

Enorme Atlético ante un Osasuna en el que Aitor fue el mejor a pesar de la goleada. Estreno en el once de Jonathan David con gol.
Hogar dulce hogar, que pareció gritar el Atleti desde la primera pelota. Que ahí estaban, de vuelta a casa tras la gira fuera. En este miércoles de Liga en una semana que terminará con derbi ante el Madrid, también sobre esta hierba rojiblanca. Osasuna ejerció de sparring para ese Atleti que está en construcción pero los cimientos ya los tiene: un jefe atrás, un cuchillo en la banda y el hombre que haga los goles. Cuatro cambios hacía Simeone con respecto a Anoeta. Asiento para Giuliano, Hancko, Pubill y Hjulmand y once para Le Normand, Koke, Cardoso y su único delantero sano: Jonathan David. Primera titularidad del último. Comenzó llevándose los ojos en cada carrera. Enseguida llegaron los aplausos. Ramis había anunciado cambios pero no se imaginaba que serían ocho. Hasta el portero. Aitor salía del banquillo. Solo Arguibide, Rockson y Raúl García repetían en ese Osasuna que salió con ambición de no convertirse en sparring de cara al domingo y el Madrid: Ramis levantó dos muros de hombres, una línea de cinco y otra de cuatro por delante para trabar los balones y llenarle al Atleti de piedras el camino hacia Aitor. Sin embargo, ahí estuvo el Atleti desde la primera pelota. Un centro hacia atrás, tras ganar la línea de fondo, de Grimaldo, que salió en modo cuchillo, sin rematador. Revoloteaban los rojiblancos el área rojilla. Pero una vez porque Lookman cabeceó un centro de Kang-in por encima del larguero y otra porque Koke robó para después servir, con una pisadita deliciosa, al disparo del surcoreano, que se topó con el guante de Aitor. En la contraria Oblak ya había sacado el guante para negarle el gol a Raúl García. Otro Raúl, Moro, se lo había plantado enfrente con un pase medido a la espalda de la defensa sin que Le Normand fuese capaz de barrer. Se estiraba Osasuna, pero Simeone guardaba una varita bajo la manga del traje: Grimaldo. Ademas de ejercer de cuchillo en la izquierda, aportaba juego en el medio, haciéndole mucha herida a Osasuna cada vez que aparecía por dentro tan indectable como letal. La grada de pronto sentía que había vuelto Filipe solo que con el pelo corto y bigote. Cuando se juntó con los Jhonnys, Cardoso y David, llegó el gol. El medio inició, el lateral puso el centro y el delantero el remate para que Aitor pusiera el guante con un paradón. Rechace. A la segunda, Jonathan David no perdonó. Es el 9 que necesitaba el Atleti (Dios te salve, Mateu): colocación, peligro y gol. Huele la sangre y se le hincha la vena del cuello: comienza la caza. La muralla de Osasuna rota. Un Osasuna que cuatro minutos después celebraba un gol que duró apenas nada. El árbitro interpretó que en el salto previo al remate cruzado de Arguibide, en un choquecito levísimo de cabezas, Torró le había hecho falta a Le Normand y no al revés. Osasuna protestó mucho, y con cierta razón, pero desde el VAR, mutis. Sigan, sigan. Y el Atleti siguió a lo suyo, rondando a Aitor con posesión, insistencia, guindillas y la interminable brújula de Koke. El descanso llegó con el 1-0, sin embargo, porque a Lookman le faltó medio dedo para embocar un centro de gol de Kang-in y porque el portero rojillo volvía a evitarlo en una doble parada. Ante el surcoreano primero. Ante Jonathan después. Parecía imposible que el Atleti hubiera logrado encontrarle un resquicio como había hecho. Delante de Oblak, el jefe. Ese Cuti que cerraba la puerta en un déjà vu de Godín. Si Osasuna salió con otro aire y un intento de paso adelante, enseguida el Atleti lo zancadilleó con su puesta encena llena de verticalidad y muchos hombres arriba. Hasta Lookman parecía recordar cómo se desbordaba. Kang-in llevaba un tarro de purpurina partiendo desde la banda y rompiendo a Osasuna por dentro. El Atleti se estructura en torno a su pierna izquierda. Y, como Griezmann, cobina el frac con el mono de trabajo. Porque el 2-0 lo inició él mismo cerrando un pasillo por dentro y cortando el pase de Bretones. Contra rojiblanca. La pelota que va de derecha a izquierda hasta el área donde aparece Kang-in con el traje de gala. De Jonathan David recibió y, tras un control exquisito marca de la casa, con la derecha la cruzó. Ramis trató de frenar la sangría con un triple cambio que Simeone recibió con un ladrillazo. El edificio en construcción está tan cerca de acabarse que ya empiezan a sobrarle: un tirazo de Le Normand a la media vuelta, tras un córner. Con la derecha puso el balón directo en la escuadra opuesta. 3-0 ya y eso que Aitor seguiría siendo el mejor de los rojillos. Pero así estaba el Atleti. De paseo antes del derbi. Simeone ya había comenzado a guardarse hombres para esa batalla antes de que Cardoso y Baena pusieran el cierre a ésta. El primero con un control orientado de tacón y una asistencia primorosa, que gritaba que, sin lesiones, el gran futbolista que se fichó hace un año ya está aquí, sí, para felicidad de todos. El segundo, con una definición fantástica, que también lo hace, estar desde el Mundial. Que pase el Madrid. El Atleti espera en la casa del 5-2 de hace un año.
မန်ယူ
ရီးယဲလ် မက်ဒရစ်
ဘာစီလိုနာ
မှတ်ချက် အားလုံး