

El crack del Barça marca dos tantos y da una asistencia para certificar el liderato de España en la Nations League. Goles de Pubill y Nico.
El fútbol es un deporte tan grande que es capaz de encender de un chispazo un partido que parece dormido. Así ocurrió en el Sánchez-Pizjuán cuando el España-Croacia caminaba arrastrando los pies, con un juego lento y los jugadores enzarzados en guerras personales. Y entonces... Y entonces llegó él, Lamine, el de casi todos los días, el que marcó el sábado en Wembley y el que había abierto el marcador en Sevilla cuando el partido amanecía. En el minuto 63 protagonizó una pared con Pedri y la inestimable colaboración de Pubill (que dejó pasar el balón) y batió a Livakovic por un ángulo que solo él acertó a ver. Fue su guinda personal a un partido que certifica el liderato de grupo y que acelera a España hacia los cuartos de final de la Nations League. Dos meses después, Rodri volvía a levantar la Copa del Mundo con la camiseta de la Selección española, un ritual que se ha repetido desde el comienzo de Laliga en varios estadios en una especie de sueño del que no queremos despertar. Era así como comenzaba la noche en el Sánchez-Pizjuán, que se quedó ronco de tanto animar a ese equipo que, en su día, hablo de hace treinta y tantos años, tenía en Sevilla su hogar oficial. Para dejarlo claro, el himno estuvo interpretado por la Banda Centuria Romana Macarena. Puro sabor a la ciudad. El parón de selecciones, que este año aumenta su dosis pues se van a jugar cuatro partidos en apenas once días, obliga a los entrenadores a improvisar una tabla de Excel para repartir minutos y que los jugadores no pierdan fuelle. Por eso, Luis de la Fuente realizó cinco cambios respecto al partido del pasado sábado en Londres y Slaven Bilic, seis en Croacia en relación al disputado en Praga. Pero está visto que en La Roja no hay extras, que todos son actores principales, y de ese modo todas las películas parecen fruto de una misma saga. Solo así se explica que volviera a marcar a los dos minutos como ya hiciera hace cuatro días en Wembley. Y sucedió tras una jugada con el poso del buen fútbol. Cucurella centró desde la izquierda a Baena, este a Fermín, que dejó pasar, y Lamine, de zurda y al primer toque, envió el balón suavemente a la red. El principal damnificado de esa virguería fue Livakovic, quien ahora comparte con Yamal objetivos en el Barça. El guardameta miró a sus compañeros buscando ayuda, reclamando una explicación, y esta era tan clara como la siguiente: España sacó de centro y marcó a los 70 segundos tras 26 toques y sin que los internacionales croatas tocaran el balón. Croacia no tenía ni el control ni el duende, pues Modric descansaba en el banquillo tras su enésima exhibición del pasado sábado en la República Checa. No inquietaba, en definitiva, a una Selección española que descansaba en una pareja de centrales insultantemente jóvenes: Pau Cubarsí (19 años) y Dean Huijsen (21). La media de edad del once titular que alineó De la Fuente era de 24,8 años, mientras que la del rival se disparaba hasta los 28,1, con Perisic al frente de la manifestación con sus 37 abriles. Él es uno de los emblemas de esa extraordinaria generación que en los últimos años ha sido capaz de llegar a la final del Mundial 2018, ser tercera en el de 2022 o ser subcampeona de la Nations League de 2023, donde precisamente cayó a manos de España. Pero, con más o menos años, Croacia sigue teniendo el gen competitivo propio de los países balcánicos, jueguen a lo que jueguen, sea sobre parqué (baloncesto o balonmano) o en el agua (waterpolo). Así que, en cuanto tuvieron la mínima ocasión de hacer daño lo hicieron por obra y gracia de Beljo, un gigantón de 1,95 que se coló entre los dos centrales españoles para cabecear a gol. Sin embargo, el delantero del Dinamo Zagreb regaló esa receta al rival, pues tres minutos después, Pubill replicaba esa acción para batir a Livakovic en lo que suponía el 2-1 y el primer gol del polifacético defensa del Atleti con la camiseta de la Absoluta. Pero tampoco ese tanto sirvió para romper definitivamente la resistencia croata, que fue a más con el paso de los minutos. Y con ese avanzar del tiempo también aumentaron los encontronazos, alguna que otra patada a destiempo, las cuentas pendientes, con Baena y Cucurella en casi todas las salsas. Más tarjetas y menos juego, en suma. Un duelo que avanzaba a ritmo cansino hasta el gol de Lamine en una jugada que nos refrescó la incomparable visión de juego de Pedri. De ahí hasta el final solo quedaron los olés de la grada, la entrada ya en el minuto 80 de un señor llamado Luka Modric, a quien el fútbol le quiere se juegue donde se juege el partido, y el 4-1 de Nico Williams, a quien ese tanto le sabe a gloria.
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