

La canterana anotó cuatro goles en la primera parte para destrozar a un Real Madrid que se va con otra sonrojante goleada de Barcelona.
El Clásico tuvo un solo color, como en prácticamente todos los enfrentamientos que se han jugado hasta ahora. Aunque la gran protagonista fue Claudia Pina. La canterana anotó un póquer de goles para destrozar a un Real Madrid que apenas aguantó el empate cuatro minutos. Graham y Pajor se unieron a una fiesta en la que al conjunto blanco ni se le vio ni se le esperaba. El Barça sigue estando a años luz del Real Madrid. El Real Madrid quería demostrar que estaba más cerca del Barcelona; las azulgranas, por el contrario, que su hegemonía en España sigue más vigente que nunca. Y poco tardaron en demostrarlo, porque el plan de Quesada se fue al traste en apenas cuatro minutos. Querían las blancas plantear un encuentro similar al de Manchester, donde a base de presión alta y de imponerse en la medular consiguieron maniatar al City durante la primera mitad. Pero no. El Barça se hizo con el dominio, con Patri dirigiendo las operaciones, y un Madrid que se iba frustrando poco a poco. Más aún cuando, en la primera ocasión clara, llegó el primer gol. Fue una Pina que tiene al Madrid entre sus víctimas favoritas la que recogió el balón en la frontal, se marchó de varias rivales, dejó atrás a Andersson y acabó batiendo a Frohms. Varapalo muy duro para el Real Madrid, que no quería cambiar el plan. Así que siguió intentando presionar arriba y manejar el balón siempre que lo tenía en su poder. Ya fuera lejos o cerca de su área. Así, el Barça robaba sin que el Madrid apenas llegase a cruzar el centro del campo y, cuando las blancas conseguían superar líneas, las azulgranas encontraban espacios para sus delanteras con facilidad. El Real Madrid aguantaba. Sufriendo, con una Silvia Cristóbal muy aplicada con Graham y Elisa llegando a todo. Pero tanto va el cántaro a la fuente que acabó rompiéndose. Tras ocasiones de Patri, que salvó Cristóbal bajo palos, Brugts y Sydney, volvió a aparecer Pina. La canterana estaba inspirada. Tras una gran acción colectiva, Pajor buscó la portería, pero volvió a encontrarse con Silvia Cristóbal. El rechace cayó en los pies de Pina, que no perdonó. Un 2-0 de justicia. Porque el Real Madrid no era capaz de salir de la fuerte presión azulgrana y, cuando lo hacía, tampoco generaba peligro. Precisamente tras una recuperación alta de Brugts sobre Eva Navarro, la neerlandesa encontró a Pina, que vio el desmarque de Patri y recibió después un pase de primeras de la capitana para quedarse sola ante Frohms. No falló. Hat-trick en apenas media hora. El Barça era una apisonadora y todavía quedaba una hora de partido. Eso debieron pensar las jugadoras blancas que, nada más sacar de centro, vieron cómo Aïcha recuperaba el balón tras un envío largo de la portera alemana y se lo entregaba a Graham. La noruega arrancó en conducción, se apoyó en Pajor, dejó sentada a Lakrar con un quiebro y marcó el cuarto. Un doloroso 4-0 campeaba en el marcador cuando el Real Madrid realizó su primer remate. Fue Schröder la que lo intentó de cabeza tras un centro de Athenea, aunque el balón acabó manso en las manos de Cata. El Madrid quería reivindicarse al menos con un gol. Pero llegó el quinto y, cómo no, otra vez con Pina de protagonista. La misma jugada que las blancas no conseguían frenar. Recuperación, pared con Pajor y definición ante Frohms. Era el quinto. Otro golpe antes del descanso. El Real Madrid salió con la idea de sufrir menos en la segunda mitad. Con Linda teniendo algo más el balón y acercándose al área de Cata, aunque sin llegar a probarla, las blancas querían evitar una goleada todavía más sonrojante. Al menos marcar el tanto del honor. Al menos dejar de encajar. Pero tampoco. El Madrid tenía más presencia, pero el Barça olía la sangre. Y a este equipo de Romeu no le hace falta monopolizar la posesión para marcar. Tiene registros de sobra y también mata al contragolpe. Así, Patri recuperó en la medular y filtró un gran pase para Graham, que había ganado la espalda a Cristóbal. La noruega controló, la desbordó y le regaló el gol a Pajor. Ya eran seis. Con los cambios y un Barcelona que levantó ligeramente el pie del acelerador, el partido se igualó. O al menos, el Real Madrid dejó de ser un juguete roto para un conjunto azulgrana que seguía llegando con facilidad. La tuvieron Sydney, Kerolin y también Patri. Däbritz estuvo cerca del tanto del honor blanco. Pero tampoco llegó. Entonces, en los minutos finales, Sydney puso la guinda a su excelso partido: golazo desde fuera del área a la escuadra para hacerle un siete al Real Madrid.
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