

Un buen Inter se suicida ante el Madrid con dos errores gravísimos. Goles de Mbappé y Valverde y actuación heroica de Courtois.
El Bernabéu es territorio de fenómenos sobrenaturales. Algunos, inolvidables. Todos, inexplicables. Un Inter de buen tono se disparó dos veces en la sien ante un Madrid que asistió complacido al suicidio, perdió luego la oportunidad de golear y acabó pidiendo la hora. Y es que el equipo de Mourinho se pareció durante muchos minutos al de los dos últimos años. Es hora de una celebración corta por una victoria importante y de un análisis largo, porque la fiesta no hubiese sido posible sin otra actuación memorable de Courtois, máximo garante de este triunfo blanco en el estreno de su competición. Al Inter le costará entender la derrota. Manejó el partido, sometió en muchas fases al Madrid y disfrutó de magníficas ocasiones, pero equivocarse dos veces en el Bernabéu sale carísimo. Y al Madrid le resultará difícil explicarse cómo acabó sufriendo tras haber tenido la opción de golear aun sin jugar bien cuando el partido quedó fuera de sus cabales. El partido era una pista americana para el Madrid: frente un histórico con tres Copas de Europa y plenamente vigente tras tres victorias en tres partidos en la Serie A, campeón de Liga y Copa de Italia, con presencia en dos finales de Champions en los últimos cuatro años, reforzado con jugadores cargados de honores (Stones, Pavard, Spence, Curtis Jones…), en el día después de una imprevista derrota blanca en La Cartuja y con un centro del campo famélico del equipo de Mourinho por las bajas de Bernardo Silva, Arda Güler y Camavinga, más las virtuales de Tchouameni y Thiago Pitarch, convalecientes de lesión. Mourinho remendó el once como pudo, con Trent como centrocampista de alquiler, donde ya tuvo partidos con el Liverpool e Inglaterra, junto a Valverde y Brahim en la derecha para acompañar a los tres tenores. Diomande continúa como galáctico en prácticas. La solución más lógica y a la vez la más conservadora que no funcionó. El Inter tampoco cambió nada. Se protegió con tres centrales, herencia de Simone Inzaghi a la que Chivu ha dado continuidad con éxito, y se movió en ataque con laterales elásticos, tres centrocampistas interiores y dos delanteros de máximo nivel, Lautaro y Thuram. Un equipo con iniciativa y con una propuesta ambiciosa que pronto dejó ese mensaje: a los 3’ Courtois ya tuvo que salvar una volea a quemarropa de Thuram tras un desajuste defensivo del Madrid de pronóstico reservado. Fue el del equipo blanco un aterrizaje gélido en el partido: livianísimo en la presión, impreciso en la salida, sometido por los centrocampistas italianos, Barella especialmente, y sin un cirujano como Güler para colar a Vinicius o Mbappé por la gatera. Nada que un descuido no pueda echar por tierra. Esta vez fue doble. Con un Madrid aparentemente domado, se durmió Jones en la salida de pelota, no anduvo rápido Bisseck en la corrección y ahí estaba Mbappé para hacérselo pagar. Robó, combinó con Brahim y ejecutó por bajo con la pericia que le falto en Sevilla. El gol se anticipaba al fútbol. También cambiaba el partido, aunque no el escenario. El Inter asumió la equivocación y siguió su razonable plan de ruta. Mucha pelota, buena movilidad incluso de sus centrales en la creación y llegadas con peligro. Un misil de Çalhanoglu incendió los guantes de Courtois, cuyo éxito fue quedarse clavado en la línea de gol en el lanzamiento del golpe franco ejecutado por el internacional turco. Aceptó el fusilamiento y sobrevivió a él. Sucedió antes del segundo episodio del harakiri. Josep Martínez se puso estupendo en el área pequeña y pretendió salir de la presión de Valverde con una pisada de salón. Sobrevaloró el meta valenciano sus habilidades y minusvaloró que enfrente había un uruguayo con colmillo. La cosa acabó en el 2-0. Un tanto de fe. Un suicidio de manual. Y un partido inexplicable. El Madrid, a toda vela sin sacarse las manos de los bolsillos (salvo las Courtois, bañadas en agua bendita) y con un partido a campo abierto, caramelo para sus gacelas. La más rápida, Mbappé, se fabricó el tercero al borde del descanso con una arrancada de vértigo, pero esta vez Josep Martínez supo disculparse con una buena parada a su tiro y una aún mejor al posterior de Bellingham, tras su rechace. En cierto modo, se veía el partido anticipado por Mourinho, que pedía ganar “incluso sin jugar tan bien como ante el Betis para acabar perdiendo”. Lo clavó. Quizá lo mejor de esa primera parte paranormal fue el sacrificio defensivo de Vinicius, quizá para compensar sus desavenencias con las musas. No lo entendió el estadio, que le pitó repetidamente. El 2-0 provocó una segunda mitad trepidante. El Inter se volvió aún más intrépido y picoteó mucho en el área. Courtois salvó otro mano a mano ante Jones que apuntaba a gol y luego se volvió un muro ante el disparo raso de Bastoni. Pero es que al otro lado también había acción. Con campo por delante el Madrid es un torbellino. Mbappé se aturulló ante Josep Martínez después de ganarle un esprint a Diouf y no estuvo más espabilado Bellingham para empujar a la red un centro de Brahim, que había hecho magia para deshacerse en un ladrillo de dos jugadores del Inter. Lo salvó el penitente Josep Martínez, que repitió actuación providencial ante Mbappé poco después. El viento soplaba fuerte en las dos direcciones y eso convertía el partido en imprevisible ante un Bernabéu desconcertado, que no sabía si quedarse con el marcador o con la inquietante imagen de su equipo, que se sentía dominado y a la vez tenía oportunidades suficientes para golear. Entonces marcó Carlos Augusto, a centro de Lautaro, y cundió el pánico. Mourinho tiró de cambios (tardíos) y el Madrid ganó la orilla para un triunfo tan necesario como poco tranquilizador.
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