

Un golazo del extremo en el descuento da la victoria a la Real ante un Valencia que peleó hasta el final por el ímpetu de Otorbi, Mayol y Aimar.
Entre Ander Barrenetxea y Álex Remiro le amargaron la noche a los chiquillos de Óscar Sánchez. El extremo con un derechazo en el descuento que ponía el 2-3, el guardameta con un paradón de fotografía que privó a los Aimar Blázquez, Aaron Mayol y David Otorbi de ser plenamente felices. Ellos, al menos los dos primeros, son el legado que deja Óscar Sánchez en sus dos partidos de interino. En cuestión de horas arranca la era Javier Aguirre. Lo hace con el Valencia en descenso. La Real Sociedad toma aire a base de golazos. El Valencia es un equipo capaz de hacerse trampas al solitario. Si alguno pensaba que lo de Mendizorroza era una borrón y cuenta nueva; si alguien creía que su único mal era Carlos Corberán; si alguien considera que la misión de Aguirre es otra que lograr la permamencia... que vuelva a ver repetida la primera parte y seguramente empiece a hacer cuentas más mundanas. Y no, no es que el efecto Óscar Sánchez se agotara contra el Alavés. De hecho sus decisiones cambiaron el partido tras el descanso (la salida de Otorbi fue clave, la de Aimar Blázquez pudo ser decisiva). Pero este Valencia, se llame el del banquillo Carlos, Óscar o Javier, tiene lagunas y un equipo como la Real, a pesar de que los donostierras tampoco están para tirar cohetes, se las hizo pagar. El gol de Sucic, un golazo, puso las cosas en su sitio en la primera mitad; con un Valencia perdido como Guido y Ugrinic y una Real a la que le faltó pegada para marcharse al descanso con el partido prácticamente resuelto. Hasta 14 remates hicieron a Dimistrievski, clarísimos dos de Oyarzabal, uno de Carlos Soler y otro de Jon Martin. De vestuarios el Valencia regreso con otro talente, el que le dio Óscar Sánchez adelantando líneas, y con otra velocidad, la que le metió Davi Otorbi, Aaron Mayol firmaba su semana fantástica con un golazo. El tiempo dirá cuánto le va a dar este chaval a Óscar Sánchez. Él ha hecho que su vida cambie. Al menos Javier Aguirre ya sabe que existe, que no es poco. La Real Sociedad devolvió el golpe. Guerra cometió penalti sobre Herrera y Carlos Soler no perdonó. A Mestalla, que lo recibió con aplausos, no le gustó que fuera él quien lo lanzara. Por ello, aunque no lo celebró, a partir de ahí la afición le criticó. Soler solo hizo su trabajo, la verdad. Pese al mazazo, el Valencia no desfalleció y Óscar Sánchez tiró de otro de los suyos: Aimar Blázquez. Él ‘forzó’ a que Beitia se hiciera un autogol (un gol con suspense por el VAR) y él estuvo apunto de firmar el 3-3. Pero ahí apareció Ramiro e hizo valer el zapatazo de Barrenetxea.
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