

Golazo a los cinco minutos para encaminar el pleno en 45 minutos. Muy buen Rodri, que también marcó. Víctor Muñoz dejó su sello al final.
No es sencillo jugar cuatro partidos en diez días y el fuelle de La Roja lo notó. Porque lo tenía todo controlado e invitaba a los olés tras una nueva obra de arte de Lamine (esta vez a los cinco minutos). El azulgrana, estratosférico, volvió a descorchar la noche y Rodri se apuntó a lo que parecía sería un festival con su gol. Pero cuando se olfateaba la goleada, Slama marcó y el nervio tintineó. Una falta a Le Normand anuló lo que hubiera sido el empate y después tocó contemporizar. Hasta que Merino, siempre Merino, apareció. Del paseo al susto y de ahí, al pleno. Raya: De la Fuente le premió con la titularidad y llevaba un partido plácido, con apenas trabajo con el pie, pero tuvo sustos finales. En el gol poco pudo hacer, pero una falta en un bloqueo le evitó salir en la foto del empate: se confío al blocar y dejó en bandeja el balón. Por suerte, no subió al marcador. Fresneda: Debut con la Absoluta y no se le hizo grande. No tuvo demasiada exigencia, pero vivió prácticamente en el campo rival. Participó bastante en el juego, por momentos como centrocampista puro, y dejó firmeza en los duelos que tuvo que afrontar y clase con el balón en el pie. Quizá pudo estar más abierto en el gol checo, pero día inolvidable para él. Le Normand: Firme en su vuelta a casa. Como pareja de Laporte vivió un ‘déja vu’. No tuvo excesivas complicaciones y las que llegaron por arriba, las resolvió con soltura. Recibió falta en el gol anulado que hubiera supuesto el empate. Con balón, tranquilo y muy activo. Laporte: Descansó en el Pizjuán, volvió en Oviedo. Es el líder espiritual de la retaguardia y uno de los corazones de la Selección. No necesitó hacer malabares para solventar los problemas, pero recuperó varios balones y fue, como siempre, fundamental a la hora de iniciar. Fran García: Descanso para Cucurella, ‘redebut’ para Fran. Y las ganas le hicieron brillar desde el principio. Muy vivo en las subidas por banda, ganó línea de fondo con relativa facilidad y cruzó un par de balones peligrosos. En defensa, si bien no muy exigido, atento. Especialmente en las coberturas. Rodri (77′): Todo jerarquía y esta vez, también llegada. Controló el encuentro como quiso y se asomó al área cuando lo pidió la noche. En una de ellas participó en una jugada de tiralíneas junto a Pedri, Baena y Olmo. En otra, robó un balón y lo terminó mandando segundos después a la red. Su quinto en 73 internacionalidades. Superó el 95% de acierto en el pase. Como dato, no como sorpresa. Pedri (67′): Hoy, desde el principio. No estaba Fabián, pero apuntaba a ser titular igualmente. Ha aceptado e interiorizado bien el rol de ‘chico de las medias horas’ y tiene mérito, toda vez que es el segundo futbolista con más valor (para Transfermarkt) de la Selección (150M€). Eso habla bien del grupo y de él. Pero desde el inicio se encontró cómodo. Pisando zonas distintas a Rodri y Olmo, en una especie de escalera. Filtró varios pases con veneno y apenas erró envíos. Partido completo. Lamine (46′): En Wembley a los 104 segundos, en el Pizjuán a los 70 y en el Tartiere, a los cinco minutos. Es lo que ha necesitado Lamine para abrir las tres latas. Pero el de Oviedo va directo a su museo particular, uno con cada día más obras. Y cada vez más, su pan de cada día. Con la zurda, desde la esquina del rectángulo, rosca a la escuadra. Golazo de un futbolista superior. Hasta De la Fuente se echó las manos a la cabeza. Kinsky solo pudo mirar y el resto aplaudir. No rotó y necesito un suspiro para hacer, otra vez, su trabajo. Con un tiempo fue suficiente. Imparable. Olmo (67′): Comenzó enchufado, como siempre con la Selección. Asistió a Lamine en el primer minuto y no embocó su compañero por un palmo (ya lo haría poco después). Aunque el rival no exigiera demasiado, dinamizó el juego y aceleró jugadas en el tramo final. Además pudo marcar con un zapatazo al abrigo del descanso que repelió Kinsky. Baena (46′): Incansable, apareció por todo el frente. Tuvo un par de disparos que estuvieron cerca de sorprender y sigue sacando brillo a ese entendimiento que tiene con Olmo y la sala de máquinas. Aporta mucho como ‘falso extremo’, pues tiene alma de centrocampista. De la Fuente le cuidó con el cambio en el descanso. Roberto: El otro debut, junto a Fresneda. Presionó siempre que pudo y se movió y ofreció, aunque sin lograr encontrar situaciones favorables para estrenar su cuenta. La más clara fue a bocajarro, tras un centro de Víctor. Pero Kinsky estuvo firme. Participó en el 3-1, donde pudo lesionarse. Se dejó la piel. Víctor Muñoz (46′): En la primera que tuvo aceleró, dejó atrás a su par y asistió a Roberto, que no marcó por poco. No sentenció con un chut cruzado por un palmo, pero sobre la bocina dejó un eslalon marca de la casa y de su remate repelido salió el 3-1 de Merino. Eso es Víctor. Una carta de presentación que repetirá en Croacia, con serias opciones de ser titular. Yeremy Pino (46′): Dejó un par de intentos vistosos y un centrochut muy peligroso que no encontró rematador. Fermín (67′): Salió con el viento a favor y olfateó el área al inicio. Combinó bien con Víctor Muñoz. Aunque no tuvo tanta incidencia en un tramo donde los checos apretaron más. Merino (67′): Su rol fue más de contención que de llegada. Es lo que pedía el encuentro, pero cuando vio la oportunidad, apareció. Siempre lo hace. Atento, con la caña, mató el partido tras una gran jugada de Víctor Muñoz. Zubimendi (77′): Salió en el tramo final para dar descanso a Rodri y ayudar a que el gol de Slama quedara solamente en un susto.
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