

Desde su llegada a la capital Camavinga siempre ha apuntado maneras, pero su rendimiento en el verde no ha estado a la altura de las expectativas.
Dos entrenadores en principio tan antagónicos en sus ideas futbolísticas como Mourinho y Zidane se han puesto de acuerdo en una cosa: a ambos les gusta Eduardo Camavinga. El técnico portugués ha salido públicamente varias veces en su defensa desde que arrancó la temporada, mientras que Zizou le ha dado bola desde el primer día que ha ocupado el puesto de seleccionador. Camavinga se ha sentido importante defendiendo la elástica de Francia y eso es una buena noticia para un Madrid que no va, precisamente, sobrado de centrocampistas. Desde su llegada a la capital el chico siempre ha apuntado maneras, pero su rendimiento en el verde no ha estado a la altura de las expectativas. Sus mejores momentos han sido siempre saliendo desde el banquillo a partido roto, pero cuando ha tenido la oportunidad de salir de inicio no ha podido con la presión. Su llegada supuso una bocanada de aire fresco para un vestuario necesitado de piernas y buen talante, pero su sonrisa se ha ido apagando con el transcurrir de las temporadas. Físicamente sigue siendo un portento, pero con el balón no ha progresado tanto como esperaban en el club. Su juventud todavía invita a ser optimistas, sobre todo si los dos entrenadores que le tienen que poner siguen demostrándole una fe inquebrantable. Después de un arranque irregular de campaña, la mano mágica de Zidane parece haber despertado la mejor versión de un jugador que, si logra centrarse, se puede convertir en uno de los mejores fichajes blancos de la temporada. En el Madrid no dan demasiadas oportunidades para demostrar la categoría y Camavinga ya está en tiempo de descuento…
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