

Vinicius está en su peor arranque desde la pandemia: sólo un gol en los ocho primeros partidos. Asume lo irrefutable y quiere levantarse. El club le arropa.
Resumido en dos palabras: minha culpa. La expresión de autocrítica ante una situación que no tiene letra pequeña. Es lo que hay. Lo saben todas las partes, incluida la implicada. Vinicius no está bien. Y no sólo eso: está muy lejos de su mejor versión. Es un asunto que trasciende lo físico. Carece de esa chispa que es incendio en los extremos. Han sido semanas delicadas para él. Y lo asume. Porque Brasil, lejos de sanar, transmite continuidad. En el primer partido frente a Australia no firmó ningún regate (en 65′) y ayer, en el segundo, uno de cuatro (82′). Cifras antónimas de Vini. Del de hace varias temporadas. El presente invita a la autocrítica, para mirar al futuro. Así que todo se construye desde esas dos palabras: minha culpa. “No está en su mejor momento”, reconoce el propio Ancelotti. Verbalización de un vox populi. Vinicius es el cuarto del Real Madrid en minutos (652′), sólo por detrás de Valverde (654′) y los dos que lo han jugado todo: Courtois y Mbappé (720′). Un rol de protagonista que no se sincroniza con su rendimiento: sólo lleva un gol en ocho partidos. El 3-1 a la Real Sociedad, en la segunda jornada. Un partido en el que firmó el 50% de sus participaciones en dianas esta temporada: también dio una de las tres asistencias que acumula. Esas son sus cifras, hasta ahora. Hasta el superparón. Y el espejo refleja lo que la física ordena. Es su peor promedio desde la temporada de su debut. Aquel 2018-19 sólo jugó 3′ en los ocho primeros partidos. Aún estaba en fase de adaptación. Tenía enmienda a la totalidad. Fue un año después cuando llegó al octavo partido con sólo una diana, pero en 310′. La mitad que ahora. Desde entonces, el rendimiento ha estado varios escalones por encima. Su mejor arranque fue en la 2021-22, con un gol cada 117′. El peor, sin contar sus dos primeros años, fue en la 2023-24, curso con un matiz: se lesionó en Balaídos, así que sólo jugó cuatro de los ocho primeros partidos. Salta a la vista sin necesidad de un profundo bisturí. Vinicius atraviesa un momento muy delicado. En el club le arropan, empezando por Mourinho: considera que es una pieza fundamental en su proyecto y le va a mantener mucho tiempo. Mucho, mucho más del que le está manteniendo. Para The Special One, ni caso a los que dicen que hay caso. Y desde el club se responde con una comparativa que minimiza la temperatura de la inquietud: ha recibido 23 faltas (por las 8 a Lamine Yamal), ha perdido 91 balones (por los 130 de Lamine Yamal) y no ha completado 16 regates (por los 20 de Lamine Yamal). Es más difícil replicar, claro −y amén de esa comparativa−, a los números efectivos: Lamine Yamal lleva ocho goles. La otra cara de la moneda. Como tampoco termina de salir de cara, de salida, la ventana internacional. Brasil no pasó del empate −y por un gol de Rayan en el 95′− contra Australia en el primer partido. Uno de sinsabor general, en el que Vinicius volvió a pasar de puntillas. Jugó 65′ y en ese tiempo no firmó ningún regate, tres pérdidas y dos tiros a puerta... sin pólvora. Se le volvió a ver más lento de lo que debería. Mucho menos Galáctico. Y ayer, en el segundo, sólo un 25% de acierto en regates y un tiro a puerta. Eso sí, de los que sirven para cicatrizar: gol de penalti. Todo suma. Vinicius es el primer consciente de esta situación. Que su rendimiento ha bajado tanto que bien pareciera un desplome. Que hay voces, incluso, defendiendo que Diomande debe jugar por delante. En su banda. Y no son pocas. Que sí hay caso. Ante esa marejada, autocrítica. Y apoyo de quienes le rodean. Como se ha venido contando, Mourinho tiene claro que quiere mantenerle. Apostar, apostar y volver a apostar. Le tiene una fe que casi se podría catalogar de ciega. Incondicional. Y la mentalidad es que se hallen las herramientas adecuadas para que Vinicius recupere su mejor versión. Que está muy lejos de lo actual. Lo que sí chirría a Vinicius es el sentimiento de que los silbidos se centran demasiado en su figura, cuando está fallando todo el colectivo. Ese feeling de vivir bajo un ojo de huracán es de difícil respiración. Pero tanto Mourinho, como sus compañeros, le apoyan. Y él hace autocrítica ante lo que salta a la vista. Que lleva dos años muy, muy por debajo de la expectativa. Que le toca redimirse. Menos ruido y más nueces. Todo se resume en dos palabras: minha culpa.
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