

De la Fuente lanza el mensaje que lo logrado en el pasado ya no vale. La respuesta de los futbolistas, la remontada en Wembley.
El halago debilita. La fiesta continua en la que parece vivir la Selección, también, pero si por algo se caracteriza este grupo y el cuerpo técnico que les dirige, es saber anteponer el trabajo, la humildad y el saber tener los pies en la tierra. No vale un mínimo gesto de falsa superioridad porque son los propios jugadores los que, desde la llegada de Luis de la Fuente, quisieron que se impusiera un código de conducta y de disciplina, que todos deben respetar bajo pena de multa económica. Con ese punto de partida no hay lugar a nada que no sea dedicación, orden y disciplina bien entendida. Tanto en la Eurocopa como en el Mundial, las multas se acumularon, pero el triunfo final propició que todos esos mínimos gestos quedaran en el olvido como recompensa al trabajo bien hecho. Alguno, por cierto, llegó a acumular hasta 80.000 euros. Ahora se inicia un ciclo nuevo y se parte de cero, como también en el reparto del dinero que llega por las apariciones, publicitarias, dietas, primas y el posible premio final por la trayectoria que se alcance en la Liga de las Naciones. Lo que tienen claro todos los jugadores es que no hay lugar a la más mínima relajación. Álvaro Morata dió forma, como dueño del brazalete, a una manera de convivir dentro del grupo que ha perdurado en el tiempo. Laporte, Oyarzabal y Unai Simón han tomado el relevo de forma natural, pero todos saben que el capitán y el guía de este grupo fue y sigue siendo, a la distancia, el ahora delantero del Leganés. Es añorado y querido. El propio Laporte reconoció días atrás en Dazn que en cierta manera es el jefe y la verdad es que sigue imponiendo a esos jóvenes atrevidos que, pese a que a veces parecen pensar en sus cosas, son los primeros en darlo todo y en pensar en la Selección como un equipo, especialmente Lamine Yamal, que pelea por lo suyo (Balón de Oro), pero también por lo de todos, que no es otra cosa que España y la Selección. De la Fuente solo ha tenido que recordar una vez aquello de que lo hecho en el pasado no vale para el presente. Los futbolistas se lo demostraron dando la vuelta al marcador en Wembley como el que no quiere la cosa, como picados en el orgullo y con ganas de llevar el récord de imbatibilidad hasta el infinito. Por cierto, cuatro partidos en once días es una auténtica barbaridad. Locura sin sentido.
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