

El día que Pelé, Di Stéfano, Cruyff y Maradona dejaron su selección más de uno quiso “apagar la tele para siempre” al no ver un porvenir. Sin embargo...
Que nadie se equivoque. Messi, pese a la lluvia de titulares, no se ha retirado. Sin que su movimiento anoche ante Benín sea menor, simplemente ha dejado a los 39 años aparcada una de sus principales responsabilidades en la vida. Como Paco González, pero con balón. Aún quedan goles que cantar en Miami. Y, al mismo tiempo, que tampoco nadie dude: su adiós de Argentina, por lo que cuentan voces autorizadas que rodean a la Albiceleste, ya se vive en general como un vacío con pinta de socavón. No hay consuelo para los argentinos en general ni para los amantes al fútbol en particular. Y en cierto modo puede ser normal. Sin embargo… Sin que se frivolice con un momento de duelo como éste, uno puede agarrarse a la esperanza. No siempre la despedida de los dioses dejó la misma resaca ni idéntica travesía en el desierto. Aunque un día todo se vio todo negro, al final siempre salió el sol. Pongan como ejemplo un ídolo de infancia. Y al lado la inesperada sucesión. Que se lo digan al más culé de los culés respecto al caso más difícil, pero más ilustrativo. El día que Leo dejó entre lágrimas el Barça en 2021 más de uno amenazó con “apagar la tele para siempre”. Y qué cosas, sólo dos años después, previo amago hereditario con Ansu Fati y las prisas por endosarle el 10, apareció Lamine Yamal. Y ahí está, disfrutando y haciendo disfrutar sin que nadie añore nada, por mucho Dream Team y Era Guardiola que almacenen en la retina. Ha sido la tendencia con los más grandes. A rey muerto, rey puesto. Todos dieron primero el paso de aparcar el rol con su país, aun sin querer, para centrarse un tiempo más en sus clubes. Sin viajes transoceánicos ni concentraciones inacabables. Y, curiosamente, a una edad muy similar, los 30 años. El momento en el que las leyendas cambiaron de vida, el drama y el pánico se adueñaron del ambiente como si el campo no volviera a florecer. Pero, sorprendentemente, en varios de estos casos, lo que realmente sucedió a continuación no tuvo nada que ver con lo esperado. Con Pelé hay debate cuando dejó Brasil. Depende de si hablan las estadísticas o las sensaciones. España ganó su primera Eurocopa meses después de salir Di Stéfano. Y Holanda fue subcampeona del mundo al año de irse Cruyff. Del top-5, en el que sin duda está Messi como abanderado, sólo Maradona dejó de verdad (éste a los 34) cierta depresión sin receta que la paliara. Y, pese a que también hay matices, eso puede ser lo que más pese ahora mismo en Argentina. Revivir fantasmas. Pelé dejó oficialmente la canarinha en julio de 1971 en un duelo ante Yugoslavia, con tres Mundiales en su haber (1958, 1962 y 1970) y con 92 partidos y 77 goles. Los dos bolos que disputó después en 1973 y 1976 para homenajear a Garrincha y Geraldo Días no cuentan para FIFA. Brasil sólo ganó un partido de los cuatro posteriores y estuvo 24 años sin reinar. Pero el peso de O’Rei se notó más en el palmarés que en el jogo bonito. Fernando Kallás, corresponsal brasileño de Reuters en España y Portugal, da fe: “Brasil no le echó de menos de la manera que se cree. Puede parecer un poco locura, pero le sustituyeron jugadores de una talla extraordinaria capaces de mantener el nivel. Desde Rivelinho en el 74. De hecho, mucha gente cree que el equipo del 82 es mejor que el del 70. La Brasil del Mundial de España tenía dos dieces, de los mejores de la historia: Zico y Sócrates”. Aun así, su figura siempre sobrevolaba. En Brasil intentaron convencer a Pelé para que se alistara en el 74, pero la dictadura militar en su país le enfrió. Y cuando se calentó, con 49 años para echar un cable en el 86, Santana lo rechazó. “La primera vez que se vio que se sintió la falta de un líder así fue en el 90, tras los fracasos del 82 y 86, y porque hubo un movimiento que decía que había que copiar la táctica del orden europeo. Lo de ahora, esa falta de 10, nunca existió. Hoy sí que se echa de menos. No entonces. Es un momento catártico”, recalca Kallás. Con Di Stéfano, aunque podría parecer todo lo contrario por la estrella que era, tampoco hubo dramas en España. Tras jugar con Argentina seis partidos y ganar el Sudamericano, y dos con una selección oficiosa de Colombia, disputó 31 con la Selección (23 goles) tras nacionalizarse en 1956 después de 23 meses de trámites. La última participación del doble Balón de Oro fue en junio del 62, en un España-Francia, porque en el Mundial de ese verano, aunque viajó, no pudo jugar y se sentó en el banquillo por una lesión previa a la gran cita. Si en Argentina nadie se tiró de