

El técnico tiene plenos poderes más allá de su labor en el banquillo, lo que le convierte en una especie de Ferguson o Wenger para el club blanco.
Mourinho tiene muchos frentes abiertos en su regreso al Madrid. El portugués ocupa una posición que trasciende al banquillo, es un hombre de club en el más amplio sentido de la palabra: “He venido a trabajar ‘para’ el Madrid, no ‘en’ el Madrid”, enfatizó tras su llegada. Y él mismo ha verbalizado las líneas de su nueva posición. “En mi caso, no se trata sólo de entrenar y jugar. El trabajo de un entrenador, desde mi punto de vista, es mucho más global, tiene mucha más influencia en la construcción de un club... en este caso, en la parte del fútbol de un club (el Real Madrid). No se trata de propiamente entrenar, elegir quién juega, jugar, hacer cambios... Eso es poco para mí. Es muy básico”, dijo antes del derbi. El banquillo se le queda corto, su responsabilidad es mucho mayor. Nunca un entrenador ha tenido tanto poder (o responsabilidad) en el Real Madrid como el que aglutina ahora Mourinho, al estilo de lo que fue Ferguson para el Manchester United o Wenger para el Arsenal. Todo, amparado por Florentino Pérez. No en vano, Mourinho es el único entrenador de los 23 años de presidencia de Florentino que no ha sido cesado por él. Se fue tras tres temporadas, en 2013, de mutuo acuerdo… Se fue, en realidad, porque quiso… podría haber seguido. Entre las áreas de influencia de Mourinho en la sección de fútbol del Madrid y más allá del banquillo, está la portavocía del club, ser el nexo de unión entre la cantera y el primer equipo, la gestión de los recursos humanos del personal vinculado al primer equipo en Valdebebas y, lo que es fundamental, la supervisión de la estrategia en el mercado de fichajes. El giro del Real Madrid tras la llegada de Mourinho ha sido evidente. En temporadas anteriores era impensable que el club invirtiera en jugadores que rondaran los 30 años, como ha sido el caso de Dumfries (30), Konaté (27), Cucurella (28) o Bernardo Silva (32). En este sentido, el técnico vio un déficit de garra y competitividad, o de oficio, en una plantilla en la que había muchos jugadores con un gran futuro, pero sin apenas presente (Mastantuono, Endrick, Güler, Carreras, Huijsen…). Y el portugués ha querido completar esa proyección con hombres que rindan desde el minuto uno como los fichados esta temporada. Mourinho siempre ha sido un maestro en la difusión del mensaje y, visto lo visto, ahora en su madurez es mejor aún. Pausado, sin grandes aspavientos, pero contundente. Florentino ha encontrado por fin a la persona que puede defender con coherencia la lucha emprendida por el club desde hace tanto tiempo, una lucha que ha sido refrendada por la gravedad del caso Negreira, en el que aún no se han depurado responsabilidades. Las dos jugadas de Kang-In y el Cuti Romero en el derbi, cuyas expulsiones fueron personadas por colegiado y VAR, pusieron a prueba al portugués… y no defraudó. El club le ha dado plenos poderes en este sentido. Mourinho ha vuelto a hablar antes y después de los partidos sistemáticamente. En el Benfica, por ejemplo, había dejado de hacerlo siempre. El hecho de que Mourinho pase muchas noches en Valdebebas aunque tenga casa en Madrid le acerca mucho a La Fábrica. No sólo a los trabajadores que pulen a las perlas del club, sino también a los propios chavales, a los que conoce personalmente y trata a diario. Mourinho siempre ha sido un amante de la cantera. En su primera etapa (en tres temporadas) hizo debutar con el primer equipo (aunque algunos, de manera testimonial) casi hasta 30 futbolistas, aunque sólo a 17 de ellos en partido oficial. Nombres como Juan Carlos, Diego Llorente, Adán, Sarabia, Alex Fernández, Mejías, Jesús Fernández, Joselu, Jesñe, Casado, Sherychev, Casado, Mendes, Pablo Gil o Mascarell fueron exhibidos por el técnico portugués… De todos ellos, Nacho y Morata terminaron echando raíces y siendo importantes. Ahora Mourinho elogia la gestión de Manuel Fernández. Hay jugadores como Thiago Pitarch (o antes Gonzalo) que se han asomado con fuerza al primer equipo y, más allá de eso, el club ha recaudado en la pasada ventana más de 200 millones de euros por ventas de canteranos. La conexión entre ambos es total y Mourinho sigue una línea: de nada sirve hacer debutar a un canterano dos o tres minutos si no se sigue apostando por él. “Deben ser movimientos con coherencia”, suele decir. Mourinho está muy presente en la Ciudad Deportiva, también para todos los trabajadores, ante los que se muestra muy cercanos. Ha intentado elevar la cultura del esfuerzo en Valdebebas imponiendo ciertas normas como el adelanto de la llegada de los jugadores del primer equipo al centro de entrenamiento o mejorando los hábitos relativos a la nutrición, el tratamiento de las lesiones o implementando los castigos por llegar tarde. Todo, el pro de la competitividad y para favorecer que se mida a todos los jugadores de la plantilla por igual. Mourinho ha metido el bisturí, en realidad, en todo lo que rodea al jugador. Ha fomentado la unión, el buen ambiente de trabajo y la cohesión del grupo, encontrando así la fuerza para alcanzar los objetivos. Todas estas áreas en las que se nota la mano de Mourinho y la gran influencia que el técnico tiene en todas ellas es donde Florentino encontró la explicación, o al menos en parte, a las seis Champions que el equipo levantó desde que él se fue en 2013 (habiendo llegado a tres semifinales de manera consecutiva. “Después de cada éxito, el presidente me llamó….”, reveló Mou, quien ahora tiene plenos poderes en su segunda etapa.
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