

Camavinga comienza a reconstruir su confianza con Francia. Jugó ante Turquía y se espera que repita ante Bélgica. “Necesito cometer menos errores, admite.
El Camavinga de la pretemporada encendió unas cuantas alarmas en el Real Madrid. Se le veía confuso, desconectado en ocasiones de cosas tan sencillas como dar un pase de seguridad o hacer un control. Mourinho se puso manos a la obra desde que aterrizó el pasado 13 de julio para rescatar a un futbolista que considera útil para su misión y que había entrado en una espiral terrible. Además de sus esfuerzos en Valdebebas, ha recibido una ayuda impagable, la de Zidane. Este parón Camavinga volvió a hacer la maleta para irse con Francia pese a que en el Real Madrid sólo ha disputado el 38% de los minutos posibles (240’ de 630′, porque el del Inter se lo perdió por sanción). Mou ha ido encontrando maneras de reengancharlo, con la titularidad notable en el 4-0 al Málaga. Mientras volvía Tchouameni, a grandes males, grandes remedios. Pero ha venido este espaldarazo de Zizou. No sin riesgos. Porque en Francia, medios como L’Èquipe hablan de que el mediocampista “tiene que justificar esta confianza que han depositado en él”. Pero el crédito del extécnico madridista ahora que guía los designios de Les Bleus es infinito, estaba deseoso de contar con Camavinga y por todo ello el madridista mejor escudo no puede tener. A Zidane le gusta su perfil y no tardó en emplearlo en el 0-1 en Turquía con el que se estrenó como seleccionador. Declaración de ideas. Doce minutos, por Cherki, para amurallar con más control a la selección francesa. Para el 6 madridista es la terapia complementaria idónea. Borrar el mal trago de ver el Mundial por la tele, sentirse de nuevo partícipe de su selección y con una cierta presencia. De hecho se espera que vuelva a tener minutos este lunes contra Bélgica (20:45 horas). Lo curioso es que Zidane y Camavinga apenas se conocían. El centrocampista apareció en el Madrid tres meses después de la salida del técnico de Valdebebas. Pero estaba al tanto de las conversaciones internas en las que el club, a través de Juni Calafat, le había echado al ojo a Cama... Esta llamada al equipo galo, sin ser la de Los Javis, es una nueva oportunidad que Camavinga no ha querido desligar de la autocrítica. Ayer compareció ante los medios en Clairefontaine y fue directo cuando se le preguntó por qué se le resiste la titularidad con el Madrid y con su país. “Seré breve, es la regularidad”, admitió. “Tengo que concentrarme en el terreno de juego y no cometer errores, eso te da regularidad”. La concentración, el talón de Aquiles de su juego. Con la camiseta del gallo ha encontrado también otro nido de confianza. Se ha arrimado estos días a gente como Adrien Truffert, con el que compartió vestuario en el primer equipo del Rennes, y más compañeros con los que coincidió en esa cantera bretona, los Doué, Jacquet, Lepaul y Da Cunha. Más Zidane y David Bettoni, su segundo, otro también con pasado madridista. Un empujón anímico que no le vendrá mal a Mou cuando termine el parón. Camavinga, junto a este Thiago Pitarch que está rodándose en el Castilla, tienen mucho que decir este curso.
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