los pelos con su ausencia, en España tampoco se notó en exceso la baja porque donde realmente marcó las diferencias la Saeta fue con la camiseta del Real Madrid. Don Alfredo, como Kubala, no jugó ni un solo Mundial. España, cargado de talento, levantó la Eurocopa ante Rusia meses después, ya sin él, en el mismísimo Bernabéu. En Argentina, al gran vacío de verdad llegó con Maradona (90 internacionalidades y 33 goles). Aun así, Juan. I. Irigoyen, periodista argentino de El País, aporta otra visión en una fabulosa charla en el videopodcast de AS Minuto 116: “Cuando se apagó el talento de Maradona pensabas que nunca iba a aparecer un talento igual pero… Mira con Messi, el Barça y Lamine... El tipo que heredó el 10 de Maradona fue Ariel Ortega. Un tipo que defendía el valor del potrero como pocos. Estuvo infravalorado. Tenía mucho más para dar, pero el deportista no solamente es talento… Y eso que el suyo era exquisito. Si bien no había un líder carismático, era líder en la cancha. El caudillo que se reclamaba ser a Leo. Hubo una generación muy buena del 94 al 2005. De hecho, Argentina llega al Mundial 2002 como candidata, donde estaba una gran Brasil, no la de hoy, y habiendo sido la campeona de las eliminaciones sudamericanas. No se ganó nada, pero por una cosa muy circunstancial. Hubo un pelín de mala suerte. Aparte, ese periodo fue súper prolífero en las divisiones inferiores. Argentina, con Pékerman, gana el Mundial Sub-20. Y luego vino lo que vino. Con Messi, que es un tipo con una clarividencia para pensar que Diego no tuvo. Diego se fue mal. No como Leo, vigente subcampeón. Se va, como Federer y Nadal, ganando. Ahora no veo un relevo para él. Quizás en tres años o cuatro año aparece…”. El Pelusa no se bajó de la Albiceleste. Le bajaron. Fue después de amagar sin digerir aún el disgusto ante Alemania en Italia 90 (volvió a jugar en el 93 la Copa Artemio Franchi ante Dinamarca y en el repechaje frente a Australia en el 94 una vez que se reconcilió con Ruggeri). El primer palo llegó por aquel positivo en el Mundial de EEUU que le mantuvo 15 meses fuera tras su gol exaltado a Nigeria. Y, más tarde, al superar un tremendo bache porque Passarella, el único doble campeón mundial en su país, pareció no añorarle. Lo reinsertó pese a remontar en Boca entre el 95 y el 96 y aplicó un régimen estricto donde, en clara alusión a Diego, prohibió el pelo largo, los aros y exigió análisis a los futbolistas para ratificar que estaban limpios. Argentina, en aquel Mundial 94 donde llegó el jarro de agua fría, perdió los dos encuentros siguientes por el shock y fue eliminada por Rumanía. Y después, mientras cedía el 10, desde el Burrito a Riquelme, encadenó decepciones hasta que apareció Messi de menos a más para pasar de la sospecha —a base de finales perdidas— al pedestal al que se subió en Qatar 2022. ¿Y Cruyff? Pues claro que se le echó de menos, como a los demás. Pero, a veces, los resultados arrojan paradojas. El holandés (48 internacionalidades y 33 goles) sorprendió con su despedida cargado ya con tres Balones de Oro. Después de un amistoso en Ámsterdam en octubre de 1977 ante Bélgica, un medio de comunicación organizó una fiesta nocturna en la que el Flaco deslizó que lo dejaba y que no pensaba explicar al detalle los motivos. Todo el mundo especuló con peleas por temas publicitarios e incluso con una supuesta fiesta subida de tono en una piscina, pero la realidad, confirmada muchos años después, fue que había sido asaltado junto a su mujer en casa a punta de pistola. Ese susto le cambió hasta al punto de pactar no ausentarse tanto tiempo con estas concentraciones tan largas. Siguió deleitando los fines de semana hasta que se retiró en el Feyenoord. Pero la Oranje, por la inercia e igual como homenaje, se recompuso a lomos de Rensenbrink y Krol: fue finalista en el 78. Y ahí sí, desde entonces dio el cante o directamente no se clasificaba para fases finales en un valle que parecía no tener fin. Menos mal que Gullit y Van Basten derribaron la puerta de un porrazo (campeones en el 88). Los mitos de este deporte se parecen hasta el punto de haber dejado sus selecciones de una forma rara y, casi siempre, sin planificarlo o sin que fuera por decisión propia. Cristiano corre el peligro de continuar esa dolorosa saga. Messi ha sido distinto hasta para eso. Lleva el tempo del partido dentro y fuera de la cancha. Pero, recuerden, el genio simplemente se va apagando por ley. Y aunque en el Monumental se fundió otra bombilla, todavía no se ha ido. Pelé jugó ocho años más. Di Stéfano, cuatro. Cruyff, siete. Y Maradona, tres. Disfruten lo que queda.
Manchester United
Real Madrid
Barcelona
Semua Komentar