

Vinicius es un futbolista afortunado y un chico que ha sabido escuchar los consejos de tres sabios: Zinedine Zidane, Carlo Ancelotti y José Mourinho.
Desde el chaval hasta el hombre. Lo bueno de tener a Vinicius en el Madrid desde hace ocho años es que hemos podido vivir de cerca su evolución. Desde su llegada como un chaval de 18 años hasta su coronación como uno de los mejores delanteros del mundo (porque lo es, aunque todavía puede tener noches complicadas como el martes en Elche). Analizar cada uno de sus pasos permite entenderle mejor y darnos cuenta de que ha tenido la inmensa suerte de coincidir en el club blanco con tres entrenadores de excepción. Cada uno con un papel distinto pero decisivo en su crecimiento. No estoy seguro de que el jugador brasileño sería tan bueno y completo ahora si hubiera caído en otras manos, en las de técnicos con menos experiencia y menos capacidad de ayudarle y de protegerle, que en las de Zinedine Zidane, Carlo Ancelotti y José Mourinho. Vinicius es un futbolista afortunado y un chico que ha sabido escuchar los consejos de esos tres sabios. Zidane reorientó su formación. No era un secreto, pero tampoco estaba bien visto comentarlo en el seno del club cuando fichó por el Madrid. No sólo Vinicius llegó a España muy “verde”, lo normal para un chico tan joven, sino que el cuerpo técnico dirigido por Zidane descubrió, al volver en 2019, que su formación básica como jugador de fútbol dejaba mucho que desear. Aspectos enteros de lo que se consideran esenciales en las canteras europeas habían sido muy poco cuidados. El entrenador francés, con la importante ayuda de David Bettoni, tuvo que reorientar su formación, hacer trabajos específicos para rellenar los agujeros y paliar el retraso. Fue una labor larga pero decisiva. Hay una frase que Zizou usaba a diario con Vini en los entrenamientos. “No puedes hacer todo a mil por hora, tienes que usar la pausa, levantar la cabeza de vez en cuando”, le decía el francés. El joven delantero confundía rapidez con precipitación. Ancelotti cuidó su carácter. Esa es seguramente la tarea más complicada y recayó en la persona más adecuada, el entrenador con más mano izquierda y más legitimidad. Hablo de Carlo Ancelotti y de su empeño en modificar el carácter y el comportamiento de Vinicius en el campo durante los partidos. Algo que le perjudicó gravemente en su desarrollo como futbolista profesional y que, años después, sigue pagando caro, aunque haya evolucionado en el sentido adecuado. El técnico italiano, como buen hombre y buen padre, estaba realmente preocupado por las reacciones infantiles y desproporcionadas de Vinicius por cualquier falta que recibía o cualquier decisión del árbitro que consideraba equivocada. Carletto dedicó mucho tiempo a hablar con el jugador brasileño, usando el cariño y la comprensión que le conocemos, pero también le regañó cuando lo consideró necesario. ¿Funcionó este método? La realidad es que Ancelotti le salvó. Mourinho le defiende con fuerza. Ahora que no le falta nada en el aspecto técnico y táctico, ahora que es más maduro y no cae tanto en las trampas de los rivales, Vinicius sólo necesita que la persona con más autoridad le defienda. Y ese es el papel que desempeña con ardor José Mourinho. Me gusta mucho lo que escribió Luis Nieto anteayer en este periódico: “Vinicius no consigue regatear a su pasado”. Así es, lo que pasó en temporadas anteriores pesa todavía mucho en la visión que tiene de él parte del público, de la prensa y del mundo del fútbol en general. Algo que me parece profundamente injusto y que visiblemente molesta al actual entrenador del Madrid. El special one lidera la campaña de apoyo a Vinicius con gestos amistosos delante de las cámaras y palabras de elogio sobre su implicación defensiva, su condición física y su comprensión de los deseos del entrenador. La confianza de Mou es ahora el mejor regalo que puede recibir.
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