

Para todos es clave en el Madrid, pero sin embargo vuelve a ser el eslabón más débil. Acumula siete finales de suplente, más seis Clásicos y seis derbis.
Arda Güler, para desconsuelo del balón, amenaza con regresar a la casilla de salida. El consenso en torno a su excelente momento y su categoría le aupó al once en el Metropolitano. Por encima incluso de Diomande, el fichaje más caro de todos los tiempos en Chamartín. Sin embargo, una vez más, salió de plano a la primera curva pese a que otros acumulaban más méritos para enfilar el paredón. La expulsión de Huijsen no sólo se llevó por delante a Vinicius del plan inicial, sino que también le condenó a él en ese objetivo de Mourinho de corregir la pizarra a toda prisa. La decisión dejó al equipo blanco sin manija y, al mismo tiempo, recordó que la perla turca aún pesa más en los corazones que en las estadísticas. Su figura recuerda mucho a otro de esos genios tantas veces incomprendido. Olvidar a Guti es imposible. Son siameses por la forma de pasear su pierna izquierda, de mirar al horizonte, de conducir, de filtrar pases, de flotar dentro del área y, en definitiva, de justificar el precio de una entrada. El problema es que la comparación va más allá de las sensaciones y sus carreras empiezan a parecerse demasiado. Y eso, siendo un motivo de orgullo para el aprendiz por lo que hizo el 14, no debería bastar para un talento de sólo 21 años en el que hay depositadas tantas expectativas. Guti (77 goles y 97 asistencias en el Madrid) era muy bonito de ver y ponía a todos de acuerdo cuando se necesitaba, como ahora, materia gris y arte. No obstante, los entrenadores veían en él a la sombra de Curro Romero. El capitán, que tantas veces levantó al personal del Bernabéu, no jugó ni un minuto de las tres finales de Champions que ganó. Y ahí tiene la espinita clavada de no haber estado presente en ningún Mundial ni en ninguna Eurocopa. Además, vio desde el banquillo dos Intercontinentales de tres (la que jugó, la perdió ante Boca), como le sucedió con las Supercopa de Europa, vio el Centenariazo desde la banda y no jugó 6 de 10 partidos decisivos de las finales de la Supercopa de España cuando se disputaban a doble enfrentamiento. Güler, para su pesar, avanza peligrosamente por ese mismo camino. Los datos son demoledores. Bien es cierto que ha ganado posiciones en el escalafón desde que Xabi se aferró a su valía como alternativa a una medular de hormigón. Y que mientras a Mou no le importó que Guti abandonara su casa (junto a Raúl) justo cuando él llegó, con Güler parece encantado. Suma 19 goles y 28 asistencias. Pero su sustitución ante el Atlético desempolvó viejos fantasmas. Ante la duda, siempre Güler. Ya fue suplente en las siete finales en las que pudo participar, quedándose inédito en tres de ellas. Y, pese a sumar muchas titularidades en partidos del montón, desapareció en los de verdadera enjundia. Únicamente ha sido titular en dos de ocho Clásicos desde que apareció en 2023 y en tres de nueve derbis. Y ni su gran progresión física le ha permitido remontar: jugó 10 partidos completos de los 119 en los que participó. Puestos a comparar a Güler, el Madrid, su entrenador y él mismo harían bien en motivarse con el ejemplo de Modric. Con toda la vida por delante, está a tiempo de ponerse la fiabilidad por montera. A Luka también le costó arrancar y hay quien hasta discutió su fichaje. Pero no hay mejor espejo en el que mirarse. El croata (43 goles y 95 asistencias) quemó todos los minutos de cinco finales de Champions. Sólo fue suplente ante el Dortmund. Y de las seis finales de Supercopa de Europa, cinco de Mundial de Clubes, la International Cup, las cuatro de Copa o las ocho de Supercopa de España, si no jugó alguna vez fue por rotar, por molestias o por no haber hecho entera la pretemporada. Modric aún es un animal competitivo. Por eso, mientras Güler maldecía el pasado domingo, él se retiraba aplaudido en el tramo final ante el Lecce, para descansar, tras otro 3-0 bajo su dirección. Güler tuvo el privilegio de coincidir con su maestro en el campo en 43 noches y 1.479 minutos. Y ese Máster debería ser su gasolina para consolidarse, si es que quiere pasar a la historia como una leyenda y no sólo como un jugón.
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