

Una nueva ilusión se ha despertado especialmente entre el zaragocismo más joven, en aquel que nunca ha visto a su equipo campeón o en Primera División.
Después de seis años de derrumbe continuado y de un descenso por abandono a los infiernos de la Primera Federación, el Real Zaragoza –nueve títulos y un millón largo de seguidores- ha dejado de avergonzar a sus más firmes partidarios y una nueva ilusión se ha despertado especialmente entre el zaragocismo más joven, en aquel que nunca ha visto a su equipo campeón o en Primera División. Las victorias siempre han sido en el fútbol el mejor banderín de enganche y producen un indudable contagio de izquierda a derecha y de arriba abajo, pero el equipo de Ibai Gómez, además de por su liderato, se está metiendo a la afición del Zaragoza en el bolsillo por su fe irreductible en el triunfo, por creer hasta el último segundo de cada partido y por no bajar nunca los brazos, como sucedió anoche en Alcalá de Henares al igualar en el descuento dos goles de desventaja frente al Atlético Madrileño. Y aunque el equipo está en Primera Federación y todo hay que ponerlo en contexto, esa fatalidad que últimamente había alcanzado de lleno al club aragonés está dando paso a un estado de ilusión entre su joven guardia y de creciente optimismo entre sus aficionados de solera. El ‘Ahora más que nunca’, lema de la campaña de abonados de esta temporada, tuvo una respuesta inmediata y el Real Zaragoza se plantó en el inicio del campeonato con 23.500 socios, más que el curso pasado en Segunda División, un activo extraordinario para la categoría, una fiel infantería que está convirtiendo en una pequeña fiesta cada cita en el Ibercaja Estadio –en dos de los tres partidos disputados en casa se ha agotado el taquillaje- y los desplazamientos, sea a Tarragona, Torremolinos, Ibiza o Alcalá de Henares, están siendo masivos y, por ejemplo, ya se han vendido en Zaragoza mil entradas para el encuentro del viernes 23 de octubre frente al Europa en Barcelona. Para el viejo aficionado del Zaragoza, aquel que pudo disfrutar varias veces de épocas de vacas gordas, de grandes futbolistas y de títulos españoles y europeos, ésta es una temporada de riguroso luto, a la espera de que el equipo logre el ascenso directo a Segunda, como primer paso de una remontada final y definitiva a Primera División, pero por el camino siempre conviene disfrutar de las victorias y ser directamente partícipe de ellas, animando y aplaudiendo, exigiendo, pero guardando la mirada más crítica para tiempos mejores. El Zaragoza y el zaragocismo se habían acostumbrado a perder, a no dejar de caer y caer, y quizá ahora estemos en el inicio de un renacimiento que en pocos años lleve al club aragonés, próximo a su centenario, a reverdecer laureles. Una nueva ilusión se ha despertado.
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