

La joya del Racing lidera una rebelión de mediapuntas en la Era de los extremos. Lleva 48 asistencias en la élite, más los mil pases que no acabaron en gol.
El Racing se mueve al margen de las modas. Igual que históricamente siempre ha marcado el paso, siendo el club pionero por excelencia en España (fundador de LaLiga, primer equipo en lucir publicidad, primer televisado, primero en jugar en el extranjero, primero en convertirse en SAD, primero con jugadores foráneos…), hay tendencias que no van con él. La insistencia por los extremos, como renovación de la mejor época del tiqui-taca a lomos de un puñado de pequeños y hábiles centrocampistas, no ha calado por ahora en El Sardinero. Por eso, si el Camp Nou se pregunta qué Racing le visitará hoy, que se olvide de volver a ver a un Óscar Serrano o a un Munitis bien abiertos a las bandas. Este Racing contracultural es otra cosa diferente desde que José Alberto es su entrenador. Su apuesta en Segunda ya iba en una dirección opuesta a la que se impone en estos tiempos. Y ahora no ha hecho más que mostrar su mismo sello en Primera. Mientras que locomotoras como el PSG, Real Madrid, la Selección o el Barça, a quien se mide esta noche (21:30 horas), juegan sin delantero centro puro y se aferran a jugadores que pisan la cal (Dembelé, Kvaratskhelia, Doué, Vinicius, Diomande, Nico Williams, Lamine, Gordon, Adeyemi…), él apuesta por una red de mediapuntas por detrás del nueve con la movilidad por bandera. De todos los nuevos jugadores que ha fichado este verano (12), sólo el atlético Iker Luque tiene ese perfil de jugador de banda cuya misión es encarar y desbordar como prioridad antes que romper hacia adentro. El resto, es un enjambre de peloteros que no dejan de incordiar. Si el Barça se define por su juego posicional, este Racing es mucho más relacional. Íñigo Vicente (28 años) es el futbolista que mejor resume esta filosofía. Parte de la izquierda, la pide por el centro y aparece por todo el último tramo sin necesidad de encarar y sin que la velocidad sea su mayor virtud. Lo suyo es pensar y distribuir. Así, ha logrado sumar ya 95 asistencias en la élite, según los portales estadísticos más fiables, entre Racing (52), Bilbao Athletic (30) y Mirandés (13). Además, acumula otras tantas intervenciones decisivas en jugadas que acabaron en gol y presume de haber hecho 62 tantos sin ser precisamente un depredador. Está siempre donde debe. El mediapunta sólo había jugado 50 minutos en Primera con la camiseta del Athletic, y había quien dudaba de si podría extrapolar su dominio en Segunda a la máxima competición, pero este arranque espectacular de temporada ha resuelto todas las dudas. Íñigo logró guiar al Racing al ascenso desde ese balcón por detrás del delantero junto a Andrés Martín (la bandera goleadora que está de baja) y Peio Canales, la joya que ha regresado a San Mamés y que ya tiene a De la Fuente con las orejas tiesas. En ese nuevo curso, tras un verano repleto de altas y bajas, ha sustituido a un Canales (Peio) por otro (Sergio) y ahora está siendo clave para acomodar al bético Pablo García a su lado. Ninguno suele dar amplitud. Para eso dejan correr a los laterales. Uno de ellos, Salinas; pretendido por Deco este verano como otros canteranos. Y Mantilla, otro producto más rocoso de la casa. La banda de Íñigo tiene otras funciones: están para filtrar pases, castigar constantemente las espaldas de los mediocentros adversarios y colarse por las rendijas a las que tanto provecho está sacando Zabiri, otro delantero con más pinta de segunda punta que de cañonero. Y la idea de José Alberto no fluctúa según se desarrollan los partidos. Los futbolistas con los que cuenta para dar relevos tienen un perfil similar con contadas excepciones. Guliashvili, goleador antaño recién restablecido de un grave contratiempo, es uno de los que pica entre líneas, ya sea partiendo de una banda o de la opuesta. André Almeida, repescado del depresivo Valencia, y hasta Iván Martín ya han puesto su calidad al servicio del equipo desde esa maraña de mediapuntas. El Racing tiene su propia hoja de ruta. Por eso, tan pronto inventa como fideliza con sus valores y sus normas. De ahí que, por ejemplo, fuera precursor desde hace tres años a la hora de poner en juego los saques de centro rupturistas en busca de la segunda jugada (patadón al cielo que ya ha matizado) que crearon escuela. Y, al mismo tiempo, aún mantiene la costumbre de colocar las 20 banderas de la Liga en la cubierta de su estadio siguiendo el orden semanal de la clasificación oficial. Prefiere la personalidad a las modas. Así que Eric, Koundé, Espart y Cancelo hoy pueden respirar. Otra cosa es Rodrigo y Bernal...
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