Los del Cholo avanzan a octavos en un duelo en el que los locales plantaron cara y empataron un tempranero gol de Correa. Simeone, obligado a tirar de titulares para solucionar. Doblete de Memphis.

A las 16:00 horas en punto alzó su índice González Fuertes como un emperador romano el dedo: era la hora, el partido podía comenzar. Suso Meilán se santiguaba en la grada. Era uno de los 7.300 aficionados en el Anxo Carro, tantos con el corazón dividido, hasta el mismo presidente del Lugo, mitad rojiblanco, mitad lucense. Se santiaguaba y sonreía. Por el regalo de Reyes: el estreno del Atleti este año en la Copa en su casa, en Lugo. En un partido que a punto estuvo de indigestársele al Cholo como los roscones del desayuno a esa hora a pesar del inicio, que no había terminado Suso Meilán de hacer la señal de la cruz cuando Saúl lanzaba una pelota a la espalda del lateral derecho para Javi Galán. Un Javi Galán que corría titular por segunda vez en la temporada, en cuatro meses, arrancándose tanta tela de araña y aire de banquillo y asistir a Correa en el segundo palo. Gol. “Dos minutos”, decía el reloj. El Atlético se ponía por delante porque salió con las manos fuera de los bolsillos y la intención de no sufrir. El Lugo, que salía sin su goleador Willy Ledesma de inicio, en el segundo partido de Paulo Alves en el equipo, tardó un rato en estirarse pero cuando lo hizo, en contras dirigidas por su hombre en punta, Antonetti enseguida encontró cómo rascar. Con córners y disparos desde la frontal de Jozabed se metió en el partido para demostrar que el inicio del Atleti era en realidad un decorado en cartón-piedra.

Simeone había rotado. Por eso en su once había hombres que necesita que tengan minutos como Galan, Söyüncü o el mismo Saúl, como Memphis que, la segunda vez que el Atleti se plantó en el área del Lugo, estampó la pelota en el lateral de la red. Y salvo caídas y golpes a Riquelme, nada más. La defensa del Lugo se cosió las grietas, que un gallego sabe como nadie protegerse el agua, y repelía con eficiencia todos los centros laterales. Y, mientras el Lugo iba e iba e iba, incansable, hacia la portería de Oblak, que ahí sí que no hay rotaciones sea la ronda que sea, primera o última, el Atleti se enredaba en sus propios errores.

Errores en la salida de balón, groseros. Errores como el Söyüncü que permitió una ocasión de Quintana que se logró apaciguar. Errores como el de Saúl que le regaló un balón a Narro que corrigió Azpilicueta mientras se desgañitaba. Media hora pasaban de las cuatro y Suso Meilán ya se había santiaguo varias veces más. Que el Lugo había lanzado ya cinco córners y Söyüncü, Saúl y Memphis estaban en Lugo vestidos de verde (¿por qué el Atleti siempre juega fuera con esa camiseta?) como reyes magos, repartiendo regalos. El partido les pasaba por encima como si no tuviesen nivel no para el equipo B del Atleti sino ni para el Atlético.

Avisó Antonetti primero con un chut que sacó de milagro Giménez en la línea. Confirmó poco después en una jugada que comenzó con el Atleti reclamando penalti por un derribo de Tabuaço a Azpilicueta y siguió con una contra en la que el delantero corría con Giménez y Söyüncü solo por delante. El futbolista del Lugo ni se inmutó y escogió la vía más fácil, la vía turca. Le quebró la cintura y pateó a la red. 1-1. El plan del Cholo, trizas. El trago de Copa venía amargo. Y tropezar otra vez fuera, como en los últimos cuatro viajes, era apearse también, como de la Liga en Girona, ante un Primera Federación.

No esperó Simeone ni un segundo de la segunda parte para que Koke, De Paul y Griezmann saltaran al campo, un triple cambio para tratar de arreglar el desaguisado de los que se habían hundido el día en que debían reivindicarse. El partido regresó con Quintana imprimiéndole a Witsel los tacos por tras en una entrada que era de amarilla cuando ya tenía tarjeta pero no la vio (en esta ronda de Copa no hay VAR), y los rojiblancos de verde atenazados por los nervios. El Lugo encimaba como si fuese Goliath. Castrín estrelló un cabezazo en el larguero antes de que los cambios del Cholo se hiciesen notar, pero cuando lo hicieron fue para soplar los nubarrones sobre el banquillo del Cholo y las oraciones de la boca de Suso Meilán.

Que bien rodeado, hasta Memphis volvió a parecer un jugador de fútbol. Koke fue quien le sirvió la pelota para el primer gol. Pase filtrado, recorte, dos toquecitos y a la red. 1-2. Llorente, que entró por Saúl, le asistió para el doblete ocho minutos después. Partido acabado aunque aún le quedaran minutos (y algunas gotas como un balón al larguero de Morata o una mano atrás con dolor de Azpilicueta a la corva) a este trago de Copa que a punto estuvo de atorársele a un Cholo que descubrió que no tiene Unidad B. Ante un Lugo combativo y guerrero y todas las oraciones de Suso Meilán.