

El alemán se elevó por encima de una noche repleta de protagonistas con su festival de carreras, diabluras y una sonrisa magnética que ya empieza a conquist
Salvo milagro, Adeyemi no será nunca Ronaldinho en el imaginario del barcelonismo, pero la gente que sonríe no sobra en ningún sitio. Y a este alemán de raíces nigerianas y rumanas le sobra flow. No era fácil ser la estrella de un partido en el que João Cancelo (impresionante la gestión de Mendes y Deco, que lo sacaron gratis de Al Hilal) marcó dos goles de bandera, Raphinha hizo un hat-trick y Gabriel Jesús volvió a coger el teléfono para hacer la llamada del gol. Hubo protagonistas hasta para mal. Joan García se lesionó, Szczesny firmó un error grotesco (¿tal vez el último en el Barça?) y Lamine se equivocó en un penalti, aunque el ‘10’ se quitó el mal sabor de boca al final. Pero sobre todos se elevó Karim Adeyemi con un festival de carreras, diabluras y arabescos que se unieron al intento de escorpión y su golazo contra el Levante. Todo, con esa sonrisa magnética que hipnotiza a los jóvenes. Resultó curioso ver a Gordon serio en el banquillo, como si el carisma del exjugador del Dortmund hubiese enterrado el impacto de los primeros días del inglés en Barcelona. Son momentos. Y ayer era el partido de Adeyemi, que acabó como una moto. Así va el Barça también: 28 goles en seis partidos. El Racing puso facilidades ayer, pero las noches así no se aprovechan solo para ganar. También para divertir. Y, de momento, en esta Liga nadie hace eso mejor que el Barça de Flick.
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