

Más de 3.000 peticiones tras el Mundial, cheques en blanco o la intrahistoria de la renovación. AS radiografía el «boom» de Luis de la Fuente.
Hay figuras que se construyen desde la excepcionalidad, desde la distancia, desde un pedestal. Sobre todo en el espectro público. Y luego otras antónimas. Quizá no tantas, y por eso la naturalidad y la cercanía sorprenda en exceso. Ahí se enmarca Luis de la Fuente. “Podría ser tu vecino del quinto”, dicen a AS quienes trabajan con él día a día, codo con codo. Y parece una frase sin más, pero es la simpleza para definirlo. De hecho, quizá hay una frase, suya en este caso, que le sintetice aún mejor: “Me sorprende que sorprenda que la gente me diga que soy normal”. No es un trabalenguas, sino su realidad. El triunfo de la normalidad. Y eso es algo excepcional. Quienes radiografían a Luis son algunas de las personas que mejor le conocen. Gersh, su agencia de representación. “Su otra familia”, sonríen en conversación con este periódico. “Así nos hace sentir”. Álvaro Torres, su agente. Diego Ballesta y Enrique Martín, encargados de marketing. Álvaro Montero, de comunicación. Un póker de confianza del seleccionador que son mucho más que trabajadores. “Toda la información fluye”. Y todo se debate. Las decisiones, las ruedas de prensa, los contratos de imagen. O ese nuevo contrato que le une a la Selección hasta 2032. “Luis tiene las ideas muy claras, pero al mismo tiempo, se deja asesorar. Sabe escuchar, se fía mucho de mi criterio. Hace extremadamente fácil el trabajo”, destaca Álvaro Torres. Por eso esa extensión contractual fue tan sencilla. “Claro que hubo interés de clubes y de otras selecciones, es normal con un campeón de todo. Ocurrió tras la Eurocopa, aún más en el Mundial”, contextualiza. Especialmente intensos fueron los golpes a su puerta tras la exhibición ante Francia. Pero hasta ahí. “No quisimos que esos intereses se convirtiesen en oferta formal ni en negociación”, continúa. ¿Por qué? De nuevo sencillo. “Luis siempre me marcó una idea muy clara: ‘Álvaro, yo quiero estar en la selección de mi país mientras quieran contar conmigo. Entrenar a España es lo máximo’. Y cuando tu representado tiene tan claro dónde quiere estar... Y todo es más fácil aún cuando compartíamos criterio al 100%”. Y con esa premisa clara, el resto fue rodado. La RFEF quería que Luis continuase y Luis quería continuar. “Ya en la fiesta de Madrid, el presidente Louzán habló con él y conmigo para trasladarnos su interés en ampliar y mejorar el contrato, porque se lo merecía. ¿La respuesta de Luis? ‘Presidente, adelante. Y así fue. Un entendimiento inmediato entre Rafael Louzán, Álvaro de Miguel, secretario general, y Gersh, hicieron el resto. Porque su deseo siempre ha sido el mismo, seguir en la Federación. Con el mismo ánimo y los mismos valores que hace 13 años, cuando aterrizó en la que hoy siente como su otra casa. “No ha cambiado nada, nada”, dicen Ballesta y Martín. Y podría haberlo hecho. “Sobre todo después del Mundial. Todo el mundo quiere tocarle, agradecerle”. Y él se para con todos. Para muestra, una anécdota: “Un día iba al dentista y el taxista le dejó casi en la puerta. Nos dijo que no pudo subir. Estuvo dos horas parado con la gente y se le hizo tarde”. Álvaro Montero sonríe con otro recuerdo: “A veces cuando vamos por la calle le piden vídeos, por los valores que proyecta. Y nada, ves al seleccionador que acaba de ganar el Mundial con el móvil de un señor, grabando un vídeo para el hijo: ‘Oye, estoy aquí con tu padre.. estudia, eh. Juega al fútbol, pero estudia’. Le sale de manera natural”. Y concuerdan sus compañeros: “Es feliz al hacer feliz a la gente”. Pero claro, es imposible