

Hoy hace 17 años que Koke debutaba con el Atleti, esta que juega, su temporada 18 con el primer equipo. Un jugador que ha marcado a los niños viéndole.
Tal día como hoy de 2006 debutaba en el primer equipo del Atlético un canterano con 17 años, 8 meses y 11 días: Jorge Resurrección Merodio, Koke. Ese chico que 17 años después ahí sigue, sin moverse del Atleti. El segundo capitán más longevo (7 temporadas, a tres de las 10 de Collar) y el jugador que más veces ha vestido su camiseta, con 747, pulverizando la marca de Adelardo (553). La que ha comenzado es su temporada 18, como una mayoría de edad. Contabilizaba el club, cuando superó la barrera de los 165.000 socios en verano, que un 16% (26.400), eran niños de hasta 13 años mientras que un 30% (49.500) tienen entre 14 y 30. Todos forman una generación que solo conoce o guarda recuerdos de un Atleti: ese con Koke en el campo. Chicos, chicas, jóvenes afortunados, que ocho veces han ido Neptuno. Koke es el segundo futbolista de la historia rojiblanca con más títulos. Y, estos, los testimonios de la Generación Koke. El 28 de julio de 2003, seis años antes de que Koke debutara en el primer equipo, nacía Marina Díaz. “Desde que tengo memoria está presente en el Atleti aunque los capitanes fueran otros como Antonio López o Gabi”, dice, y se recuerda pegando sus cromos en el album de la Liga “desde bien pequeña”. De sus partidos, en la cabeza uno: “La final de Copa de 2013, cuando puso la bandera en el centro del campo. Estuve con mi abuela”. “Koke es un ejemplo de trabajo y constancia desde la cantera”, relata. “Representa la identidad del Atleti”, añade antes de poner la piel de gallina con lo que va a decir a continuación. “Siento orgullo de pertenecer a la Generación Koke, un jugador de los que ya no quedan. Siempre presente, dando la cara en los buenos momentos y en los no tanto. Tengo claro que, en el futuro, yo podré decir: yo vi jugar a Koke en el Atlético”, afirma con su sonrisa luminosa. Toda su carrera. Cuatro meses antes de que Koke debutara el 19 de septiembre de 2006 en el Camp Nou, el 16 de mayo, Mateo Martínez nacía en Cintruénigo, Navarra. “Koke es un jugador que emociona. Que eligió el escudo rojiblanco desde pequeño y hasta que se retire lo llevará, por eso nos representa a todos los que amamos al Atleti”, dice y su emoción traspasa el hilo del teléfono. Cuando Koke puso la bandera en el centro del Bernabéu, no lo recuerda. Claro, el día anterior había cumplido seis años, edad en la que los recuerdos aún son difusos. Pero sí la Liga de 2021. Koke, ya capitán, le puso la bandera a Neptuno: “Ha hecho que los demás sintamos el escudo como familia”. Porque más allá de los títulos o de su “espléndida visión de juego”, lo que más orgulloso hace sentir a Mateo de formar parte de esta Generación Koke, es que ha crecido “con un jugador que ha hecho fútbol la lealtad al escudo”. Cuando Diego Pasamontes nació, Koke ya estaba ahí. Fue un 11 de febrero de 2014, a meses de que el Atleti ganara la primera Liga con Simeone de entrenador. Koke, por cierto, el único superviviente de aquella plantilla, el único que queda. “Mi primer gran recuerdo del Atleti es el último partido de la Liga de 2021”. Y ahí estaba ya Koke también. “Me fijo mucho en él. Por cómo se mueve y reparte el balón. Sigue jugando como cuando era joven”, expresa con una madurez pasmosa desde su habitación decorada por completo en rojiblanco. Se llama Diego, por cierto, en honor al Cholo. “Tener un jugador como Koke en el equipo es como tener un título. Nos representa: ama el escudo como lo hacemos los que estamos en la grada”, añade. “Yo solo pido que, cuando se retire, siga en el Atleti. Como presidente, como entrenador, como lo que quiera, pero que siga”. Diego a sus 