

Inteligente para anticiparse, contundente en los duelos y ovacionado por la afición. Ganó 8 de los 9 duelos que disputó y no le regatearon ni una sola vez e
Cristian Romero no es el más rápido de la zaga del Atlético, pero rara vez necesita serlo. Su fútbol defensivo empieza antes de que el rival reciba. Lee la jugada, interpreta el movimiento y decide dónde tiene que estar. Ante Osasuna, en su primer partido como titular en el Metropolitano, volvió a dejar una muestra de por qué Simeone lo quería para convertirse en el nuevo jefe de su defensa. La acción del minuto 39 resume bien su manera de jugar. Raúl Moro recibió con metros por delante y parecía tener espacio para atacar a la defensa rojiblanca. El central no se precipitó. Esperó, midió el momento y apareció para cortar la jugada con la inteligencia de quien ya había leído lo que iba a suceder. No siempre gana el duelo el que corre más. A veces lo gana el que llega antes porque ha pensado antes. Esa es una de las grandes virtudes del Cuti. Sus números explican también su influencia. Terminó con cuatro recuperaciones, tres despejes y tres entradas, todas ganadas. Venció los cinco duelos que disputó por el suelo y tres de los cuatro aéreos. No fue regateado en ninguna ocasión y completó 54 de sus 60 pases, un 90% de acierto. También probó fortuna desde lejos, en el 61, su disparo obligó a Aitor a emplearse a fondo y acabó provocando un córner que posteriormente terminaría desembocando en el tercer gol rojiblanco. Pero más allá de la estadística está la sensación. Cada vez que Osasuna encontraba un resquicio, aparecía Romero. Una cobertura, un choque, una anticipación, un despeje. Fuerte, duro y concentrado. Incluso Simeone celebró desde la banda sus acciones defensivas. “Son dos años que estamos detrás de él. Tiene mucha personalidad y jerarquía y lo necesitamos tal cual lo ven. Vino para ser importante en el club y en el equipo”, afirmaba el técnico cuando le preguntaban sobre qué significaba contar con el Cuti en su equipo. Su influencia también se ha dejado notar en la recuperación defensiva del equipo. El Atlético venía de encajar ocho goles en sus cinco primeros partidos oficiales, el peor comienzo defensivo de la era Simeone, y después de la portería a cero de Anoeta volvió a cerrar el partido sin recibir. Dos partidos consecutivos sin encajar que coinciden con una mayor presencia de Romero en el eje de la defensa. El Metropolitano pudo conocerle de primera mano. Romero fue uno de los primeros en abandonar el campo en la segunda mitad y, en el 68, dejó su sitio a Marc Pubill. Se marchó ovacionado por la grada, después de una actuación que explicó mejor que cualquier presentación qué clase de central ha fichado el Atlético. Cuando llegó al Atlético, Romero habló de su deseo de “dejar grabado mi nombre en la historia del club”. Lleva poco tiempo como para saber hasta dónde llegará. Pero hay algo que ya empieza a quedar claro. El Atlético tiene un nuevo jefe atrás.
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