

El jugador en cuestión quiso y quiere permanecer en la sombra, que su gesto sea de gratitud hacia el trabajo de los que considera compañeros de viaje.
A veces el dinero no lo es todo en el mundo del fútbol. El ejemplo lo tenemos bien cerca y lucirá dos estrellas en su pecho el próximo sábado en Wembley. Un campeón del mundo ha renunciado a su prima por el triunfo en el Mundial y la ha cedido a los empleados de la Federación, por el trabajo bien hecho. La Selección española levantó al cielo de Nueva York el título de campeona del mundo el pasado 19 de julio. El planeta fútbol se rindió a los pies de los futbolistas dirigidos por Luis de la Fuente, por su fútbol y por la manera de entender la convivencia, eso que en el mundo del deporte se llama ‘hacer grupo’. La concentración para la preparación de la cita norteamericana se inició casi dos meses antes, en los primeros días de julio. Para que todo estuviera en orden y preparado, tras jugadores y técnicos estaba (y sigue estando ahora) un amplio grupo de trabajadores de la Federación. El éxito pertenece, evidentemente, a los futbolistas, pero también hubo trabajadores anónimos que contribuyeron de la mejor manera posible a que el grupo funcionara. Federación y jugadores llegaron a un acuerdo para el reparto de primas o premios, en función de lo que fuera consiguiendo la Selección durante su participación en el Mundial. Más tiempo en Norteamérica suponía más dinero para jugadores y técnicos, proporcional al aumento de lo que la Federación recibía de la FIFA en forma de premios por ir superando rondas y ganando partidos. El total llegó a los 50 millones de euros aproximadamente. En virtud del acuerdo alcanzado, cada uno de los 26 futbolistas sabía que recibiría, como recompensa por levantar la Copa del Mundo, un premio cercano al millón de euros. La sorpresa llegó en la Ciudad del Fútbol, cuando uno de los campeones del mundo decidió renunciar a su prima para que esta fuera a parar a los empleados de la Federación. El jugador en cuestión quiso, y quiere, permanecer en la sombra, para que su gesto sea de gratitud hacia el trabajo de quienes considera compañeros de viaje: los empleados que siempre hay detrás de un equipo de fútbol, y más cuando se habla de casi dos meses de concentración. El gesto muestra que el grupo que ha formado Luis de la Fuente va más allá de la lógica del fútbol actual. Evidentemente, el Mundial se ganó sobre el verde y demostrando superioridad de principio a fin, pero para ello había elementos que debían funcionar de manera imprescindible, y eso estaba en manos de los empleados de la Federación, que dieron ejemplo durante todo el torneo con el único argumento de ser campeones del mundo, además de la motivación de su sueldo. Semanas después ha llegado un gesto que dignifica al deporte, al fútbol y a la convivencia. Como es lógico, todo se ha llevado a cabo cumpliendo la más estricta legalidad.
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