco pasos. Como si pusiera en valor que el éxito llega tras presión, robo, combinación, desmarque y fusilamiento. Lleva 14 goles y 70 fotos de portada. Ha decidido ser siempre el más intenso y su objetivo va más allá de hacer todo a la carrera. El pichichi, una vez que ha mojado, salta puño en alto como inicio de la performance. Tributo a su paisano Pelé. Después, imita a Narváez, el arquero. A continuación, señala con el dedo a su cómplice de turno. En una versión más solidaria del “me lo merezco” de Míchel. Más tarde, tras recibir uno por uno el cariño y las collejas de sus compañeros, da continuidad al apareamiento con una acción ensayada con su bro Yamal. De regreso a su campo, mira a su cámara para hacer de Spiderman como tributo a su hijo. Y, por último, mira al banquillo para hacer un guiño a su confidente alemán. El VAR, con sus caprichos interruptus, llega a hacer a veces de este show todo un videoclip. Es el único pero al brasileño. Ahora entiendo por qué el periodista inglés Robert Boyling tenía tanto empeñó en investigar quién fue el autor del primer gol oficial de la historia tras la invención de este deporte en su país en 1963. Hasta hace poco más de una década se creía que había sido Gershom Cox, del Aston Villa, el 8 de septiembre de 1888. Sin embargo, sus cruciales pesquisas determinaron que este encuentro de autos ante el Wolverhampton, que tenía que haber comenzado a las 15:00, realmente se inició con media hora de retraso y que, por tanto, su tanto en el 31’ fue a las 16:01. Así, el que marcó Kenyon Davenport a las 15:47 con el Bolton llegó antes. La versión conspiranoica podría determinar que el de Cox había sido en propia puerta, con más tragedia que celebración, mientras que el de Kenyon fue en la adversaria. Y ya se sabe, esta historia sólo podía comenzar con una alegría. Fútbol es ilusión. Desde entonces, hemos visto de todo. Futbolistas que se exceden en el júbilo (Cantona) y otros que ni se pronuncian por respeto (cosas de ex). Los que enseñan lemas y son multados por el gesto y no por el mensaje. Los que, como Bebeto, mecen a la familia. Los que mezclan política y deporte (de Di Canio a israelís que, con poca gracia, simulan disparos). Los que mandan callar (Raúl en el Camp Nou) o animan a chillar (Luis Enrique en el Bernabéu). Los que ayudan a que las gradas, literalmente, se vengan abajo (Palermo). Y los que han sido inmortalizados en estatuas (Di Stéfano ante el Vasas). Cómo de importante será esto del gol que LaLiga, en plena pandemia, decidió instalar una cámara específica en los fondos para que los futbolistas, sin aficionados a los que brindar sus gestas, se desahogasen con sus dedicatorias a todos los que permanecíamos atentos (y asustados) en casa. La FanCam es, desde entonces, el confesionario de goleadores con alma de cupido. Después de tres semanas de parón, Raphinha es capaz de convertir su hambre en breakdance. Ante ella ensayan la mejor de sus funciones. Hugo Sánchez hubiera disfrutado mucho. Y eso que la consolidación de esta innovación no fue nada sencilla. Tras copiarlo de la NFL, estábamos tan desentrenados que más de un jugador recibió una amonestación del colegiado al pensar que, en vez de mirar al objetivo, estaba desafiando a algún enemigo. Gerard Moreno da fe. Así, Messi estrenó el invento rindiendo pleitesía a Maradona con aquella icónica camiseta de Newell’s. Sólo por eso, ya mereció la pena el invento. El del gol y el de cada celebración.