

16 años, dos eras y un mismo ADN: la radiografía táctica y humana de las dos selecciones que conquistaron el planeta.
La Selección estrena ante Inglaterra su segunda estrella en el pecho que le acredita como bicampeona del mundo. Un éxito logrado de manera brillante con un estilo de juego muy definido y con una filosofía que evoca a sus predecesores en 2010. Porque existen muchos paralelismos entre aquella España entrenada por Vicente del Bosque y el equipo que ahora dirige Luis de la Fuente. Con 16 años de diferencia, los jugadores no son los mismos, el fútbol ha evolucionado, los caminos hacia la gloria han sido diferentes... pero la esencia parece seguir siendo la misma. “Siempre tendré a Vicente del Bosque como a un maestro”, repite Luis de la Fuente cada vez que se le compara con el técnico que llevó a España a su primer Mundial. Y es que ambos parecen tener un libro de estilo parecido en el que, por encima de cualquier detalle táctico o futbolístico, han dado a la gestión de la persona una importancia enorme. La construcción de un grupo con fuertes vínculos parece haber propiciado que el éxito no llegue como algo puntual, sino que han sido capaz de alargarlo en el tiempo. Si Del Bosque afianzó el grupo ganador que dejó Luis Aragonés para completar un triplete inolvidable de Eurocopa-Mundial-Eurocopa, De la Fuente ha sido capaz de enlazar otros tres títulos en su etapa: Eurocopa-Nations League-Mundial. Las dos Selecciones han apoyado su juego en dos centros del campo legendarios, aunque con una forma de jugar diferente. Aquellos genios bajitos de Del Bosque tenían un ancla como Busquets, un motor en Xabi Alonso, la clarividencia de Xavi y la chispa de un Iniesta que se sumaba a la creación. Para muchos, el mejor mediocampo de la historia, capaz de desgastar al rival con posesiones interminables que dieron lugar, antes de que el término se difuminase, en el admirado tiqui-taca. La sala de máquinas de De la Fuente es diferente, con un solo mediocentro puro ejerciendo de faro como Rodri, un superdotado capaz de ocupar mucho campo y ser referencia de la destrucción y la creación. El papel de Fabián (o de Pedri) casi como interior y el de Olmo haciendo labores de mediapunta fueron claves en una forma de jugar en la que el balón acelera cada vez que pasa por sus pies. La solidez defensiva fue la base de los dos éxitos. La mezcla perfecta de Piqué-Puyol en el centro con dos laterales tan complementarios como Ramos y Capdevila parecía tener poca comparación hasta que la juventud de Cubarsí y la experiencia de Laporte dieron una exhibición este verano junto a dos brillantes escoltas como Porro y Cucurella. Aunque donde más similitudes se aprecian es en la portería. La figura de Casillas y Unai Simón tienen bastantes paralelismos: dos metas veteranos (ambos jugaron la final con 29 años), con amplia experiencia internacional y la confianza ciega de sus seleccionadores. Casillas era el capitán e indiscutible portero de España, mientras que Unai tuvo que sobrevivir a un debate inicial sobre su idoneidad, que el del Athletic se encargó de disipar con una actuación histórica y un récord de imbatibilidad. Los dos tantos que encajó Casillas en 2010 y el solitario gol que cedió Unai Simón el pasado verano es el mejor ejemplo de la seguridad que los dos porteros transmitieron en los dos éxitos. El Mundial 2010 tuvo un nombre propio en la Selección: David Villa. El delantero asturiano firmó una actuación antológica sin la que sería imposible explicar que España levantara la Copa del Mundo. La presencia de Iniesta en el último pase, los chispazos de Pedro en la banda, la labor de Fernando Torres... acompañaron a un delantero que firmó una actuación antológica. Una figura que en 2026 encarnó Oyarzábal casi por sorpresa. El de la Real ya había demostrado su capacidad en la Eurocopa, pero su papel en el Mundial fue enorme. Calcó los números de Villa (cinco goles y una asistencia) y ganó en importancia aprovechando los huecos que generaban la obsesión de los rivales por atar a Lamine Yamal y la movilidad de Baena. Todo, con un Ferran que supo adaptarse perfectamente a un papel secundario donde supo brillar y que le llevó a conseguir el gran premio de anotar un gol ya eterno en la historia del fútbol español.
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