

Se reencuentran 12 años después en un estadio inédito para el portugués y con un balance que ha mutado drásticamente desdela final de Copa 2013.
Nadie, absolutamente nadie, tiene que explicarle a José Mourinho, a sus 63 años, qué es un derbi y qué supone el Atlético para el Real Madrid. La primera vez que vivió un partido de alta tensión como éste, en noviembre de 2010, aún no existía el Metropolitano y ni siquiera estaban enfrente Simeone y Koke, las banderas colchoneras. De hecho, puede presumir de ser el único protagonista de aquel primer careo que, 16 años después, aún continuará esta vez como foco principal. Khedira, que aquella noche fue titular, ejerce como asistente en la sombra. Y lo que el portugués puede contar de uno de sus grandes adversarios (11 duelos al sol) es que sus encuentros han ido mutando drásticamente con el tiempo. Comenzaron siendo agradables paseos, en casa y de visita, ocho seguidos, y de repente se convirtieron en pesadillas en las últimas experiencias. Desde una final de Copa perdida en el Bernabéu (2013) que puso fin a 14 años de sequía atlética en el derbi a una dolorosa eliminación en semifinales de Champions defendiendo al Chelsea (2014). Por eso, podría decirse que Mou no ha echado de menos durante esta larga travesía al Atleti, mientras que el Atleti sí que está encantado con el reencuentro. Su viaje en el tiempo y las estadísticas fue opuesto: The Special One pasó de ser un mal sueño a ser su catapulta. Mourinho, tal y como le sucedió en Elche entre semana, sumará este fin de semana un nuevo estadio a su currículum. Sus derbis a domicilio en la primera etapa fueron en el añorado Vicente Calderón. Tras estrenarse en uno bien tenso en la Castellana (2-0), con Quique Sánchez Flores en el banquillo y con Reyes haciendo de las suyas, y disputar otra ida de cuartos de Copa como local (3-1), tuvo que esperar al tercer intento para estrenarse en territorio comanche. Fue en la vuelta (0-1) y ahí ya empezaba a ser habitual ver a un canterano con el 32 a la espalda que en la actualidad es parte del escudo del Atleti y que ahora le volverá a dar guerra: Koke, que subía y baja desde el filial, estuvo en aquel encuentro en el banquillo, pero no jugó. Para Mou, el Calderón fue algo así como el jardín de casa. Ganó cuatro veces, goleó 1-4 el año que levantó la Liga y pasó en una eliminatoria copera en el curso que tumbó posteriormente al Barça en la final de Mestalla. Sus recuerdos de aquel terreno en el Manzanares, convertido ahora en pisos, son de los más dulces. Otra cosa, independientemente de los resultados, fueron los recibimientos y los roces con jugadores, técnicos y directivos. Con el tema más personal no hay buenos recuerdos. De ahí que Mourinho siempre las tuviera tiesas con la grada rojiblanca. El capítulo más sonado, el duro roce con el Mono Burgos. El ayudante de Simeone, en uno de los muchos rifirrafes en mitad de tanto estrés competitivo, se acercó al portugués en un partido de diciembre de 2012 y le amenazó sin paños calientes: “¡Yo no soy Tito [Vilanova], yo te arranco la cabeza!”, aludiendo a la agresión previa del técnico del Madrid al del Barça que dio la vuelta al mundo. Un conato de incendio que el propio Mou no aplacó días después. Preguntado en la sala de prensa por el incidente, respondió con ironía: “¿Quién es ese, el ‘Mono’ Burgos?”. Por casos así, en sus últimas apariciones por la trinchera enemiga le cantaron “Mourinho, muérete”. Sobre todo, tras quejarse de “permisividad arbitral” con el Atlético. Fue a raíz del duelo europeo con su Chelsea previa a la cita madrileña, la de la Décima, en Milán. Mourinho, con Fernando Torres y Azpilicueta de su lado, se medía a un Atleti con Courtois, donde Gabi, hoy asistente del Cholo, llevaba el timón y donde su escudero ya era Koke consolidado. El 0-0 en la capital de España sacó su lado más agrio del entrenador. Pero el 1-3 de Londres terminó de aplacarle tras ponerse por delante. Ésa fue su última experiencia contra el Atlético. Así que, por mucho que haya pasado el tiempo, y el escenario esta vez sea diferente, no se esperan piropos para Mou. Durante este tiempo en el que ha probado derbis en Italia, Inglaterra, Turquía y Portugal, nunca ha dejado de esconder que su fijación con el Atlético es similar a la mantenida con el Barça y que, por mucha distancia que haya, no olvida sus colores. Primero, porque valora el producto: hasta 14 de los 595 jugadores que han pasado por sus manos jugaron en el Atleti, desde los más conocidos como Filipe o Falcao, hasta De Gea o Depay, y en Roma ya intentó fichar a Andrea Berta para la dirección deportiva, al igual que hizo lo propio con De Paul y Morata para su once tipo. Segundo, por el manido tema arbitral. No olvida el día en el que Clos Gómez le expulsó, y se quejó, en aquella final de Copa en el que Miranda empezó a enseñarle la puerta de salida. Y tercero, porque no soporta la falsa modestia. Ya fuera de España, regaló una reflexión en 2019 en una entrevista que aún retumba: “El Atlético ha vivido escondido”, en referencia a que no se le exige siempre de manera proporcional al gasto “absolutamente increíble” que hace año tras año. Tras estos tira y afloja, Atleti y Mou vuelven a verse las caras. Y hay (más que nunca) partido. El enemigo común (Barça) no para.
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