

El jugador del Bayern ha comenzado como un tiro y se ha convertido en el amuleto de Zidane en sus primeros partidos con la selección francesa.
Hace dos años y medio, Michael Olise no había debutado con la selección francesa. Su excelente desempeño con el Crystal Palace no era, a ojos de Deschamps, suficiente para ir convocado. En cuestión de meses, su vida cambió por completo. Cuajó una gran actuación en los Juegos Olímpicos de París, en los que se quedó a las puertas del oro, y fichó por el Bayern de Múnich. Su ascensión desde entonces ha sido meteórica, imparable, hasta el punto de erigirse en uno de los líderes de la nueva generación de Francia. Los treinta minutos que protagonizó contra Bélgica fueron apoteósicos. Entró con 0-1 en el marcador y participó en tres de los cuatro goles de la selección francesa en los últimos 14 minutos del encuentro: firmó un doblete y dio una asistencia. Es, sin duda alguna, el jugador más determinante de la era Zidane en sus cuatro primeros partidos. Con Zizou en el banquillo, Francia ha marcado siete goles. La estrella del Bayern estuvo involucrado en seis (cuatro goles y dos asistencias), números que refrendan que es uno de los mejores jugadores del mundo. Tímido con la prensa, introvertido a la hora de actuar en público, Olise no necesita la validación pública para demostrar que es un talento especial, único, un futbolista por el que los aficionados sienten que cada euro de su entrada merece la pena. El Stade de France se rindió a sus pies. Cuando ingresó en el campo, en el minuto 60, el rugido de Saint-Denis fue ensordecedor. Cada vez que tocó el balón, los aplausos y los gritos se multiplicaron por doquier. Y, cuando marcó su último gol, el que consumaba una remontada extraordinaria, el extremo francés conquistó definitivamente a un público que ha encontrado a su nuevo ídolo. Sus números con la selección francesa son incontestables. En 29 internacionalidades ha acumulado 11 goles y 12 asistencias. Además, terminó como máximo asistente en el último Mundial con siete pases de gol. Jugando por dentro en la última Copa del Mundo, Zidane le ha devuelto a la banda derecha en el 4-3-3 que ha instaurado en sus cuatro primeros partidos al frente de Les Bleus. Y, este lunes, contra Bélgica, le asoció con Cherki, con el que formó una dupla letal ante la que no existió ningún antídoto que pudiera atenazarla. Olise es, en efecto, un futbolista particular. Es el primer internacional de la historia de Francia que no ha jugado nunca en el país que representa a nivel internacional. Formado y criado en Inglaterra, la Federación Francesa de Fútbol actuó con celeridad para disuadirle de que vistiera los colores de Inglaterra. Necesitada de talento en ataque, aquella decisión le catapultó a una nueva dimensión. Desde su debut con la absoluta el 6 de septiembre de 2024, nadie le ha sacado del once. Lo ha jugado prácticamente todo como titular y su rendimiento ha rozado la perfección, ya que España ha sido la única selección hasta ahora que ha conseguido frenarle, en las semifinales del último Mundial. Con el Bayern suma ocho goles y cuatro asistencias en siete partidos. Olise está a un nivel espectacular. El conjunto bávaro, que rechazó cualquier acercamiento por su estrella en verano y que no pretende venderle, se enfrenta a una complicada tesitura a partir del próximo año. Durante el verano, en Francia informaron de que el sueño del jugador era fichar por el Real Madrid. Sin embargo, la negativa del Bayern a negociar desbarató cualquier posibilidad de traspaso. Pero las negociaciones para su ampliación de contrato no avanzan y el entorno del futbolista sigue abierto a un cambio de aires en 2027. Su precio es incalculable. En un período marcado por una inflación sin precedentes en el mercado de fichajes, el Bayern no está dispuesto a escuchar ofertas por debajo de los 200 millones. Si Barcola fue traspasado por 140 millones, Olise podría valer el doble, una cifra inasumible para cualquier equipo del mundo, incluso para el PSG, que llegó a mostrar interés en 2024 para incorporarle antes de que aceptara la oferta del club alemán. Un patrimonio para el fútbol francés. Olise ha llegado para quedarse. Su importancia con Francia es capital. Zidane ha conseguido sacar su mejor rendimiento en apenas cuatro partidos y la ausencia de Kylian Mbappé, un jarro de agua fría teniendo en cuenta que es el máximo goleador histórico de la selección francesa, apenas la ha acusado la doble campeona del mundo gracias a la inconmensurable zurda del exjugador del Crystal Palace. Francia puede respirar tranquila porque cuenta con uno de los mejores jugadores del mundo para muchos años, un talento de un valor incalculable que no tiene límites.
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