12 años ya no se puede imaginar un Atleti sin Koke. Keko Gontán ríe al recordar aquella anécdota con Luiz Pereira en el Atlético B de 2009. “Keko-Koke-la misma mierdaaa’, solía decirnos, de buenas, siempre en broma”, carcajea desde California, donde es coordinador y técnico de las categorías inferiores del San Diego Sockers Youth. Y es que, en aquellos años, mediada la década del 2000, sus nombres casi iguales se repetían a menudo cuando alguien hablaba de los canteranos sobre los que poner el ojo en el Atleti. “Yo soy un año mayor, de 1991, pero cuando Koke entró en la cantera lo hizo en mi equipo, Alevín de segundo año, porque de primero no había y, para no perderle, se les hizo hueco a él y a Borja Bastón, aunque fueran de primer año”, relata. Entonces a Koke ya se le veía. “Siempre ha sido el mismo jugador. Un futbolista con mucha tranquilidad, buenas decisiones y una técnica limpia. Una manera de ser y jugar que da mucha estabilidad a un equipo”. Porque Koke nunca ha sido el que más físico ha tenido, el más fuerte o el más rápido. “Pero siempre ha sido un 8 en todo. Y sabe anticiparse a la acción para no tener que sufrir físicamente”, señala. Y otro detalle para Keko engrandece a Koke, su compañero de habitación cuando ambos empezaron a entrar en las convocatorias del primer equipo. “Es un tío humilde, sin ego, que siempre suma, trata de ayudar a todos y nunca habla mal de nadie”. Y eso, en un vestuario, es oro. Keko estaba en el Camp Nou con el Atleti aquel 16 de septiembre de 2009. “Pero yo me quedé en la grada. Recuerdo que fue un día muy difícil, con Messi en su prime”. El Barça ganó 5-2. Para la historia quedó Koke. Luis Miguel Benito Rodríguez conoce bien al Atleti sin Koke por eso está orgulloso de que en la cabeza de sus tres hijas, Malena, Mara y Belén esté sobre todo el Atleti con Koke. Nacido el 30 de julio de 1971, es socio abonado desde hace 46 años y, con un número 1.800, ha visto otros Atletis muy diferentes al que solo recuerda la Generación Koke. “Es un jugador que, cuando se retire, merece una estatua. Y ya no solo por los títulos, por el carácter o los años que lleva: solo por la fidelidad al Atleti”. Y en su caso solo levantaría otras tres al lado de la de Luis: a Futre, al Cholo y a Koke, por supuesto. “No se le recuerda una mala palabra. Ni contra un rival, equipo o afición y, aún así, le han maltratado, le han ninguneado. Que se ha dicho que no valía para la Selección o que, con Koke, el Atleti jugaba para atrás..., y la única realidad es que lo que tiene es una brújula en el pie”. El Atleti es un sentimiento que, en esta casa de Medina del Campo, ha pasado de padre a hijo, de abuelo a nieto. El último es el primero en hablar, Martín: acaba de cumplir 10 años. “Es una leyenda”. En su cabeza, ya la Liga de 2021 aunque solo tuviera cinco. “Tanto para mi hijo como para el resto de niños del Atleti, es un espejo en el que mirarse. Un niño del Atleti que consigue el sueño que todos hemos tenido: jugar en tu equipo y estar toda una generación”, quien ha hablado es su padre, Félix, nacido en 1986, que vivió un Atleti muy distinto, sin apenas viajes a Neptuno. “Aquellos tiempos tenía envidia de otros clubes por sus one club man, un Puyol, Totti, Giggs...”. Ya no. Ya eso es Koke. “Le daremos más magnitud cuando no esté”, señala. A Koke, ese jugador que le ha devuelto al Atleti la grandeza de los recuerdos de otro Félix, el abuelo. De 1955, en la mili le dieron un cintazo por cantar el gol de Luis al Bayern en la final de Champions de 1974. “Koke ha llegado a ser una institución a la altura de los jugadores que yo vi”. Los Adelardo, Luis, Gárate que marcaron su generación como, a la de su nieto, lo ha hecho Koke.
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