

España suma su tercera victoria en tres partidos en una noche que se complicó al final. Lamine, Rodri y Merino marcan. Fresneda y Roberto debutan.
Fue una noche plácida en su inicio y agitada en su final, el reencuentro con Oviedo once años después y la confirmación de que el título mundial ha dibujado en la Selección española una sonrisa que costará borrar. Los goles de Lamine, Rodri y Merino ante la República Checa, que acarició el empate en el 80′ y acabó con diez jugadores, confirmaron el pleno de victorias (tres de tres) en la presente Nations League, lo que no hace sino añadir brillo al esperado duelo con Inglaterra en el Metropolitano que servirá para decidir el liderato de grupo allá por noviembre. Por lo pronto, la cifra de partidos seguidos sin perder de la Roja asciende ya a 41. Hay veces que la altura de este equipo da verdadero vértigo. De la Fuente era el mago, lo malo de la noche es que frente a él tenía a dos tipos que conocían sus trucos, Santi Denia y Pablo Amo. Con el primero coincidió durante una década en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, esa especie de CSI desde el que se fija la hoja de ruta de todas las categorías del balompié español; al segundo lo tuvo como ayudante en sus grandes éxitos (la Nations 2023 y la Eurocopa 2024) hasta que llegó la guinda del Mundial. Es decir, que cuando Luis, como todo mago que se precie, se dispusiera a sacar su chistera o a cortar en dos al voluntario de turno, ellos ya sabrían dónde escondía al conejo y que el filo de la enorme espada era de pega. Pero una cosa es saberte de memoria cuál es el estilo de juego del rival y otra poder combatirlo con las armas que uno tiene a mano. Y el problema de Chequia era que aterrizaba en el Carlos Tartiere con su casillero vacío tras caer ante Croacia e Inglaterra y con Hlozek como único islote ofensivo con el que poder incordiar a la defensa española. Esta ofrecía una cara inédita propiciada por el reparto de minutos de De la Fuente ante lo cargado del calendario: Raya, Fresneda, Le Normand, Laporte y Fran García. Del centro del campo hacia adelante, la alineación resultaba mucho más familiar, la única sorpresa llegaba en la posición de nueve con ese Roberto Fernández que se ha ganado a pulso la oportunidad para orgullo del aficionado perico. Sin embargo, no fue él quien abrió el marcador sino... Lo han adivinado, fue Lamine, una vez más, aunque en esta ocasión se mostró lento y perezoso pues tardó nada más y nada menos que cinco minutos en marcar. En Wembley y en el Sánchez-Pizjuán lo hizo en el minuto 2. El chico está perdiendo las buenas costumbres... Pedri templaba y mandaba mientras que el 4-3-3 ordenado por Denia corría detrás del balón. Lingr, con un disparo desde 30 metros que se fue demasiado alto (15’), fue el primero en apuntar hacia la portería de Raya, que vivía plácidamente mientras el reloj de posesión dibujaba el 81% de España y el 19% de Chequia. El único peligro a esas alturas del partido es que la Roja se acomodara en exceso y se olvidara de crear peligro, pero bastó un chispazo para recordarnos la electricidad que tiene este equipo: una triangulación rauda entre Rodri, Pedri y Olmo que acabó en paradón de Kinsky tras el remate de este último. No perdonaría dos minutos más tarde (35’) Rodri, a quien le cayó un rechace de la defensa checa que no supo agradecer de otra manera que clavando el balón en la escuadra. Lo dicho, fue como si hubieran tocado una campanita y los internacionales españoles se hubieran revolucionado con el propio Rodri ampliando zancada, Olmo y Pedri intercambiando posiciones y Baena siempre punzante. Pero más allá de esos protagonistas, lo que se refrendaba era la idea colectiva, pues la Roja mantenía su ADN incluso con una defensa tan innovadora como la que había pisado el césped del Carlos Tartiere. De la Fuente entendió que la mejor manera de dar cuerda a ese engranaje era con piezas nuevas, así que en la reanudación metió a Yeremy Pino y Víctor Muñoz en lugar de Baena y Lamine. El del Crystal Palace permitió ensanchar aún más el campo, mientras que Fermín, que entró en juego unos minutos más tarde, metió una marcha más en la aceleración del juego español. Pero el fútbol es tan caprichoso que quiso que ese aire fresco coincidiera con el gol de Chequia tras una rápida transición finalizada con un zurdazo cruzado de Slama. De nuevo la concentración defensiva de España volvió a fallar, a hacer click, como sucedió ante Inglaterra al encajar dos goles en apenas tres minutos o frente a Croacia con el empate fugaz de Beljo. Esos serán seguramente los deberes que pondrá De la Fuente a sus pupilos, que en el Mundial fueron capaces de encajar un solo gol en ocho partidos. Chequia tuvo incluso el empate en las manos, llegó a marcar Naderi en el 80’, pero el árbitro Vassilis Fotias decidió anular el tanto por un bloqueo (light) a Le Normand. Afortunadamente, la ola no fue a más y la Roja, que acabó con los dos debutantes, Fresneda y Roberto, sobre el césped, fue capaz de cerrar la noche en Oviedo con una nueva victoria y las gaitas como dulce sonido de fondo.
Manchester United
Real Madrid
Barcellona
Tutti i commenti