atender a todo lo que le llega. “El efecto Mundial y la segunda estrella ha sido devastador”. Peticiones, peticiones y más peticiones. “Te descuidas y llegan 15 correos nuevos”. Y es que después del 19 de julio han llegado más de 3.000 peticiones. De todos los colores. Municipios para dar el pregón, colegios, fundaciones, podcasts, universidades, premios, charlas, empresas... “Tendríamos que estar un año y medio yendo a todos los pueblos que lo han pedido para poder cumplir con todo. Y a Luis le gustaría, pero es imposible. Llegaremos al 1%”, apunta su equipo. Eso sí, “hay que explicar siempre, cuando es el caso, por qué no, insiste mucho en ello. Los valores son los valores”. Es una avalancha imposible. Y esa palabra, “valores”, vuelve a aparecer en la conversación. “Le han ofrecido ser imagen de muchas marcas, grandes contratos, cheques en blanco incluso, pero para que lo acepte debe pasar por su filtro. Si no se alinea con sus valores por alguna circunstancia, no hay acuerdo”, reflejan Martín y Ballesta. Pero, insisten, siempre con una explicación. Nunca una negativa porque sí. Para atender esa pulsión por atender a todos hay que viajar en la máquina del tiempo. Cuando era un niño que ya empezaba a mostrar talento con el balón, el Athletic paró en su Haro natal. Un Luis adolescente fue a conseguir un autógrafo y no lo logró. Su madre, Berta, o Berti, como todos la conocían (De la Fuente es ‘el hijo de la Berti’ en su pueblo), le vio triste y le dejó una frase que hoy es brújula moral para Luis: “Nunca le evites una sonrisa a un niño, o un abrazo, un autógrafo o lo que sea. Evita siempre que puedas que se sientan como te sientes tú ahora”. Esa herida explica por qué se para en el centro de Madrid a grabar vídeos. “Ese es el origen de su cercanía”, reflejan los suyos. Es su manera de entender el éxito. Sonríe Álvaro Torres al hablar de esa manera de ser de su representado: “Llevamos años trabajando y me trata como si fuera de su familia, es así. Y así nos consideramos. Siempre pendientes de nuestras mujeres, hijos. Me dice muchas veces ‘te quiero’ y nos despedimos siempre, siempre, con un abrazo y un beso. Y esa forma de relacionarse la traslada al vestuario. El Mundial fue el mejor ejemplo. Favoreció una cercanía muy especial entre las familias de los jugadores, los entornos y los propios medios de comunicación y eso generó un ambiente extraordinario”. Y para terminar, Montero, Ballesta y Martín recuerdan otra historia del propio 19 de julio. Con la presión sobre sus hombros, Luis llamó a su sobrino y a todo su equipo. “Os necesito, necesito que estéis tranquilos, que va a salir bien. Hemos hecho todo los que teníamos que hacer”. Pedir tranquilidad en un momento de tensión como ese como receta del éxito. La confianza como llave para abrir puertas. Para tomar decisiones complicadas, como hizo durante el torneo, sin que afectase a la convivencia. Como esa foto de los tres porteros, que se abrazaron tras ser campeones. “Donde desde fuera había posible conflicto, dentro era todo competencia sana y tranquilidad”. Es la explicación del Fenómeno De la Fuente. Uno que hace a los suyos sacar pecho. A su gente. A Álvaro Torres, que también conoce la otra cara de la profesión. “Para mí es un orgullo y una responsabilidad. Representar a Luis en este momento es un privilegio profesional, pero también personal. Ha habido momentos en los que las cosas no eran tan sencillas. Por eso tiene un significa especial por estar ahora a su lado y verle tan feliz”. Y en aquellos momentos y en estos, Luis de la Fuente “era exactamente igual”, concuerdan todos. Y ese es el mayor triunfo.
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