

La RFEF trabajo de la mano de las Federaciones territoriales para detectar el talento a edad muy temprana, cuando ya empiezan a trabajar con las jugadoras.
Los éxitos en las categorías inferiores de España se repiten. Y no es casualidad. El trabajo desde la base que realiza la RFEF junto a las Federaciones territoriales y los clubes es fundamental para que España mantenga su hegemonía en el fútbol femenino mundial. Generación tras generación suman grandes éxitos en un hervidero de talento inagotable. El secreto del éxito está en el trabajo desde abajo. No es baladí la labor de identificación de talento desde edades muy tempranas. De hecho, la Selección empieza a trabajar con las generaciones desde la Sub-15, pasando a la Sub-16 y después a la Sub-17, cuando empieza a competir de verdad. Antes han sido dos años en los que las jugadoras se concentran periódicamente con la finalidad de conocerlas en primera persona, ver su evolución y ayudar a su evolución. Una detección de talento que no lo puede hacer solo el seleccionador de turno. Porque durante los últimos años varios han sido los entrenadores que han pasado por categorías inferiores sin bajar el nivel. Sin ir más lejos, la Sub-19 lleva cinco Eurocopas consecutivas en las que han estado Pedro López, Sonia Bermúdez, Javier Lerga y David Aznar al frente, sin que esto baje el nivel de la Selección. La RFEF usa varias vías para encontrar el talento. Primero por los campeonatos nacionales autonómicos, donde son los propios entrenadores de cada región los que buscan a las jugadoras más jóvenes para competir por cada autonomía. También se hace un seguimiento de los clubes en cada jornada, ahí entran también muchos de los ojeadores y entrenadores de las Federaciones regionales, fundamentales en este trabajo de captación. Con jugadoras ya detectadas se hace un seguimiento en el que cada territorio informa de la evolución y de si hay algún nuevo talento al que se deba seguir. Hay que tener en cuenta que las selecciones autonómicas funciona desde el Sub-12. A partir de ahí llega un Sub-14 y después un Sub-16. Esos campeonatos se disputan cada año y es una de las grandes ventanas para que la RFEF pueda ver en acción a las futuras estrellas de La Rojita. A esto se une el trabajo de los clubes, cada vez más profesionalizado y con más recursos para las categorías inferiores femeninas. Hay campos de césped o césped artificial, entrenadores titulados e infraestructuras. Ahí comienza a fraguarse el futuro del fútbol femenino español. Para hacernos una idea, gran parte de las jugadoras que ganaron el Mundial en Polonia habían pasado por las anteriores categorías inferiores y llevan jugando juntas casi cinco años. Así, formar un equipo con una identidad propia y una idea de juego es más fácil. Se conocen fuera y dentro del campo. Ya en 2022, antes de que España ganase su primer Mundial Sub-20, el entonces seleccionador de la categoría, Pedro López, lo tenía muy claro: “Es un momento muy bonito para decir que el futuro del fútbol femenino está en España”. Y no se equivocó. Porque el crecimiento en España del fútbol femenino desde 2021 a hoy, un lustro, se refleja en las licencias. Si en la temporada 2021-22 había 67.149, cinco años después son 127.242, prácticamente el doble. En la RFEF tienen claro que los títulos con inferiores dan más nombre a España, pero la finalidad no es ganarlo todo, es que las jugadoras de hoy sean las estrellas de la España del mañana. “Nuestro trabajo es hacerlas crecer”, sentenció David Aznar que continuó: “El éxito es muy importante para nuestro país porque denota el talento y el trabajo que se está haciendo en España, todo lo que está creciendo y se está invirtiendo en el talento joven”. Una inversión que está dando sus frutos.
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