

Un gol del ariete salva una actuación muy decepcionante del equipo frente a un Antequera que le tuvo contra las cuerdas en la primera parte.
Un gol de Edu Espiau con el muslo en el descuento le dio al Real Zaragoza su primera victoria en Primera Federación, un triunfo providencial que le permite escapar del fondo de la clasificación y salvar una actuación muy decepcionante frente a un Antequera que le tuvo literalmente contra las cuerdas en la primera parte. El equipo aragonés igualó las cosas tras el descanso y pudo haber resuelto el partido a veinte minutos del final, pero Ander Herrera estrelló un penalti en la madera. Gómez recompuso su defensa con los estrenos de los centrales Iranzo y Diego González, firmados para ser titulares, y le dio la banda izquierda al canterano Vadillo, al que había cargado de elogios en Tarragona, en perjuicio de Jardí. Tres novedades en el once de un Zaragoza que ahora mismo está lejísimos de comportarse como un aspirante al ascenso directo, diga lo que diga su entrenador. Y es que las exageraciones dialécticas en el fútbol las carga el diablo. Ajeno a un comportamiento prudente o reservón en su visita al Ibercaja Estadio, el Antequera salió con decisión y personalidad, dispuesto a discutirle al Zaragoza el mando y el dominio de la pelota, y al equipo de Gómez, incómodo, encorsetado y previsible, largo y lento de movimientos y de ejecución, no le cogió el aire al partido en toda la primera mitad. Estuvo casi siempre descolocado y persiguiendo sombras, incapaz de incomodar lo más mínimo a un rival alegre y veloz que se fue cargando de méritos ante la portería de Westerveld. Hasta tres ocasiones claras dispusieron los malagueños en una primera parte en la que el Zaragoza, al que sólo sostuvieron sus centrales, fue una completa caricatura ante su parroquia. Tan mal vio las cosas Gómez que metió hasta tres cambios en el descanso. Dejó en la caseta a Gabilondo, Escudero y Cuenca, los tres en noche aciaga, y se la jugó con Sangalli, el último fichaje, Pereira y Jardí. Es decir, reemplazó a los dos laterales, superados de cabo a rabo, y a un Cuenca al que no le salió nada. Abraham Paz también movió banquillo y dejó en la caseta a Aspra, con una tarjeta, en beneficio de Mangada, y a la hora de partido también agitó a su equipo con otras tres sustituciones. Agitado por el amor propio y con más corazón que fútbol, el Zaragoza dio un pequeño paso adelante en la segunda parte y amenazó por primera vez con un golpe franco directo de Jardí y hasta tuvo la victoria en un penalti provocado por Sangalli ante Julio Martínez, pero Ander Herrera mandó el máximo castigo al poste en el minuto 70 para desesperación del zaragocismo. Ya a la desesperada, Gómez se jugó la baza de Edu Espiau, al que no había dado minutos en la primera jornada, para formar una dupla de ataque con un Delgado que tuvo otro encuentro para olvidar. Y fue precisamente Edu Espiau el que resolvió el duelo con un gol en el descuento, al remachar con el muslo un remate forzado al larguero de Diego González, el mejor de un Zaragoza que sufrió tinta china, pero que estrenó su casillero de triunfos.
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